"Mucho más tranquilos"
Claramente se trata de una valoración muy subjetiva, pero los vecinos se manifiestan «mucho más tranquilos» que hace apenas dos meses, cuando cada noche escuchaban corridas, gritos, agitación y muchas veces en su propio terreno.
«Yo me crié acá, pero últimamente no me animaba a salir a la calle», dice una señora, mientras que otra agrega que «los chiquilines querían salir a la calle a jugar a la paleta y yo no los dejaba, por miedo a que les fuera a pasar algo».
«Era un desfile permanente por las calles de acá del barrio, de muchachos que pasaban caminando, en grupos de tres o cuatro, mirando para adentro de las casas, como eligiendo lo que iban a venir a robar. Y nada los frenaba, ni las alarmas, ni las rejas».
«Muchas veces mi esposo tiene que salir de madrugada, por razones de trabajo, y yo ya no podía seguir durmiendo», dice otra señora, que reconoce que las cosas han cambiado notablemente, y para mejor.
«El compromiso de todos»
«A medida que fuimos analizando el funcionamiento de la iniciativa, nos dimos cuenta de que sólo iba a dar resultado si lográbamos comprometer a todos los vecinos del barrio, y así se hizo. Y esto funciona en base al compromiso de todos», destaca Fernando Imbrenda. «Hicimos una reunión, hablamos entre todos, logramos que todos nos viéramos las caras y darnos mutuamente coraje como para saber que el silbato era para hacerlo sonar si uno notaba cosas extrañas, que había que estar siempre dispuesto a dar un golpe de teléfono al vecino». «Obviamente que no manejamos armas, pero estos elementos, actuando coordinadamente es como si lo fueran, porque trasmiten una respuesta colectiva, cohesionada, a un tipo que está haciendo cosas que no debe, y eso se hace sentir, se nota», agrega el entrevistado.
«Otra cosa», destaca, «en las primeras reuniones que tuvimos, como estábamos todos, empezamos a escuchar los relatos de cada uno; de muchos de ellos yo no estaba al tanto, y la verdad es que no podía creer a los extremos que habíamos llegado, cada vez peor», comenta. «Seguramente que es por eso que a medida que fuimos visitando a los vecinos y proponiéndoles la idea, ninguno de ellos se rehusó a participar».
«A MI ME ENTRARON DIEZ VECES»
«A mi casa entraron diez veces y me robaron de todo: macetas, plantas, hasta el farolito del jardín», comenta Fernando Imbrenda, cuando se dispone a responder cómo fue que se le ocurrió la idea.
«Un día, haciendo un comentario con un compañero de trabajo, me dio una serie de datos sobre un mecanismo similar que estaban aplicando en su barrio, y pensé en que acá podríamos hacer algo parecido», relató.
«Acá armamos todo con los vecinos, y también tenemos el apoyo muy importante de la Seccional 14ª.
Ellos vienen, llaman por teléfono, de alguna manera sienten que somos sus colaboradores y eso es lo mejor, porque todos sienten que la idea dio resultado», añade Imbrenda.
«Otra cosa muy importante es que la idea genera un costo mínimo: el cartel, el silbato, y la planilla para saber cómo contactarnos unos a otros, en total unos 200 pesos».
«Y no sólo vemos que estamos teniendo resultado, sino que hace pocos días nos han contactado de por acá cerca, porque son vecinos interesados en añadirse a este esquema.
Son como 10 familias más, así que el proyecto está en pleno crecimiento».
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