Nuevo hito del Plan Ceibal en jornada de bullicio y a pleno sol
Zoe destacaba entre las decenas de gurises: de cinco añitos probablemente la más chiquita del elenco se la veía deslumbrada manejando el equipo XO, absolutamente ajena a todo lo que sucedía a su alrededor. Se trataba de una entre muchos, la mayoría de 9 y 10 años que participaban en la actividad desplegada en la plaza de Rivera y Julio César.
La mayor parte de los chiquilines era de la zona; algunos habían dejado las computadoras y correteaban por la plaza, pero los más se mostraban absolutamente compenetrados con el manejo de los equipos XO que se integran en una nueva etapa del Plan Ceibal, «con el objetivo de que en todas las plazas del país podamos presenciar un panorama similar», conforme dijo a LA REPUBLICA una de las coordinadoras.
La jornada se mostraba especialmente adecuada para este tipo de actividad, mucho sol, temperatura muy agradable, con la gurisada yendo y viniendo, alternando correrías con la manipulación de los nuevos equipos.
LA REPUBLICA quiso saber la opinión de algunos de ellos, y el primero en ser consultado fue al que más entusiasmado se veía. Llevaba una camiseta celeste con el nombre de «Forlán» en la espalda y lo cierto es que resultó imposible sacarlo de su tarea, en la que estaba completamente sumergido.
Mucho mejor dispuesto se mostró Ciro (6) quien explicó que «estoy guardando estas cosas», mientras cuadrados y puntos iban de un lado a otro en la pantalla. «Pero vos ya sabés cómo funciona esto!», se le hizo notar, y rápidamente salió la respuesta «sí, en casa tenemos una computadora, pero a mí no me la dejan usar».
Bien en la cabecera estaban Camila y Sol, las dos de 9 años, y las dos alumnas de la escuela 83. Manejaban un único equipo, mientras un tercero buscaba ganar posiciones de cualquier manera y poder estampar sus huellas en el teclado. «Nos sacamos unas fotos y ahora nos queremos mirar», señalaron las niñas.
Diorella ella misma precisó que su nombre se escribe de esa forma relató que «en la escuela (98) había un aviso de que iba a hacerse esto hoy acá, así que vine para encontrarme con mis amigos». Pero como el destino es caprichoso, lo que hizo fue ganar una nueva amiga, Mariana, de 10 años igual que ella, pero que va a otra escuela (93). «Pasábamos por acá, vimos que había un montón de niños y me acerqué», indicó, «ahora conocí a Diorella y vamos a ver cómo hacemos para seguir viéndonos».
Según se explicó a LA REPUBLICA, esta experiencia llega ahora a Montevideo, después de haberse extendido en el Interior y el propósito es «copar las plazas con los chicos jugando, aprendiendo, con sus computadoras». El apoyo de Antel y de UTE para tener energía y línea de Internet resultan fundamentales, y es así como «resulta verdaderamente muy agradable como se forman pequeñas comunidades, gente reunida con sus computadoras, que de noche y a la distancia se ven como bichitos de luz».
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