Celebración del Viernes Santo antecede la fiesta de la Pascua
A lo largo de toda la semana la Semana Santa la colectividad católica recordó la pasión y muerte de Jesús. Con especial recogimiento en las dos jornadas previas, la del jueves y la del viernes, en las que se evocó especialmente la institución de la Eucaristía y la crucifixión de Jesucristo.
Ya en la jornada de hoy se ingresa en la vigilia pascual y mañana en el Domingo de Resurrección, festividad máxima, en la que se celebra el triunfo de la vida sobre la muerte, de la virtud sobre el pecado.
Seguramente ya en la jornada de hoy se conocerá el mensaje pascual del arzobispo Nicolás Cotugno, máxima autoridad de la Iglesia local. Fuentes cercanas a monseñor, dijeron a LA REPUBLICA que ayer estaba retocando el mensaje, y que se conocería enseguida que estuviese pronto, pero que por el momento no había certeza respecto del momento en que eso se iría a producir.
En oportunidad de la Pascua del año pasado, el mensaje pascual de Cotugno hizo énfasis en destacar el papel de los católicos como «testigos de la resurrección» de Jesucristo, como un «don de la fe» que permite percibir «con mayor claridad que esta fe no es ninguna capitulación de la razón, al contrario, es su máxima promoción».
Dijo en esa ocasión Cotugno que «en este contexto, se entiende un poco más, en su justo alcance, el gesto de Juan Pablo II de pedir perdón por los errores y pecados de la Iglesia a lo largo de los siglos por haber opacado con sus anti-testimonios el resplandor de este Cristo resucitado».
Pidió a los católicos que «no miren el barro que nos ensucia» y sí que contemplen «las antorchas de la luz del Resucitado prendidas por amor que El manifiesta aun a pesar de nuestros pecados e infidelidades».
Dijo también Cotugno en esa oportunidad: «Al encontrarme con personas que no tienen fe y que son intelectual y éticamente honestas y coherentes, intuyo lo tremendamente impactante que es para ellas, el aceptar que una persona, muerta, vuelva a la vida y con características tan impensadas y no experimentables, que le exijan, para su inteligencia, firmar un cheque en blanco que, en este caso, pone la propia libertad y
la propia razón a disposición del destinatario del cheque».
También en esa oportunidad monseñor Pablo Galimberti, obispo de Salto, planteó que «la fe de esta iglesia tiene que despertarse y madrugar», porque «en muchos hay sensación de una fe adormecida, atada con alfileres, desilusionada».
Llamó a buscar el contacto cercano con Jesucristo, a la participación en la misa del Domingo, «en la búsqueda de tiempos de la jornada en que apagando la televisión, intentamos hacer silencio y hablamos con Dios presente en el corazón que lo busca».
«Hoy vivimos en un mundo de placeres sin alegría. Pasarla bien sin pensar en cómo queda el conciencia cuando se rompen códigos íntimos que nos sustentan. Y al quedar insatisfechos y medio vacíos se busca en forma compulsiva el placer excitante y la diversión que aleje la amenazadora soledad», dijo Galimberti.
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