LOS MOTINES Y EL ENCIERRO

­¿Cómo fue la relación con el padre Mateo?

­Fue buena, pero creo que no tenía toda la información cuando aceptó el cargo.

­¿Cuando usted asumió su cargo tenía toda la información?

­No sé si toda, pero sí, bastante. Aun así me llevé muchas sorpresas, sobre todo en el Interj. Muchas se develaron en el famoso motín de junio de 2005. Yo daba órdenes y había funcionarios que miraban para otro lado.

­Viven en encierro permanente.

­Sí. En algún período de 2007, que fue muy calmo, hubo mayor flexibilidad. Pero eso se deterioró porque la privación de libertad no es un problema de gestión, sino mucho más complejo.

­Algunos han señalado que los funcionarios no trasladan a los muchachos a desarrollar estas actividades por falta de seguridad.

-No es imposible. No se ha podido implementar, entre otras cosas, porque los proyectos educativos de la Colonia (Berro) son muy inestables. Hay una tendencia a suprimir tareas consideradas superfluas. Es más, hay una expresión instalada en algunas decisiones gremiales: si se da alguna situación, los funcionarios sólo van a dar la atención básica a los internos. Y saben que no lo van a poder sostener mucho tiempo porque genera episodios de violencia.

 

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