TIENE LA PALABRA
Amondarain viola la ley
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Siendo un consecuente lector de LA REPUBLICA (en Internet ya que vivo en Suecia) y en papel mientras me encuentro en el paisito, hoy me veo realmente sorprendido además de profundamente desilusionado y hasta ofendido al leer el editorial que se publica escrito por Leopoldo Amondarain bajo el título: ¿A dónde quieren llegar?
Este editorial, además de defender la teoría de «los dos demonios» hace una defensa de la tortura (rayana en la apología), mezclándola con homofobia y propagando el olvido de las barbaries de la pasada dictadura.
Reconozco que LA REPUBLICA ha sido siempre un medio muy plural y abierto, pero creo que en nombre de la decencia hay límites que no se deben traspasar, cuando no se trate incluso de violaciones a leyes vigentes (en el caso concreto de la homofobia manifiesta del autor).
Creo que LA REPUBLICA debe tomar distancia públicamente de las palabras de este editorialista y pedir las correspondientes disculpas a quienes este señor agrede gratuitamente (me incluyo entre esas personas, por haber luchado contra el fascismo y la dictadura y haber vivido en carne propia la tortura en mano de oficiales del Ejército nacional).
Le saluda atentamente
JOSE CATTOLICA [[email protected]]
Amondarain es lo más gracioso que puede leerse en LA REPUBLICA
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Creo que es mi deber moral quebrar una lanza por el señor Leopoldo Amondarain, tan criticado últimamente en esta misma columna, donde se ha llegado a pedir que no se le permita escribir más en el diario plural.
A quienes lo hacen les digo que no deben ensañarse con este pobre anciano, que escribe sobre temas que no conoce, intentando hacerse pasar por erudito en todos los temas que toca.
Paso a explicarles el por qué. Por ejemplo en el tema de la Iglesia Católica y el aborto, con el que sigue insistiendo, escribía el 16 de abril de 2006 (todavía guardo el recorte porque es de lo más gracioso) en el artículo titulado La Iglesia y sus Pascuas, que «una de las bases fundamentales de la religión (está hablando de la católica) es la defensa de la vida misma».
Nosotros le recordamos que la Iglesia Católica es uno de los mayores asesinos de todos los tiempos, y defendió tanto la vida que a mediados de 1209 por orden del Papa Inocencio III, Arnoldo Amalrico asesinó en Beziers a más de veinte mil albigenses, que eran cristianos, pero que no creían en el Papa.
En la ciudad no todos eran albigenses, también había ortodoxos, ¿cómo distinguirlos?
La orden de Amalrico fue, «mátenlos a todos, ya después el Señor verá cuáles son los suyos». Y así masacraron a hombres, mujeres y niños.
Más tarde Amalrico entregó el mando a Simón de Monfort recomendándole que tratara a Occitania como tierra de herejes, y que allí podía matar a cuantos quisiera.
Pero en la ciudad de Bram, Simón de Monfort no mató ni a uno solo. Les sacó los ojos a todos, menos a uno, al que dejó tuerto, para que este pudiera guiar al resto hasta Cabaret.
La columna avanzaba, con el tuerto adelante, seguido de los miles de ciegos, cada uno con las manos puestas sobre los hombros del que iba adelante. (Tal vez recordando este hecho histórico es que Monseñor Cotugno insiste tanto en que mil ciegos no ven más que un tuerto).
Seguramente ante este espectáculo, a los enemigos de Inocencio III les habrá acometido un saludable temor a Dios.
Luego la campaña contra los albigenses pasó de Inocencio III a Honorio III luego a Gregorio IX y luego a Inocencio IV, los que en total asesinaron a más de cien mil albigenses, según los cálculos de los historiadores más conservadores, aunque hay quienes sostienen que fueron casi un millón.
Y qué decir de Las Cruzadas, cuando en las ocho que hubo a lo largo de 200 años, la Iglesia Católica mató a cientos de miles de cristianos, judíos y musulmanes por igual, a pesar de que siempre se declaró que era contra estos últimos, y para recuperar Tierra Santa.
