TIENE LA PALABRA
El centro de Larrañaga
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El «presente griego» que ha significado para Larrañaga el ascenso vertiginoso de Lacalle en la interna nacionalista, catapultado por la más rancia derecha blanca y colorada, ha llevado al popular «Guapo» a intentar tomar cada vez mayor distancia de su contrincante. Para ello se proclama políticamente de centro y se considera el más linajudo representante de la ideología del prohombre nacionalista Wilson Ferreira. Exclama fervorosamente Larrañaga: «Tenemos que lograr que gobiernen las ideas de Wilson» (LA REPUBLICA 26/4/09) y agrega: «En cualquier escenario voy a defender el legado de Wilson» (LA REPUBLICA 11/6/09), pero se cuida muy bien de referirse al auténtico legado de su líder, estampado en «Nuestro compromiso con usted», en el cual Ferreira expresa su preclaro ideario, que está muy lejos del pensamiento y la actuación de Larrañaga y sus allegados.
El equipo seleccionado por el precandidato nacionalista para asesorarlo en el supuesto que sea presidente de la República está integrado por personajes de dudoso «centrismo» y, más aun, de dudoso wilsonismo. Pero quien se destaca con fulgor propio es el economista Javier de Haedo, ex asesor de Lacalle, conservador de derecha, un enamorado del más recalcitrante neoliberalismo, actualmente en retirada a nivel mundial. Durante el mandato de Lacalle, fue compañero de ruta del inefable De Posadas, mostrándose encantado con la flexibilización laboral, caída de salarios y jubilaciones, ajustes fiscales, privatizaciones, eliminación de Consejo de Salarios, etc. Como se observa, el economista elegido por el precandidato como su asesor económico dista mucho del legado de Wilson, que el ex presidente del Honorable proclama a los cuatro vientos.
Otra perla del extenso collar de contradicciones y confusiones ideológicas de Larrañaga la constituye el rechinante entente entre la Fundación por la Democracia Wilson Ferreira y la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales que responde al Partido Popular español, presidido nada menos que por el derechista y archifranquista J. M. Aznar, entrañable amigo del «centrista» precandidato blanco.
Otra joyita de las falacias de Larrañaga: la Fundación Libertad, creada por Alvaro Alsogaray, ideólogo de la derecha argentina, asesor y funcionario de todos los gobiernos militares y derechistas del país hermano, festejó el año pasado sus orgullosos veinte años de existencia. Entre los conspicuos invitados estaban, como es obvio, Aznar, Sanguinetti, Lacalle y el fervoroso seguidor del «pensamiento político wilsonista», nuestro conocido «Guapo». Nuevamente el precandidato nacionalista ponía en tela de juicio su ambiguo «centrismo».
En cuanto a lo que sería su política respecto a los derechos humanos violados durante la dictadura cívico-militar, Larrañaga fue sumamente explícito: «No se puede estar siempre mirando hacia atrás» y agregó: «No voy a aplicar el artículo 4º de la Ley de Caducidad, porque es un tema que ya ha tenido su conclusión» (Ultimas Noticias). Estas aberrantes e infelices declaraciones del senador blanco configuran un grave retroceso democrático en las antípodas del pensamiento de Wilson. En su ya clásico confusionismo, Larrañaga deja olímpicamente de lado que Wilson, con quien él se identifica permanentemente, estampó sabiamente el artículo 4º con la única finalidad de desnudar verdades y hacer justicia. No en vano la aplicación del artículo de marras permitió a este gobierno, con bastante más glándulas masculinas que otros que le precedieron, encarcelar execrables sujetos civiles y militares.
En su afán de dar vuelta la página dictatorial que padeció el país, Larrañaga da un paso en falso: visitar el Centro Militar, reducto de los más acérrimos enemigos de Wilson. El «Guapo» parece no estar enterado de que estos nostálgicos de tiempos idos, entre otras menudencias, tuvieron la osadía de intentar asesinar al gran caudillo nacionalista. Más tarde, estando Wilson en el exilio, estos abyectos individuos vilipendiaron, denostaron y calumniaron la señera figura del hombre nacionalista. Luego vendría la ignominiosa detención y encarcelamiento de Ferreira, con toda la parodia, a nivel de vodevil, de la célebre «Operación carpincho». ¿Dentro de qué burbuja estaba metido Larrañaga cuando ocurrieron estos oscuros acontecimientos? No se enteró de nada.
