TIENE LA PALABRA

A Mario Benedetti

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

No tuve nunca la siempre querida oportunidad de ver personalmente a Mario Benedetti.

Conozco su figura, su voz y parte de su escritura y debo confesar… me ha hecho llorar.

Tuve, tengo y tendré una sana envidia por su especial forma de decir lo que dice con su pluma. Cada palabra es una pincelada más para completar la obra maestra al final de cada uno de sus cuentos y sus historias.

A veces creo que logro adivinar sus gestos y su segura sonrisa ¿borrando y empezando de nuevo? a medida que va logrando el desarrollo deseado de cada relato.

Su figura y su apariencia de hombre bueno me hacen querer que fuera mi tercer abuelo.

Todos deseamos que continúe escribiendo, por ser una estrella literaria de primer orden que debe seguir iluminando la literatura uruguaya, latinoamericana y mundial. Disculpá que te tutee pero todos, familiares, amigos y admiradores necesitamos que tu cuerpo y mente encuentren el camino del bienestar para que podamos seguir disfrutando tu presencia. Y como presiento que no sos egoísta, lo vas a lograr.

H.A.D.A C.I. 1.176.977-8

 

Una modesta proposición sobre la etimología de la palabra «lunfardo»

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Nadie sabe de dónde viene la palabra lunfardo. Tampoco se ha podido determinar cuándo ni dónde apareció impresa por primera vez. Ha habido algunos intentos, más o menos sensatos, de hallar su etimología.

Presentamos ahora la siguiente proposición:

La palabra lunfardo deriva del compuesto griego nymfandros. (No hemos encontrado nymfandros en ningún texto). Sin embargo, nadie negará que pudo haber existido. Quién la inventó respetó las reglas de la composición de palabras griegas.

La palabra nymfandros se compone de dos palabras: nymfa, se designaba así a ciertas diosas del agua y de las fuentes, pero también cualquier muchacha o mujer podía ser llamada nymfa. En griego moderno esta palabra ha pasado a designar a la novia, en el momento de la boda, a la chica que está a punto de contraer enlace, y andros, palabra griega que designa al ser humano del sexo masculino, al varón, macho.

De manera que la palabra nymfandros quiere decir exactamente lo mismo que la bien conocida palabra hermafrodita, también de origen griego.

Nymfandros designa, pues, a quien tienen los dos sexos. Equivale a ambiguo y a epiceno.

Debemos detenernos ahora a señalar el problema creado por la pronunciación de la letra ypsilon («y griega»). (El aspecto semántico será considerado más adelante).

Hay razones para creer que en griego clásico (siglo V a.C.) se pronunció ü (u francesa).

En griego moderno ha pasado a pronunciarse exactamente igual a la i española. Pero se cree que en la época homérica se pronunciaba como la u española. El profesor Heller hablaba de un «movimiento pendular» de la ypsilon: u-ü-i.

Cuando esas palabras pasaron al español, muchas lo hicieron con el fonema i, pero hay otras, y en número similar, que llegaron con el fonema u. De manera que podría decirse que ambos fonemas serán intercambiables en español (por lo menos durante los primeros tiempos).

Entonces, y según nuestra proposición, la palabra nymfa se transformó en lunfa, mientras que la palabra andros se cambió en ardo, formando así la palabra lunfardo.

El pasaje de nymfa a lunfa no presenta mayor inconveniente: ya en latín nymfa se ha transformado en lymfa, y de acuerdo a lo que explicamos sobre la doble pronunciación de ypsilon, es posible que llegara al Río de la Plata como lunfa.

(El cambio de M a N es un accidente fonético muy corriente).

La explicación de cómo andros se transforma en ardo tiene mayor complejidad. Hay muchos nombres propios masculinos en castellano que tienen la terminación ardo. Como también suelen tener sus homólogos en inglés y en francés se ha pensado que puedan tener origen gótico (germánico). No obstante, creemos que también pueden tener origen en ciertos vocablos griegos, combinados con el sustantivo andros, y proponemos las siguientes etimologías:

-Eduardo podría derivar del griego Edú+andros=hombre dulce. Gerardo podría derivar del griego Gerós+andros= hombre fuerte. Leonardo podría derivar del griego Leo+andros=hombre león (Leandro podría ser antecedente de Leonardo, pero no es seguro).

– Es sabido que el apellido Licandro, quiere decir «hombre bobo» (del griego lykandros). Teniendo en cuenta que el griego lykos (lobo) dio los vocablos lycée, en francés, y liceo, en español, podemos tener la seguridad que lykandros es, también, el antecedente del nombre propio Lisandro. Y es posible que Lisandro, a su vez, sea el antecedente del apellido Lusardo, (aunque Luzardo es más frecuente).

Para los nombres Ricardo, Edgardo, y otros similares, no hemos podido encontrar antecedentes griegos. Pero nada impide que Ricardo por ejemplo, pueda significar «hombre rico». Pero queremos señalar, también, una homología muy particular, y tomada precisamente del lunfardo.

Se trata del vocablo Nardo, que, en lunfardo, quiere decir pene, o miembro viril. (No tiene nada que ver con la palabra, de origen semítico, que designa la flor del nardo).

Pensamos que la palabra lunfarda nardo derivó del griego andrós.

Sería una sinécdoque totalmente común: la parte por el todo.

Andros perdió su sigma final, hecho totalmente común y corriente y que sucedió en la mayoría de las palabras «sigmáticas». Comparémoslas ahora:

Andro – Nardo

No es necesario gran discernimiento para darnos cuenta que se trata de un «vesre». Es bien conocido que el lunfardo tiene su origen en una «jerigonza» inventada en el mundo de los delincuentes para comunicarse entre ellos sin que el público pueda percatarse de las fechorías que andan tramando. Así pues, recurren al sistema de cambiar el orden de las sílabas, o de las letras, de una palabra. Y esto puede haber sido el origen nardo, por andro…

Por cierto que no es un vesre totalmente ortodoxo. Pero ¡nadie va a pedirle «purismos» al lunfardo!…

En lo que respecta a la explicación semántica de Nymfandros, es posible pensar que se le llamó así por la frecuencia, justamente, del vesre: cambiar las sílabas, colocar detrás lo que estaba adelante, y viceversa (ambigüedad).

También por lo que tiene de mezcla de dos (o varias) lenguas. Si bien los elementos principales son el español y el italiano, el lunfardo no es ni una cosa ni la otra, es un híbrido, no es «ni chicha ni limonada», y de ahí la idea de un «hermafroditismo», que empezó como nymfandros y terminó en lunfardo.

ROBERTO LARREA  C.I. 3.443.411-4

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