Cargos vacantes. De los 150 sorteados sólo 11 se presentaron a las pruebas; todos reprobaron

Taquígrafos: Senado descarta realizar un nuevo llamado

De los 150 sorteados, de un total de 3.600 inscriptos al llamado, sólo 11 se presentaron el pasado jueves en el LATU para comenzar a realizar las pruebas de capacidad. Inclusive uno llegó fuera de horario y no se lo dejó ingresar. Ninguno pasó la primera prueba de taquigrafía (de tres).

 

Sin conocimientos

El secretario de la Cámara Alta, Hugo Rodríguez Filippini, dijo a LA REPUBLICA que los participantes que concursaron para ocupar los seis cargos de taquigrafía «no demostraron un conocimiento exacto de las exigencias que existen para poder ingresar a la Cámara de Senadores», y agregó «seguramente, la inmensa mayoría tuvo una actitud de inscripción fácil y ni siquiera haberse detenido en la lectura de las bases generales y particulares del concurso al que se presentaban», señaló.

Aunque en un principio se manejaba realizar un nuevo llamado para cubrir las seis vacantes, fuentes del Palacio de las Leyes señalaron a este matutino que «por ahora no está previsto hacerlo».

Rodríguez Filippini reflexionó sobre el modo en que la gente respondió a estos llamados y transmitió a modo de mensaje: «Me parece importante transmitirle a la ciudadanía que los interesados en inscribirse tienen que tener conciencia de las exigencias que existen para poder ingresar a la Cámara de Senadores, que no es inscribirse y después practicar algo que no se conoce bien, eso puede explicar el alto registro de inscriptos y la escasa asistencia a la prueba».

 

Alta remuneración

Al ser consultado sobre si el salario a cobrar ($27.000, sólo el sueldo básico) fue un encandilamiento a la hora de anotarse, explicó que el Senado entendió que «no era posible realizar un llamado a concurso sin informar el salario por el que se va a concursar. Pero, es posible que no solo el salario haya sido el atractivo sino también, el concepto que tiene el Uruguay sobre el ser un empleado público. Ese imaginario ha hecho que muchos ciudadanos se hayan visto motivados a inscribirse».

Filippini volvió a insistir en las exigencias del concurso para ingresar al Parlamento y dijo que «no es bueno que se inscriba el que no esté preparado porque le quita posibilidades al que realmente lo está».

 

Las pruebas

Los once participantes debieron realizar una prueba de dactilografía en la que se exigió una velocidad normal «con la que sale cualquiera de una academia», dijo Filippini, de 45 palabras por minuto correctamene escritas.

Consistió en un dictado de un texto sorteado por el Tribunal al momento del concurso y tuvieron cinco minutos para copiarlo. Esa primera prueba fue superada solo por una participante.

La segunda prueba que se divide en tres partes correspondiente estrictamente a los conocimientos de taquigrafía no fue superada por el concursante que perdió por errores. En este caso se había previsto tres pruebas, «la primera era la más sencilla», consistía en un dictado tomado de un tomo del Diario de Sesiones elegido por la propia participante de cinco minutos de duración y a una velocidad promedio de 100 palabras por minuto para cuya traducción dispondrán de un plazo de 60 minutos. Pero la concursante no superó las exigencias establecidas por el tribunal para ingresar a la Cámara. «La participante logró transcribir todo lo que se le dictó pero el número de faltas cometidas fue mayor al admitido», dijo el secretario del Senado.

«Las siguientes dos pruebas eran más exigentes todavía, pero ella, que era taquígrafa tenía conocimientos pero perdió. Los mismos taquígrafos del Senado le hablaron a los efectos de alentarla para que no deje de practicar. Ella contó que hacía un año que no utilizaba la taquigrafía y sin duda que eso le llevó a la pérdida de práctica y eso quedo demostrado», agregó Rodríguez Filippini.

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