Sistema de Protección a la Infancia. Varones sufren más violencia física y emocional; niñas están más expuestas a la sexual

El 85% de los agresores de niños son sus familiares; dos tercios son hombres

El Sistema de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav), estrategia multisectorial presidida por INAU, evaluó su gestión desde mayo de 2007. Atendió a 359 niños y adolescentes, y la interrupción del maltrato se produjo en un alto número de casos de violencia sexual y física, aunque no en el mismo grado para la más frecuente: la emocional.

Entre mayo de 2007 y diciembre de 2008, el Sipiav, creado con el objetivo de construir un sistema interinstitucional de atención a la violencia infantil, atendió a 359 niños y adolescentes pertenecientes a 268 familias de Montevideo y Canelones.

El sistema está presidido por el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) e integrado por ANEP y los ministerios del Interior, Salud Pública y Desarrollo Social, con el apoyo de Unicef y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). A través de él, diferentes actores detectan, derivan, atienden y realizan un seguimiento ­en colaboración con las organizaciones de la sociedad civil­ de casos de cualquier tipo de violencia infantil. Y es que los niños y adolescentes no sólo sufren golpes o abuso sexual: la agresión puede tener varias caras.

 

Escuelas atentas

El 19,5% de los niños atendidos por el Sipiav fueron derivados por el Poder Judicial y 16,5%, por centros educativos (9 de cada 10 de estos chicos concurren a alguno). Esto tiene su explicación en el protocolo de atención a la violencia acordado en la educación primaria, que hace que los maestros estén bien preparados para detectar estas situaciones. No sorprende, por lo tanto, que, en 52% de los casos, el Sipiav reciba a escolares.

Los centros CAIF también juegan un rol importante, ya que 11% de los niños atendidos son preescolares. Dos tercios son adolescentes, un grupo etario en el que se espera avanzar y para ello se discute un protoloco para la educación secundaria similar al de la primaria.

 

Cuestión de familia

Al Sipiav llega el mismo número de mujeres y varones, pero no todos ellos sufren el mismo tipo de violencia. Del total de niños y adolescentes, sobre 80% se ejerce maltrato emocional, mientras que 42% ha vivido el físico y 33%, el sexual. El 1% ha sufrido explotación sexual comercial, idéntico porcentaje que el relativo a la violencia patrimonial.

La mayor parte de estos chicos sufre más de un tipo de violencia simultáneamente. La cosa cambia si analizamos los datos según el sexo del niño agredido. Entre quienes sufren violencia física, 57,6% son varones. La mayoría de los agredidos emocionalmente también lo son: 53,7%. En cambio, las niñas son las más abusadas (68,6%) y quienes conforman la mayoría de los casos de explotación sexual comercial (66,7%) y patrimonial (75%).

Los agresores son, en altísima proporción, miembros del núcleo familiar (85%), y 53,4% tiene entre 30 y 44 años. La violencia no es patrimonio de la pobreza: 97% de estos chicos no vive en viviendas precarias y 71,3% no sufre condiciones de hacinamiento.

 

El éxito del tratamiento

Luego de que se derivan los casos, los especialistas intervienen y realizan un seguimiento que incluye el estudio de las secuelas que dejan en los niños las situaciones de violencia.

Los resultados son alentadores para los casos de agresión sexual: 93,9% se interrumpió. En cuanto a los niños que sufren violencia física, 57,5% dejó de vivirla. Sin embargo, la cosa no parece tan sencilla para la violencia más difusa y frecuente: la emocional. Se interrumpió sólo en 17,7% de las situaciones, mejoró significativamente en 22,2% y levemente en 31,7%. Sin embargo, en un cuarto de los casos no se produjo ningún cambio, y en 3,9% empeoró.

El nuevo informe destaca lo difícil que resulta «superar o incluso mejorar significativamente las secuelas que dejan las situaciones que violencia» y subraya que, en relación al primer relevamiento, realizado en 2007, llama la atención un dato positivo: la interrupción de secuelas físicas en los niños se multiplicó por 5. De cualquier modo, la violencia deja su huella: más de 90% de los niños y adolescentes tendrá consecuencias emocionales y relacionales (como primera secuela), y casi 10% también se verá afectado en el plano físico.

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