Cuando la predicación suena a payada
De su ministerio y habilidades artísticas, LA REPUBLICA habló con el cura Molla. Claro que a la hora de escucharlo opinar en materia de homosexualidad, celibato y aborto la encordada quedó de lado y el religioso manifestó plenamente, aunque aclarando que es la misma la opinión de uno y otro.
–No es frecuente escuchar a un payador cura. ¿Cómo nace todo esto?
–Se dice que soy payador. Yo admiro mucho al payador y Dios me dio esta gracia de poder improvisar y aprender de los grandes. Se dice que no se nace, sino que se hace. Hace dieciséis años que soy sacerdote y con esto de payar hace ocho que ando. No me animo llamarme payador y en todo caso siempre como sacerdote, no un día payador y otro día sacerdote: siempre cura. Con la misión del sacerdote, que es acercar la gente a Dios. Llevar el mensaje de paz, alegría, en un mundo donde hay tanto de triste, de feo, llevar un poco de paz. Y qué lindo que Dios me dio este don porque de pronto estoy llegando a un lugar donde por ahí los sacerdotes no llegan, como es un encuentro de payadores, jineteadas.
En Argentina tengo casi todos a los domingos, o dos o tres veces al mes, en algunas criollas, la misa, donde hago el sermón en verso. El domingo que viene tengo en un pueblo de Buenos Aires veinte chicos para bautizar en una criolla. Dios me da este don para que lo ponga en beneficio del Evangelio y, a pesar de mis limitaciones, creo que es lo estoy haciendo.
–¿Cómo se complementan estas dos cosas?
–La persona es una sola. Cuando improviso soy cura, no me puedo olvidar de eso. Juan Pablo II decía que la evangelización debía ser nueva en sus métodos, en su expresión y en su ardor. Creo que acá hay una expresión nueva y un método nuevo, también.
–¿Dónde ejerce su ministerio?
–Soy cura párroco de un pueblo que se llama Seguí, cerca de Paraná en Entre Ríos. Pero soy nacido y criado en María Grande, cerca de Santa Fe.
–¿Cómo se conjuga la religiosidad en el payador?
–Los payadores son todos religiosos. Si usted se pone a escucharlo, lo verá. Quiero hacer un trabajo: «Dios en la payada», porque está siempre de por medio. Los payadores en su gran medida son gente muy buena y donde está el bien, está Dios. Cada uno tiene la manera de manifestarse o de manifestar su amor a Dios, su creencia, pero todas son muy religiosas.
–¿Recuerda a algún otro cura payador?
–Dicen que no existió, hay sacerdotes que cantan, por supuesto. Se menciona a alguno que improvisaba, pero no era payador porque no sostenía el contrapunto.
–Si tuviera que nombrar a algún payador de la actualidad, ¿quién o quiénes serían?
–Para mí el más grande es José Curbelo, uruguayo. Le sigue Walter Apesetche, Elido Cuadro, gente que admiro mucho. Y después tenemos una camada de payadores jóvenes argentinos que son muy buenos.
–¿Cómo se ve la Iglesia ante los sucesivos gobiernos progresistas que se están dando en la región?
–Siempre cuando hay cosas que no se oponen al Evangelio, la Iglesia las aprueba, porque la mayoría, tanto en Argentina como en Uruguay, son hijos de la Iglesia por el bautismo. A veces se opone cuando una cosa no está bien, y eso es normalmente cuando esa cosa no está a favor de la gente. El cardenal Bergoglio tuvo una frase muy fuerte una vez en Argentina, que decía, que por ahí hay algunos gobiernos que fabrican pobres para que la Iglesia los mantenga. Porque es cierto, en algunos lugares de Argentina pasa, ¡ojo que hay políticos muy buenos!, pero a veces pasa que se acuerdan de la gente cuando hay elecciones.
–Si en el escenario, algún colega payador le lanza temas como homosexualidad, celibato o aborto. Usted ¿cómo se expresa?
–En el tema de la homosexualidad hay que odiar al pecado, pero amar al pecador. Entonces los respeto, los quiero, los acepto, los atiendo, los aconsejo, porque son hermanos míos y tenemos que ir al cielo juntos. Los animo a hacer siempre el bien. Y si su conducta es equivocada, que traten de enmendarla.
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