CALENDIARIO

26 DE JUNIO

1973.- En la mañana, la decisión de la disolución del Poder Legislativo ya estaba firmada por Juan María Bordaberry. Contaba con la aprobación de varios renombrados hombres de la política, como Hamlet Reyes, Aparicio Méndez, Martín Recaredo Echegoyen, Jorge Peirano Facio y otros de la derecha recalcitrante.

Los legisladores, enterados de que no había remedio, citan al Senado para sesionar a las cinco de la tarde. No estarán todos. Zelmar Michelini viajó este mismo día a Buenos Aires para detener el regreso de Enrique Erro. Otros, por miedo o complicidad ni se darán por enterados. Los ausentes por voluntad son Echegoyen, Jorge Barbot Pou, Alejandro Zorrilla de San Martín, Juan Adolfo Singer, Agustín Caputi, Eugenio Capeche, Justino Carrere Sapriza, Luis Alberto Carrese, Raumar Jude, Jaime Montaner y Guido Machado Brum.

Iniciada la sesión, se producen varios cuartos intermedios hasta que a las 23.50 se inicia este último tiempo de senadores. Será breve, apenas una hora, minutos más, minutos menos. Presidió la sesión Eduardo Paz Aguirre y los otros 15 corajudos fueron los colorados Luis Hierro Gambardella, Amílcar Vasconcellos, Nelson Constanzo y Héctor Grauert; los blancos Wilson Ferreira Aldunate, Dardo Ortiz, Carlos Julio Pereyra, Walter Santoro, Alembert Vaz, Pedro Zabalza, Carminillo Mederos y Jaso Anchorena y por la izquierda, o sea el PDC, por el Fidel, Enrique Rodríguez y Francisco Rodríguez Camusso, y por el Frente del Pueblo, Américo Plá Rodríguez. Paz Aguirre, al abrir la sesión, dijo: «Me toca el honor de presidir esta sesión de un Parlamento libre (…) La arbitrariedad de la fuerza podrá poner fin a nuestras deliberaciones; podrá suplantar la ley y la Constitución por el desatinado mesianismo de quienes, desoyendo la más noble tradición de la República empiezan una aventura que en todas partes ha epilogado con una carga de dolor y de profundas heridas».

Héctor Grauert decía: «Es muy triste, para mí, con cincuenta años de actividad en la vida pública, tenerme que retirar con esta vergüenza, con esta emponzoñada vergüenza».

Dardo Ortiz expresó: «Habrá quienes rodeen al nuevo poder como los cuervos que esperan alimentarse con nuestros despojos (…) Sé que quienes nos agobian hoy con su prepotencia y su cobardía, incapaces de vencernos con razones, dejarán sin duda una herencia materialmente cuantiosa, pero moralmente miserable. ¡Pobres ellos!».

Luis Hierro Gambardella sostuvo: «Le decimos a quien quiera ser tirano que sobre su sombra ignominiosa estarán siempre la sangre y la luz de Baltasar Brum, nuestra lucha, con nuestra sangre y con nuestra muerte si fuera necesario».

Amílcar Vasconcellos también registró su rabia: «Hay triunfadores efímeros (…) Ellos se sentirán vencedores y muchos serviles y miserables se acercarán para decorar una situación momentánea, pero ya sentirán también el látigo de la historia como una mancha indeleble por la inmensa traición que están cometiendo contra el Uruguay».

El senador Enrique Rodríguez dijo: «Después de esta jornada aciaga, en la calle, en la dura lucha, en las confrontaciones, en la sangre que seguramente verterán los que han llevado al país a esta encrucijada, más allá de todo esto, surgirá un pueblo que no ha nacido para ser esclavo»

Wilson Ferreira Aldunate fue el último: «A Bordaberry y a sus cómplices los juzgará la Historia (…) Nuestro Partido Nacional se considerará en guerra contra el señor Juan María Bordaberry, enemigo de su pueblo (…) y arroje al rostro de los autores de este atentado, el nombre de su más radical e irreconciliable enemigo que será, no tengan la menor duda, el vengador de la República: el Partido Nacional.

Vuelta la democracia, muchos blancos y colorados olvidaron lo que sus antecesores habían prometido esa noche y miraron hacia un costado para no castigar a esos traidores, como si nada hubiera pasado, perdonándolos u olvidándose.

 

LO PIENSO, LO DIGO

«La cuestión es solo entre la libertad y el despotismo». José Artigas

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