El apego incondicional a los principios wilsonistas, machaconamente reiterativos del precandidato nacionalista, lo tiró por la borda con esta «amable visita» al club de los uniformados golpistas. No tuvo la más mínima sensibilidad y respeto por el hombre con quien él dice compenetrarse ideológica y políticamente. La desnorteada ambivalencia de Larrañaga, como consecuencia del inesperado ascenso de su «enemigo íntimo», es francamente deplorable.
En otro orden, el senador nacionalista se opone a la expropiación de tierras improductivas, tomando distancia de la risible e hilarante propuesta de Lacalle. Lo que no recuerda el principal de AN es que uno de los principios prioritarios de Wilson, contenido en «Nuestro compromiso con usted», se refiere precisamente a la Reforma Agraria: «Que facilitará el acceso a la propiedad a quien tenga aptitud para trabajarla». Nuevamente Larrañaga pone en tela de juicio su identificación con el legado de su líder.
En resumidas cuentas, el popular «Guapo» y su «banco de relevos», integrado por algunos ex lacallistas, distan un abismo de ubicarse en el centro del espectro político, no obstante agitan porfiadamente banderas wilsonistas que ellos mismos se han encargado de desteñir.
R.F. – C.I. 677.807-5
La realidad de nuestro fútbol
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Agradeciendo desde ya la amabilidad de poder emitir nuestras opiniones. Deseo referirme a nuestra Selección de Fútbol en estas eliminatorias, soy como el 99% de los uruguayos, apasionado de este deporte, pero debemos ser realistas y ponderar con cuidado cuando aspiramos a logros que tenemos derechos pero que nos resultan inaccesibles por nuestras posibilidades. Veamos, empezando por el golero, está de suplente todo el año, tiene adelante uno que es suplente de la selección de su país, en la defensa y el ataque juegan jugadores que son suplentes en sus respectivos equipos, y alguno que juega en 2ª División. Veamos la realidad, podemos competir, bárbaro es lo más hermoso y todos nos entusiasmamos, pues todos nuestros jugadores dejan lo mejor, el alma en cada jugada, pero y otra vez pero, podría abundar en muchas más consideraciones, pero esperemos aunque sea clasificar y llegar a Sudáfrica, aunque sea para conocer otro continente, gracias.
HORACIO MADERA NAVARRO – [email protected]
Al conductor de los pueblos libres José Artigas
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens:
No he escuchado aún vibrar la lira/ que cante hoy el valor de nuestro héroe,/ del gran Artigas que en el 1813 hizo ley el derecho de los débiles.
Resonó en los ámbitos del río/ en las sierras, cuchillas y bañados/la voz potente del conductor sereno/que imponía la igualdad entre negros, indios y blancos.
Fue el grito que estremeció los cielos/ los mares y la tierra de los orientales,/ cuando avasallados por las leyes de los fuertes/esperaban dejarnos para siempre postergados.
Hoy como ayer Artigas se levanta/como de un sueño en su tierra sumergida,/y encuentra a su pueblo en fiera lucha/contra el poder, la deslealtad, la usura.
Hoy marchan los pueblos poseídos/ de los derechos que su Prócer concediera,/como la luz que guía a los pueblos/que no olvidan las palabras de su guía.
Despertemos entre el ruido que ensordece/y desterremos hoy de nuestras mentes,/las promesas fatuas de ho
mbres indecentes,/que confunde la palabra que aún hoy resplandece.
Volvamos a nuestro pasado heroico/ limpiemos del mundo la farsa, la traición,/pongamos en el camino de los hombres/la estrella que guió al pueblo como un «Dios».
Escuchemos cuando al levantarse de su tumba/se yergue altivo y mirando al mundo,/que perseguido en lucha encarnizada/se debate entre la vida y la nada.
Yergue su cuerpo cual gigante…/
su larga sombra oscurece al sol,/y grita con la voz enronquecida por la ira: «Traigan mi caballo, deténganse ¡ya voy!
ÑANGAPIRE – C.I. 2.619.219-0
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