Presentamos otra de las obras destacadas de "La hoja en blanco"
En marzo finalizó el concurso «La hoja en blanco» y, a partir de mayo, coincidiendo con el 21º aniversario de LA REPUBLICA, se conocieron los nombres de la ganadora del concurso y de los autores de trabajos distinguidos con menciones especiales.
Desde entonces, y cada domingo, hemos publicado los cuentos, poemas y artículos ganadores realizados por nuestros lectores y lo continuaremos haciendo en las próximas semanas.
El concurso fue convocado en adhesión a una de las plumas más grandes de la literatura universal contemporánea, Juan Carlos Onetti.
La iniciativa literaria estuvo dirigida a personas de todas las edades, residentes en nuestro país, con la excepción de los funcionarios del diario.
Las propuestas de los lectores fueron bien variadas y creativas. Hubo dibujos a lápiz, a color y blanco y negro, poemas, cuentos, fotos habladas integradas por importantes personajes de la política nacional y hasta relatos de noticias jamás acontecidas.
No faltó quien aprovechara la oportunidad de enviar su trabajo a «La hoja en blanco» para contar su historia de vida o expresar sus pensamientos.
Tampoco faltaron los que se quedaron cortos de espacio y no pudieron resumir su propuesta o completar su ensayo en una sola hoja.
Lo que sí está muy claro es que quienes participaron de este novedoso concurso encontraron un lugar donde expresarse y manifestar sus inquietudes.
En total diez obras fueron reconocidas.
La elección estuvo a cargo de un jurado integrado por periodistas especializados del diario plural, que se encargó de revisar minuciosamente todas las hojas que llegaron a LA REPUBLICA.
El texto
El trabajo que se publica esta semana es relativamente corto, frente a la extensión de otros relatos que han llegado a nuestra redacción. El jurado reconoció una frescura muy original en el desarrollo de la idea y también una visión muy realista plasmada en la narración.
En este caso el autor llega de la ciudad de Florida y, de acuerdo a los datos que dejó en la propia hoja, de puño y letra, tiene 80 años de edad.
Lo que sigue es el trabajo que nos envió.
Tela de araña (Historia de un pobre)
Froilán no podía entenderlo, otra vez preso y sin motivo.
Seis meses «adentro» por unas míseras astillas de monte, que pregonaba con hambre por las callecitas de tierra del caserío.
Además de perder el petiso y el carrito, salió con Prontuario abierto de procesado primario, la prohibición de acercarse a su hogar (el monte y el río) y semanalmente la obligación de firmar presencia en la comisaría (aunque Froilán no había aprendido a escribir ni leer).
Trabajo, ni soñar…ni a pico y pala, siquiera para limpiar «pozos negros».
Caminando se fue a Montevideo. Llegado del «interior» y con facha de guapo «calzó» de peón en la construcción, donde metiendo lomo y hablando lo justo fue ganando un sitio, unos pesos seguros y un «catre jodido» para aguantar cansancios.
Las quincenas fueron pasando, las ausencias del río y el monte, no.
Allá el pueblo…siempre el pueblo.
Apretando sudores compró un carro de dos ruedas grandes y una yegua de buena alzada, pelo tostado. Tenía «casa rodante» y con papeles legales!!!
Allá el pueblo y el monte.
En el regreso al tranco por el camino de las tropas, Froilán soñaba… Aquel lugar sombrío a la orilla del monte, donde se instalaría junto al manantial de agua dulce y azul, casi escondido entre las piedras…
Con la vida silvestre que tanto le gustaba.
Al fin, el pueblo.
Apenas unas cuadras la policía lo detiene por aquello de no firmar presencia, y al juez, que lo procesa por «desacato» con pena de seis meses a un año.
El abogado de oficio le salva la yegua, el carro (por los papeles, seguro) y otras «cacharpas» menores que van a depósito con la familia De los Santos, sus amigos de siempre.
¿Esto que me pasa será por no haber aprendido a leer y escribir?
En un rincón del reducido patio del destacamento, Froilán toma mate en solitario. En la antigua radio a pilas cantan que para el ignorante y pobre «La ley es tela de araña».
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