Estadio Charrúa. Notable mejora en la calidad de vida de los habitantes de la zona

Vecinos aplican elemental esquema de seguridad con excelente resultado

No se trata de una idea original, de hecho está copiada de un modelo más o menos similar que aplican los vecinos de las proximidades, y que ya ha sido puesta en práctica en otros barrios. Pero da resultado. Es barata, ingeniosa y sólo apela a un compromiso mínimo de todo el barrio, y los resultados están a la vista.

Son 50 familias que han establecido un sistema de intercomunicación, están atentas a cualquier movimiento extraño, lucen en la fachada de sus casas un cartelito «Vecino alerta» y ­para las situaciones de emergencia­ hacen uso de un silbato: uno lo hace sonar, el vecino reproduce el sonido, el otro, y el otro. Para el ladrón sorprendido con las manos en la masa, el efecto es impresionante, se siente acosado y termina dándose a la fuga.

Hace dos meses que la iniciativa está en funcionamiento, y los vecinos no terminan de sorprenderse por los efectos alcanzados. Han recuperado calidad de vida, sociabilidad, el tránsito de una casa a otra ha dejado de ser una peripecia, los gurises juegan en la calle. Un cambio radical respecto a una situación que se vino deteriorando en forma progresiva.

Si bien el diálogo con LA REPUBLICA prácticamente lo monopolizan Fernando Imbrenda ­responsable de la puesta en marcha de la iniciativa­ y Javier Arismendi, lo cierto es que la presencia de otros vecinos apuntala sus afirmaciones. Cada detalle que estos comentan genera el asentimiento inmediato de quienes los acompañan.

«¡Por suerte llegó esto!», comenta uno de ellos. «No había manera de estar tranquilo», y de inmediato se precipita una serie de comentarios acerca de la generalizada sensación de intranquilidad en la que vivía el barrio.

«No podemos hablar de una delincuencia violenta, en general se trataba de hurtos de garrafas, macetas, mangueras». Es Arismendi quien habla: «Pero realmente era una situación horrible: muchachos saltando los muros de una casa a la otra, caminando por las azoteas».

«Permanentemente estaban caminando por la calle, más o menos estudiando lo que se podían llevar», dice otro de los vecinos, mientras que otro de ellos agrega que «lamentablemente se nota que la mayor parte de ellos son gurises enganchados con la droga: al golpe de oportunidad para llevarse algo que les reporte 20 ó 30 pesos».

«La gente puso rejas, alarmas, alambres eléctricos» ­recupera Arismendi el uso de la palabra­ «y nada de eso servía, se ingeniaban para meterse en los terrenos y llevarse cosas: ropa colgada, bicicletas; a mí me llevaron una piscina de dos mil litros.»

«Al principio era sólo ese tipo de hurto», sigue, «pero con el correr del tiempo la cosa se fue poniendo más tensa; a un vecino de acá nomás le entraron armados y se vio en problemas».

«Pobre hombre, es una situación tragicómica», agrega Imbrenda. «Es que el dueño de casa salió por una situación de trabajo y volvió a eso del mediodía, a una hora a la que nunca solía llegar a su casa. Bueno, tuvo dificultades para abrir la puerta, porque habían forzado la cerradura; cuando pudo entrar escuchó ‘no te movás o te quemo’. Y se tuvo que quedar en la puerta, con las manos en alto, viendo como le llevaban las cosas».

«Eran dos o tres que cargaban las cosas de valor en unas frazadas, mientras otro le apuntaba a la cabeza con un revólver. Para ese hombre era una situación de violencia espantosa, asistía impotente a su propio desvalijamiento».

Con una sonrisa, dice Imbrenda que «yo justo estaba armando este esquema de vecinos alerta en esos días, de manera que fui a verlo apenas un día o dos después de que le habían hecho la mudanza. ‘¿Ahora venís? Llegás dos días tarde’, me dijo con resignado humor».

«Pobre hombre…», remata Imbrenda, «estaba de lo más apenado porque entre las cosas que le habían llevado había un par de entradas para el Teatro de Verano».

Las anécdotas se suceden acerca de las situaciones desagradables por las que los vecinos tuvieron que pasar con anterioridad a la puesta en funcionamiento de este mecanismo de coordinada alerta. «Chicos saltando del muro de una casa a la otra, pasando a través de las rejas, la gente dentro de las casas, muy asustada».

«Las otras noches se activó el mecanismo», relata uno de los vecinos. «Enseguida nos intercomunicamos y nos juntamos varios en la cuadra. Sabíamos que en una casa se habían metido tres muchachos y que una vez que los vecinos se pusieron en alerta, dos de ellos se fugaron rápidamente».

«Quedaba uno, que lo ubicamos escondido en el rincón de la casa de un vecino. Lo rodeamos y enseguida él mismo dijo ‘llamen a la Policía», cosa que por supuesto ya habíamos hecho. Lo concreto es que cuando llegó el patrullero, el muchacho poco menos que abrazó a uno de los policías y le dijo ‘gracias, me salvaste’.

No es que alguno de nosotros pensara en hacerle alguna clase de daño, pero es obvio que la tienen clara: saben que en la comisaría entran por una puerta y salen por la otra».

La iniciativa es conocida por la Seccional 14ª, más todavía, la actitud de los vecinos es monitoreada desde la propia comisaría, donde se evalúa la experiencia y se la sigue muy de cerca. Eso surge del propio relato de los vecinos, quienes comentan que los móviles de la Seccional siempre llegan muy rápidamente, que en el propio ingreso de la comisaría hay un plano en el que está señalada esta área en particular. Todavía más, alguno de los vecinos relata que una experiencia similar se lleva a cabo en una zona cercana, en la que se manejó la posibilidad de que los vecinos manejaran alguna clase de armamento, por si la situación llegaba a ponerse muy complicada, de lo que fueron rápidamente disuadidos. «Acá el armamento que tenemos son los carteles de ‘Vecino alerta’, además de la fluidez en la intercomunicación de una casa a la otra y, también de los silbatos», precisan.

«En realidad, el sistema funciona tan bien que los silbatos hemos que tenido que utilizarlos apenas en un par de ocasiones», dice Arismendi, quien explica que «este es un barrio en el que vive mucha gente mayor, que generalmente no sale de noche, entonces una solución de este tipo le ha cambiado la vida, están mucho más tranquilos».

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