Grandes diferencias. Pueden llevarse entre $1.500 y 10.000

Cuánto ganan los uruguayos que trabajan en las calles

Nacho y Gonzalo sienten el tango de una manera distinta. Tienen 8 años subiendo a los ómnibus para difundir su música y dicen que, aunque otros digan que ganan «cifras imposibles, como 1.000 pesos por día», a los uruguayos el dinero no les sobra. «El jornal promedio está entre 250 y 300 pesos. Podés sacar un poco más, de casualidad, o un poco menos, pero andás ahí», dice Nacho.

Los dos jóvenes saben que quienes se dedican al folclore o el género melódico son más populares a la hora de recibir monedas. «Pero nosotros queremos mostrar cosas que la gente no conozca. A nivel monetario capaz que no responden igual, pero yo valoro otras cosas», cuenta Nacho, convencido.

Mientras él toca la guitarra, Gonzalo se dedica al clarinete, un instrumento francamente inusual a la hora de hacer tango. Con él interpretaron Cuesta abajo y Malena. El 187 va semivacío y no son tantas las monedas que tintinean, aunque sí muchos ­aunque tímidos­ los aplausos. Un clarinete que ejecuta un tango no es lo que la gente espera, pero impresiona a varios.

Pancho Escobar es tesorero de Artistas Callejeros Asociados (ACA), que nuclea desde cantantes hasta escritores, actores o pintores que se desempeñan en los espacios públicos, incluido el transporte colectivo. Asegura que con 6 horas de trabajo sobre un ómnibus, por la tarde, puede sacar entre 250 y 300 pesos, aunque afirma que la ganancia es sumamente variable. Como Nacho y Gonzalo, sostiene que algunos artistas «exageran» cuánto ganan ­»porque en esta profesión los egos son muy grandes»­ y que es sobre los ómnibus que se puede conseguir más dinero. «Ahí tenés un público cautivo. Quieras o no, no se van a levantar para irse ­ríe­. Por supuesto, vos les brindás un producto con tu música, y ellos te darán lo que juzguen justo, o no te darán nada. No estamos mangueando».

Para Pancho la clave es ser cortés, tanto con el público como con los guardas y choferes, y conservar la prolijidad. «Sabemos que algunos suben a los ómnibus hasta en estado etílico, pero esos no son los artistas en serio. Luchamos para dignificar nuestra profesión», dice Pancho.

El cantante tampoco oculta que la ley de mercado manda. «Yo tengo temas propios, pero casi no los canto, porque sabés que la gente prefiere escuchar tangos o chamarritas. Tenés que ser un poco psicólogo: si subís a un ómnibus con veteranos, es mejor que cantes un tango. Si hay muchos niños, tenés que arrancar para el lado de la ‘Chivita'», detalla.

Pancho tiene otro trabajo, además de éste, que le garantiza, entre otras cosas, la seguridad social y la cobertura mutual. Sabe que mucha gente no tiene esa suerte: la vida del artista callejero es fluctuante y azarosa. «Muchos compañeros vienen del Interior, se tienen que pagar una pensión y esto no les alcanza ni para eso», señala. Es por eso que ACA «tiene mucho por hacer».

 

La baja de la basura

Heber Díaz sale con su carrito por el Centro cuatro veces por semana. Cada día trabaja entre 6 y 7 horas, y gana 1.500 o 1.700 pesos por mes. Asegura que tiempo atrás sacaba mucho más dinero.

«Bajaron la demanda y los precios», explica Heber, en referencia a cuánto reciben por los materiales que clasifican. El cartón, por ejemplo, que hasta hace poco se cotizaba a peso el kilo, hoy cuesta 40 centésimos. La crisis llegó antes al plástico: por cada kilo del blanco obtienen 2 pesos, y por el verde, 1. Sin embargo, unos meses atrás se podían sacar hasta 9 y 8 pesos respectivamente.

Heber se encarga de aclarar que él trabaja para un intermediario que, a su vez, vende a una gran fábrica. Por eso, con un grupo de compañeros está intentando formar una cooperativa que se desempeñará en Burgues y Aparicio Saravia. El objetivo es claro: «no depender de nadie más».

Tabaré Pírez, vocero de la Unión de Clasificadores de Residuos Sólidos (Ucrus), coincidió con Heber. Subrayó la baja de los precios que reciben, aseguró que actualmente el ingreso mensual promedio es de 2.000 pesos ­aunque admitió que éste puede variar­ y recordó que continúan pidiendo un subsidio al Estado para frenar la intensa crisis social que están viviendo. «Hay emergencia social y clasificar residuos es una estrategia de supervivencia. Para muchos es eso o el delito. Una gran cantidad de compañeros se rebuscan porque consiguen comida para alimentar animales o cosas que venden en las ferias. Pero lo cierto es que, aunque puede variar de acuerdo al volumen o la calidad, muy pocos ganan más de 2.000 pesos al mes», dijo Pírez.

 

Diferencias abismales

Altecir Da Silva le da una mano a un familiar que cuida coches en Rivera y Cassinoni, cerca de la Asociación Española. Allí trabaja 12 horas, de 7.00 a 19.00 Por mes gana 3.500 pesos en promedio, aunque la cifra aumenta considerablemente en diciembre, zafra de propinas, sobre todo provenientes de los vecinos de la zona.

En cambio, el invierno es la época más dura, y en esos tres meses la cifra «puede bajar 1.000 pesos», explica Altecir.

En cambio, en la zona de Tres Cruces, donde hay varios sanatorios con un flujo constante de vehículos, Amabilio Silva, un retirado militar, cuenta que, en promedio, gana 7.000 pesos por mes, aunque admite que en diciembre esa cifra, por lo menos, se duplica. «Con esto me compré mi moto», dice con orgullo, mientras trepa en el birrodado, ante el aplauso de varios vecinos que parecen conocerlo de sobra.

A algunos metros de allí, frente al Hospital Británico, Juan Carlos González, que trabaja de lunes a viernes, 6 o 7 horas diarias, señala una cifra nada despreciable para muchos uruguayos: gana 10.000 pesos por mes en promedio. Sabe de otros cuidadores de la zona que, trabajando 12 horas por día, duplican esa cifra. Admite que es un buen lugar para desempeñar la tarea, pero asegura que los hay mejores. «Mi hijo está en Palmar y Bulevar (Artigas) y en tres horas saca 700 pesos ­afirma. Sacá cuentas».

Eso es, justamente, lo que hacen muchos trabajadores que, casi siempre por necesidad y en algún caso por vocación, encontraron en la intemperie, o a lo sumo al resguardo de un ómnibus, su pan de cada día. Miles se mueven en este mercado más o menos informal donde, unos más, otros menos, con o sin crisis.

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