TIENE LA PALABRA
Agradecimiento a LA REPUBLICA
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Deseo expresarle mi sincero reconocimiento a Ud. y, por su intermedio, al cronista que intervino en la redacción del amable recuerdo sobre mi aniversario publicado el 21 de abril pasado en la Sección Feliz Diario el cual mucho me ha honrado y distinguido.
Debo decirle, que aparte de los detalles mencionados en dicha nota sobre mi prolongada labor de investigación (59 años) en el Clemente Estable, lo más importante que resultó para mí fue no sólo aportar al progreso material de la institución y, por ende, de nuestro país, sino también la excepcional oportunidad que tuve de seleccionar y rodearme de valiosísimos colaboradores.
Todos ellos se han tornado ahora en distinguidos investigadores (quienes investigan en nuestra patria o en el exterior) y, lo que es más importante para mí, es que todos ellos cultivaron y mantienen conmigo una muy sincera y profunda amistad plena de mutuo afecto la que ha podido, insólitamente, saltar y superar la distancia del abismo que genera nuestras distantes edades, lo que posibilitó comunicarnos íntimamente como si todo ello no existiera, un hecho excepcionalmente singular, como Ud. concordará conmigo, en el contexto de la relación entre nuestros jóvenes de hoy en día y sus mayores.
Por tanto, deseo reiterarle nuevamente mi agradecimiento por la nota que he apreciado realmente aparecida en LA REPUBLICA la cual he apreciado muchísimo.
Deseándole muchos y renovados éxitos en su labor editorial destinada al bien de nuestra nación le saluda cordialmente:
MAXIMO DRETS – C.I. 461.831-8
Responde Amondarain sobre la Iglesia Católica
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
En artículo de mi autoría de homenaje a la reciente Pascua de Resurrección, me referí a los mal llamados «azotes de Dios». Decía que es obvio que a Dios no se le puede azotar, pero la nominación se habrá hecho, ignoro el autor, con el fin de enumerar personajes nefastos y siniestros que en la historia abundan y aún los hay. Baste «vichar» el mapamundi y nos toparemos con algunos vigentes. A los efectos hice una «listita» significativa a mi criterio, es obvio que hay muchos más, y por razones de espacio la limité. Un lector detallista que me leyó, sin discrepar con lo que puse, agrega nada menos que a la Iglesia Católica. Se nota en sus asertos una carga de rencor muy fanático contra la Iglesia, aunque justo es señalar hechos aislados en los que le puede tener razón. Pasemos a explicar desde nuestra óptica y creencias cristianas. Le acepto el envite. Es cierto que no se me ocurrió «agarrar para ese lado». Yo tomé en cuenta individualidades. Hitler, Stalin, Aznar, Sharon, Pol Pot, Franco, etc. No tomé para el lado de las religiones que son muchas, ni logias esotéricas que ocultan las identidades de sus adeptos, partidos políticos, y demás etcétera. Por supuesto, y en ocasiones lo he dicho y escrito, las iglesias todas y la Católica en particular, dado que la refiere como único ejemplo concreto, tienen como diversos «componentes», la idea divina para sus feligreses y su organización y existencia administrativa y material inherente al mundo y su respectivo tiempo en el que se vive y se actúa. Todas ellas, sin excepción, unas más otras menos, comenten errores y en ocasión durante las centurias y milenio, algún horror. Y en esos milenios se tuvo a los Torquemadas y la Inquisición que menciona. Y sucedió, por una razón explicable a todas las religiones. Las faces administrativas la manejan los hombres con sus naturales imperfecciones. Cuando se elige crucificar a Cristo, nada menos que el Mesías o sea el hijo de Dios en lugar de Barrabás, es obvio que la administración e inspiración fue de Caifás y los sacerdotes del templo. Una decisión propia de hombres y no de ideas o instituciones superiores, manejadas por ellos. En el caso de la Guerra Civil Española que también menciona, es un ejemplo real de esa dualidad humana política administrativa. La Iglesia en los hechos estuvo dividida. Por un lado, la de Madrid centralizada en los cardenales de la época y su alto clero de tendencia monárquica, y por el otro la Iglesia Vasca, libertaria y hasta republicana.
Hoy mismo, me dicen que subliminalmente se notan diferencias. La fe es la misma como doctrina espiritual, pero los aspectos políticos sociales pueden marcar diferencias. Una cosa es el alma y otra los aspectos materiales del mundo y su funcionamiento. No invente sobre que en la Guerra Mundial la Iglesia «miró para el costado». Pío XII se tuvo que manejar protegiendo una feligresía de más ochocientos millones, rodeado por el ejército invasor nazi, para salvar el arrase que podrían sufrir en cualquier «ocurrencia», como fue de estilo.
¿Qué quiere que hiciese? ¿Que llamara a las armas estando inerme? Lo de la bendición a las armas italianas en Abisinia fue distinto, y allí sí le puedo dar la razón. El anterior Papa, creo que Pío XI no tuvo «gollete». Lo de la conquista de América, no diga llevado por el odio, que la Iglesia hizo barbaridades. ¡Pare la mano!
¡Se olvidó de las obras jesuitas, que muestras aún quedan en Paraguay y Bolivia y de donde España los expulsó por educar y mejorar justamente a los indios. ¡La obra salesiana o franciscana por citar las más notorias, anteriores y actuales como los colegios y obras del tan vilipendiado Opus Dei incluyendo los cantegriles.
Porqué en lugar de odiar tanto, no menciona o compara sus creencias o religiones o logias, si es el caso, con las obras con mayúscula que a nivel mundial banca y mantiene la Iglesia Católica. Las jardineras especializadas, colegios y liceos ejemplares no sólo en cultura general sino en los conceptos básicos de la moral cristiana, universidades y centros de especialización científica, hospitales, policlínicas, leprosarios, (conoce alguna religión o logia cuyos adeptos o feligreses se dediquen a cuidar personalmente conviviendo incluso con los enfermos, como tantas congregaciones católicas, ejemplo la de la Santa Madre Teresa de Calcuta entre otras.
Las obras misioneras jesuíticas ya mencionadas, los niños en estado de miseria y abandono rescatados por Don Bosco, los cotolengos de carenciados y deformaciones monstruosas de Don Orione (Instrucciones y Propios, si quiere lo llevo. Conozco)
¡Bien que se callan! Pero, al respecto los otros días me decían que no es a la Iglesia en sí que tanto odian. Y capaz que tienen razón.
Es por su intermedio que al que verdaderamente odian es a Jesús de Nazaret. El Mesías. El hijo de Dios. Que se dejó inmolar durante un Calvario de ferocidad inédita, crucificado, lacerado, humillado con cruel y ridícula corona de espinas, despreciado y vilipendiado en su postergación y sentencia a favor de un asesino como Barrabás por la salvación de su pueblo, y que en su final en lo alto del madero, inclinando su cabeza logra mirar y rogar al Altísimo con su inmortal frase: «Perdónalos Señor, no saben lo qué hacen». No han podido ni podrán por más que se esmeren con el Mesías.
El bien siempre triunfa sobre el mal por obra y gracia de Cristo a pesar de las imperfecciones y malas prácticas de algunos enemigos de su Iglesia.
LEOPOLDO AMONDARAIN – CI: 950.556-0
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