Fiesta de San Cono en clima electoral
Pese al frío, el día con el cielo totalmente despejado colaboró para que la asistencia fuese buena. La comisión administradora de la capilla de San Cono esperaba más de 20 mil personas desde otras ciudades y departamentos, cifra que se confirmó entre locales y visitantes cuando la imagen del santo comenzó la procesión por la calle Rodó.
Una línea especial de AFE arribó con ocho vagones que transportaban más de quinientos pasajeros, provenientes en su mayoría de Montevideo. Descendieron en la estación Piedra Alta, a unas diez cuadras de la capilla.
Entre vapores y humo se mezclaban aromas a fritura, manzana acaramelada, copos azucarados, garrapiñada y carnes de las parrillas y mediotanques, entre la música de los altoparlantes, la cumbia de la calesitas y los gritos de quienes tanto pueden ofrecer un par de medias como una medallita de San Cono o un play station.
Al cierre de la jornada los feriantes se mostraban mayoritariamente conformes con el nivel de venta alcanzado, cuando resta aún la concurrencia del fin de semana. Pero los que más trabajo tuvieron fueron los particulares y las organizaciones civiles en la plaza de comidas. «Trabajamos bastante bien. Habíamos hecho un pedido temprano a una carnicería, pero tuvimos que ir a buscar más asado y chorizos porque se vendió muy bien», narró Carlos Alanís.
No faltaron las tradicionales ofrendas. Un ejemplo es el de Luis Alvarez, propietario, junto a su hermano, del caballo ganador del último raid carretero de Cerro Chato. Los Alvarez ingresaron a la capilla cuando la imagen de San Cono era regresada tras la procesión, dejaron como ofrendas el trofeo y el cuadro de la llegada, que ahora se encuentra en el salón de vitrinas, donde también está la camiseta que usó Julio Pérez en Maracaná en 1950 y la bici con la que José Emilio Asconegui corrió y ganó la 50ª edición de la Vuelta.
Después que en 2008 la procesión se cerró con la oratoria del ex nuncio apostólico en Uruguay, Janusz Bolonek, incitando a los peregrinos a «combatir la plaga del aborto y del divorcio», existía expectativa en cuanto al mensaje que esta vez mandarían las autoridades eclesiásticas. El único orador ayer fue el obispo de la diócesis Florida-Durazno, Martín Pérez Scremini, quien en un discurso de menos de cuatro minutos se refirió prácticamente a asuntos exclusivamente espirituales, llamando a los feligreses a «caminar como el santo» tras haber caminado «junto al santo».
En un fragmento del mensaje indicó que estando «en un tiempo distinto, un tiempo electoral y en el cual se festejan además los 200 años de Florida», es necesario solicitar a San Cono que «proceda con sabiduría y con honestidad, pensando en el bien común».
Un poco de historia
Cono Indelli nació en el siglo XII en Salerno, Italia. Fue el único y tardío hijo de un matrimonio fervorosamente católico que no aceptaría más tarde que de joven Cono solicitase el ingreso al monasterio de su ciudad. Este le fue negado por el superior, en complicidad con los Indelli, razón por la cual fue de incógnito al monasterio de otra ciudad, donde logró incorporarse.
Hasta allí lo siguieron sus padres intentando recuperarlo, pero Cono se escondió en el horno de pan, encendido, sin ser afectado por el fuego. Eso retrotrajo a sus padres a un sueño que ambos tuvieron una misma noche, antes de gestar al niño: el vientre de Igniva, la mujer, ardía en llamas. Fue entonces que aceptaron la vocación del joven, que murió tiempo más tarde, a los 18 años de edad.
La imagen de San Cono, canonizado en 1871 por Pío IX, fue traída a Florida desde Teggiano en 1883, realizándose la primera procesión en 1885.
El primer recorrido por las calles de Florida fue observado por buena parte de la comunidad entre murmullos, miradas y sonrisas socarronas, llegando incluso una vecina a arrojarle un gato a la entonces novata procesión. Un pequeño temblor que sacudió Florida hizo que las caras de los floridenses cambiasen, así como la historia de devoción local a partir de ese momento. El sismo fue interpretado como una señal de enojo del santo, que en Teggiano los peregrinos afirmaban que los protegía de los terremotos.
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