SANAMENTE

A la espera de un peligro inminente…

Caso:

Los ojos de Carmen parece que brillan en la oscuridad. Está sentada en la cama, atenta, al más mínimo ruido, todo puede ser una señal. No sabe qué es lo que puede esperar, ni cuando sucederá. Solo está segura de que algo va a pasar…

Hace ya varias noches que duerme muy mal. El más leve ruido la despierta y entonces nuevamente siente ese dolor en el pecho, esa angustia que le aprieta el cuello y la seguridad de que algo ocurrirá.

Se ha levantado ya varias veces para revisar todas las puertas y ventanas. Ha recorrido todos los rincones de la casa, uno a uno todos los cuartos y ha mirado aún dentro de los roperos. Todo está en orden. Nada hace presagiar el peligro que Carmen siente que está al acecho.

El otro día se animó a contárselo a su mejor amiga. María la escuchó atentamente, pero por sus amables palabras se ha dado cuenta que tampoco le cree. Nadie se de cuenta de lo que pasa.

Carmen está desesperada, cada noche se repiten el silencio, la angustia, la atenta vigilia y nada… Solo ese garra en el pecho y la garganta. Para colmo de males, ya no solo le sucede de noche. Hoy, mientras iba al trabajo, respirando apenitas por miedo a que ese dolor se despertara al respirar profundo, un sudor frío le recorrió la espalda, las manos le temblaban y la garra en el cuello casi la deja sin aire. De pronto un mareo la invade mientras el corazón parecía salirse del pecho. Casi no pudo esperar a que el ómnibus se detuviera. Solo pensaba en salir corriendo, sin rumbo, pero salir de ese lugar.

Estaba segura que algo había pasado. No supo nada más. Una voz serena y firma le decía: ¡respire profundo!, ¡respire profundo!, ya todo ha pasado.

 

Comentario

El sufrimiento de Carmen revela un estado bastante frecuente en nuestros días. La «espera de un peligro inminente», casi la certeza de que algo va a pasar… es la definición exacta de un estado de ansiedad.

La vivencia de la ansiedad produce ese estado de alerta, dolorosa, sufriente que se va agravando paulatinamente hasta instalarse en forma casi permanente.

Más tarde o más temprano se instala la vivencia del peligro esperado. Ya se terminó la expectativa, de pronto el peligro se cierne sobre la persona precipitando una serie de síntomas como temblor, sudoración, palpitaciones, mareos y especialmente la sensación de ahogo y hasta de muerte.

Se ha producido un «ataque de pánico» o crisis de angustia. Quien ha pasado por esta vivencia sabe del profundo miedo que va invadiendo hasta que se anula cualquier posibilidad de razonar. Todo resulta amenazante y parece que únicamente salir corriendo sin rumbo podrá liberar de esa angustia.

Muchas personas sueles sufrir de estos estados de ansiedad durante mucho tiempo sin encontrar una respuesta a su sufrimiento. Es así que en ocasiones suelen suponer que respuestas mágicas resolverán este desesperante estado de intranquilidad.

La posibilidad de la ocurrencia de un peligro inminente predispone a la persona a vivir temerosa de todo. Por ello suele poner menos atención a sus quehacer ya sea en el ámbito del hogar o en el trabajo y aún en el tránsito. Las largas noches de insomnio agravan esta falta de atención que facilita la aparición de pérdidas, olvidos, accidentes, etc.

De alguna forma parece que estos hechos confirmaran el anunciado peligro. Sin embargo son la consecuencia de la disminución de la atención por la ansiedad. Se configura así un círculo vicioso que alimenta el temor y la ansiedad que a su vez refuerza la vivencia de nuevos peligros.

Es frecuente que la consulta con el médico o mejor aún con el psiquiatra se demore retardando el diagnóstico y agravando el sufrimiento..

De pronto la fulminante vivencia en el cuerpo del esperado y temido peligro sumerge a la persona en el llamado «ataque de pánico». Es entonces que la consulta médica no se hace esperar. La experiencia de dificultad para respirar junto al temor a morir son una causa frecuente de los llamados de las unidades de emergencia.

El prejuicio contra la consulta especializada, lleva a muchas personas a cargar con su sufrimiento por tiempos prolongados. Mientras tanto se van agregando síntomas de la esfera psíquica y física que disminuyen la calidad de vida y la capacidad para enfrentarse a las adversidades cotidianas.

La información y difusión de las características del trastorno de ansiedad y los ataques de pánico facilitarán la consulta precoz evitando el agravamiento o la aparición de síntomas de depresión que suelen acompañar a estos cuadros. Es frecuente que algunas personas intenten superar estos síntomas recurriendo al consumo de alcohol. Esta aparente solución, es una trampa que, infelizmente, atrapa a quien toma este camino. A los problemas iniciales se sumarán los derivados del consumo de alcohol. Solo espera a esta persona un camino penoso de diversos síntomas que cada vez lo alejarán de una vida saludable, haciendo realidad lo enunciado en el título de esta nota. La consulta especializada es un camino que resuelve con relativa facilidad este tipo de cuadros. No dude en ayudarse o ayudar a quienes se encuentran atravesando por situaciones similares a las de Carmen.

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