"Ho Chi Minh y el Che eran hombres sencillos y de gran humanismo"
Lo que más pareció sorprenderle a Schvarz Niko en la redacción fue que sus compañeros de trabajo le quisieran realizar una entrevista. Después de dudarlo un poco, aceptó.
Así se presentó ante LA REPUBLICA: «Soy periodista de toda la vida, he trabajado en muchos lados; empecé en pequeños diarios que antecedieron la salida de El Popular, periódico del cual fui subdirector y redactor responsable desde que comenzó, el primero de febrero de 1957, hasta su clausura definitiva por la dictadura».
– ¿Siempre quiso ser periodista?
– Sí, siempre me gustó escribir. En determinado momento vinculado a una militancia política se me dio la oportunidad de trabajar en ese frente. Yo siempre he dicho que soy un privilegiado, siempre pude hacer lo que quise.
-¿Cómo fue su experiencia en Vietnam?
-Yo era miembro de la directiva de la Asociación de la Prensa Uruguaya, ahí recibíamos invitaciones para ir a distintas partes del mundo. En determinado momento nos invitan a Corea del Norte y me ofrecen participar en la delegación, yo acepté por su vecindad geográfica con Vietnam.
– ¿En qué año sucedió esto?
– En 1965. En ese momento ya había una situación muy tensa, Vietnam ya estaba en guerra. Estados Unidos, que ocupaba militarmente el sur del país, empezó a bombardear toda la región del Norte. A la ida yo hice tratativas en Moscú pero la respuesta fue negativa. De vuelta en esa ciudad, en la que tenía muchos amigos vinculados a mi organización partidaria en Montevideo, renové mis gestiones y tuve suerte.
– ¿Cuál fue su primera impresión al pisar suelo vietnamita?
– Sentí una emoción tremenda. La situación de Vietnam ya había empezado a conmover al mundo entero. En primer lugar me ofrecieron hacer un viaje hasta la línea de demarcación que separaba Vietnam del Norte con Vietnam del Sur. Era bastante inseguro, una de las precauciones consistía en viajar de noche con los faros apagados.
– ¿Cómo era la población?
– Era un pueblo extraordinario que vivía una circunstancia difícil con un profundo amor a su país y un gran espíritu de sacrificio.
– Usted tuvo la oportunidad de entrevistar a su líder, Ho Chi Minh.
– Sí, dos veces. La primera en un congreso del Partido Comunista en la Unión Soviética, al cual asistí como periodista. Me salvó que yo había aprendido francés antes que español, lo que se aprende bien de chico no se olvida nunca. Nos fuimos a conversar y nos hicimos la rabona (risas).
– ¿Para qué medio trabajaba?
– Para El Popular.
– ¿De qué hablaron?
– Me contó su vida. Fue algo maravilloso, era un hombre de gran humanismo. Fue un hombre que hizo la historia, pero no tenía ni un átomo de aparatosidad ni de ínfulas, era un tipo sencillo, muy humano.
– Le contó que conocía Montevideo, ¿cómo llegó a nuestra capital?
– En uno de sus viajes a bordo de un barco mercante tocó Montevideo. A cierta altura de la conversación, después de preguntarme de dónde era, cerró los ojos y dijo: «Uruguay, Montevideo, un cerro y una gran bahía». Me contó que trabajaba en un barco que recorría el mundo, yo le pregunté que hacía, pensando que cumpliría alguna tarea importante, pero me dijo que trabajaba en la cocina, era peón, pelaba las papas para toda la tripulación.
– ¿Dónde fue el segundo encuentro?
– En Vietnam en 1965, en Hanoi. Ahí le realicé un largo reportaje. Hace poco un diario de Vietnam reprodujo esas páginas.
– ¿Cómo era la visión que Ho Chi Minh tenía del mundo?
– Tenía una idea fundamental en la cabeza, la liberación de los pueblos coloniales. Francia tenía un gran imperio, al igual que Inglaterra, Bélgica y Holanda. Vietnam formaba parte de Indochina, también conformada por Laos y Camboya, en donde mandaba el gobernador francés.
El quería unir a los pueblos de los países dominados para conquistar su independencia. Sin importar el tiempo que tardaran.
– ¿Después de terminada la guerra volvió?
– Sí, en 1975. Ahí ya eran libres e independientes. Estaba unificado el Norte con el Sur, era otra cosa.
– ¿Desde el punto de vista histórico, Ho Chi Minh fue el personaje más importante que conoció?
– (Duda) Si paso revista a la gente importante tendría que agregar sin falta al Che. Ese fue otro personaje fuera de serie, con muchas características en común con Ho Chi Minh, en cuanto a su humanismo y sencillez.
-¿Cómo fue ese otro encuentro?
-En Punta del Este a principios de agosto de 1961.
-Además de su sentido humano y cordialidad ¿Qué otra cosa lo impresionó de la personalidad del Che?
– Su espíritu inquisitivo, su deseo de ir al fondo de las cosas, su curiosidad. En la conversación eliminaba todos los requisitos secundarios e iba derecho al grano. Tanto es así que yo casi me llevo el mayor fracaso periodístico de mi vida. Yo tenía muchas cosas para preguntarle, pero resulta que me preguntó él a mí. Primero sobre la situación política de Uruguay, quería la visión de un periodista, después sobre Argentina. Con todo eso había pasado como una hora y no tenía nada para publicar, entonces me dio los apuntes de su discurso. Al final hice un resumen de sus principales conceptos.
El Che era un hombre que defendía las ideas con su vida, se le pueden cuestionar muchas cosas, pero lo que no se le puede negar es que era un hombre que defendía sus ideales y que puso su pellejo detrás de las ideas, eso en invalorable.
– ¿Qué sintió cuando lo mataron?
– Fue terrible, especialmente por la forma en la que se venían procesando las noticias. Primero apareció el rumor de que lo habían detenido, después surgió la noticia de que lo habían trasladado en un avión, pero no se sabía bien, todo era muy impreciso, así pasamos horas. Escuchábamos radios bolivianas, los cables venían en cataratas. En aquel momento ya existía Prensa Latina, que es la agencia cubana; ellos daban toda la información que tenían. Después vino la imagen en la que está tirado, parece un Cristo con la barba y los ojos abiertos.
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