La primera cruzada, lanzada por Urbano II al grito de «Dios lo quiere» (que similar a la tan criticada jihad islámica ¿no?), hizo su precalentamiento en la misma Europa matando judíos, Emich de Leisingen quemó a los judíos de Mainz y Worms. El cura Volkmar masacró a los de Praga y a los de Regensburg.
De paso asesinaron también en lo que hoy es Hungría, Serbia y Bulgaria (todos países cristianos).
En Zemum, Pedro el Ermitaño, mató a más de cuatro mil cristianos y luego incendió Belgrado, y por supuesto todo con la bendición de los obispos que acompañaban la cruzada.
Pero en Jerusalén fue lo máximo, según el cronista de la época, Raymond de Aquilers, «en el Templo de Salomón la sangre les llegaba a los caballos hasta las bridas, justo y maravilloso castigo de Dios a los infieles».
Donde habría quedado aquello de poner la otra mejilla, o lo de ama a tu prójimo como a ti mismo.
De la conquista de América mejor ni hablar, porque creo que todos ya sabemos lo que pasó, menos Amondarain, por supuesto.
Y qué decir de la Inquisición, solo Torquemada, a quien el Papa Sixto IV nombró Inquisidor General de España, en sus 11 años de servicio condenó a 114.000 herejes a los más variados castigos, siendo 10.000 de ellos aproximadamente quemados en la hoguera.
Juan Antonio Llorente (secretario de la Inquisición en Madrid), a fines del siglo XVIII, calculaba que hasta sus días en España solamente se habían quemado a más de 30.000 herejes.
Hasta nuestros días, no tengo noticias de que ningún Papa haya pedido perdón por estos crímenes cometidos por la Iglesia Católica.
Y qué hablar de la caza de brujas. Decenas de miles de mujeres murieron quemadas. (Se ve que los brujos eran muy pocos en aquella época). Es una lástima que no haya espacio para comentar las acusaciones que se les hacían.
Y para guiar e instruir a los cazadores, la Iglesia publicó, domínicos mediante, el Malleus Maleficarum, o Martillo de Brujas, el libro más asesino que haya parido la mente humana, según algunos conocidos historiadores.
Hoy en pleno siglo XXI, la matanza sigue, pero con técnicas y declaraciones acordes a los tiempos en que vivimos, por ejemplo predicando en Africa, diezmada por el sida, que es un pecado usar condón.
Podríamos seguir largamente, pero como el espacio es tirano, vamos a analizar ahora otra frase del anciano Amondarain, quien nos dice que si bien es cierto que en la Iglesia Católica hay sacerdotes pedófilos, también los hay en otras religiones. Lo del viejo refrán, «mal de muchos consuelo de bobos».
Le aclaro también que se cita mucho más a la Iglesia Católica, porque es evidentemente donde más de estos actos aberrantes se han cometido. Por favor anciano, lea de vez en cuando LA REPUBLICA y entérese.
Más adelante, siempre en el mismo artículo, incluye a Pablo y Lucas entre los 12 apóstoles primigenios.
Se ve que tampoco lee la Biblia. Instrúyase un poco en su propia religión, lea Mateo 10:2-4, o Marcos 3:16-19 o Lucas 6:3-16 y entérese de quienes eran.
En cuanto a los evangelios apócrifos, ¿quién los tilda de tales? La Iglesia Católica por supuesto, que es juez y parte en este asunto, y por tanto carente de imparcialidad.
Pero a pesar de todo, me gustan los artículos que escribe el venerable Amondarain, porque desde que dejó de llamar por teléfono al Director, aquella señora que siempre criticaba al Frente Amplio, es lo más gracioso que se puede leer en LA REPUBLICA.
Y que me disculpen quienes escriben en la hoja de historietas, pero es la verdad…
EL SABA C.I. 1.011.090-6
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