TIENE LA PALABRA
Muestra de un gran pintor en el Museo Zorrilla
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Conocí a Juan Carlos Montero Zorrilla (Carlotes para sus amigos) unos días después de la gran tormenta del 66.
Yo tenía por entonces 16 años, y su hijo, Chingui, que trabajaba conmigo en la Agencia EFE, nos llevó a mi hermano Alvaro y a mí a presenciar, desde la torre de su casa, en el predio del Museo de Carruajes Fernando García, un anunciado retorno de la tormenta.
Esta nunca se produjo y pasamos la noche de charla en compañía de su padre cuyos dotes de pintor yo por aquella época desconocía, que nos enseñó el museo de carruajes del que era conservador.
Unos años después, me reencontré con los mismos carruajes, pero ahora plasmados en los cuadros de Montero, que colgaban de una exposición en Amigos del Arte presentada por mi padre, Guido Castillo. Recuerdo que me impresionaron hondamente.
Ahora, al reencontrarme con su obra después de casi cuarenta años, vuelvo a sentir la misma impresión de aquel entonces.
Hago míos aquellos conceptos de Guido cuando expresaba: «Estos carruajes tienen un halo misterioso y nos hablan de soledad y recuerdos. En ellos, Montero, además de un sello propio, nos descubre una fina y profunda sensibilidad; su pintura tiene magia y poesía».
En algunos cuadros de la serie de los carruajes lo más valioso y original de la obra de Montero, el artista pasa de las formas figurativas y geométricas a la abstracción casi total.
En mi opinión no es exagerado hablar de «los carruajes de Montero» de la misma forma que lo hacemos al referirnos a «los candombes de Figari» o las «lunas de Cúneo » .
Montero comenzó a pintar en su niñez, en la década del 20. Mucho más tarde, concurrió por breve tiempo al taller Torres García, pero mantuvo siempre la originalidad del autodidacta.
Sobre él escribía el poeta Ernesto Pinto: «Ha pintado siempre con humildad y con fervor, silenciosamente, siguiendo su estado interior irrenunciable».
En esta búsqueda de sí mismo, fue transitando diversos períodos.
En la retrospectiva que se expone estos días en el Museo Zorrilla podemos seguir la trayectoria del artista, desde los temas de Punta Carretas en los años 40 y 50. Sigue por los espléndidos carruajes de los años 60.
Continúa en los años 80, tras un silencio creativo de más de diez años, que coincide con el período de la dictadura, con el retorno a los paisajes, ahora de Maldonado, marcados por una paleta más libre y colorida, y culmina a principios de los 90, con la búsqueda de la simplificación en sus últimos cuadros de Florianópolis.
Sin duda estamos frente a la obra de un gran pintor, cuyo nombre se acrecentará con el tiempo.
FERNANDO CASTILLO EDITOR ESPECIALISTA EN ARTE
Lacalle y la seguridad
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Escuché al Dr. Lacalle, precandidato del Partido Nacional, hablar, desde Paysandú, sobre el problema de la «seguridad», que sin dudas es uno de los más difíciles problemas a resolver, de ahora en más, por encima de banderías políticas.
Nunca escuché tergiversar más las leyes y la realidad, como lo hace este señor en sus declaraciones; las leyes promovidas por el actual gobierno, sobre «humanización de cárceles», tomada por él tan a la ligera, no busca liberar a todos los presos, no busca sacarle apoyo a la Policía o al Poder Judicial como él lo insinúa. Habla de «mano fuerte» para solucionar el problema ya nombrado.
Pero, ¡qué hombre desmemoriado el señor Lacalle! ¿Se olvidó usted, cuando fue presidente, por ejemplo del caso, del químico chileno Eugenio Berríos, asesinado en Uruguay por militares chilenos en complicidad con algunos malos militares uruguayos? ¿Se acuerda usted que dos generales lo fueron a visitar para decirle que dejara ya el «caso Berríos» y carraspearon fuerte, y usted como «cusquito asustado» metió la colita entre las patas y ordenó armar todo ese teatro de Berríos, sonriente, leyendo un diario italiano, en el sol mediterráneo?
¿Se olvida usted, «hombre de mano fuerte», de lo mal que trató al Instituto Policial, bajando sueldos, no dando recursos mínimos para tan noble trabajo, que llevó a la huelga policial de entonces?
¿Se olvidó, Dr. Lacalle, de poner «mano dura» en el caso de Focoex, en el cual se «tapó» una de las más grandes estafas contra la Nación? ¿Se olvidó de poner mano dura en las estafas bancarias en la que resultaron procesados, tiempo después, jerarcas de su gobierno?
Dr. Lacalle, gobernantes como usted, Sanguinetti, Batlle, fueron los que crearon este caso, esta ruptura de la trama social, haciendo que se perdiera toda esperanza de lograr con el trabajo lo que todo ser humano tiene derecho; fueron ustedes los que hundieron a nuestro pueblo en la más absoluta pobreza, concentrando más que nunca la riqueza en cada vez menos ricos, más ricos.
Dr. Lacalle, tenga un poco de humildad y reconozca que los nubarrones que hoy azotan a nuestras sociedades latinoamericanas tienen como causa esencial esa política antihumanista y antinacional, que usted y otros, durante los últimos 30 años, implantaron en estos pueblos, primero con la prepotencia de las bayonetas y luego con las políticas liberales que siguieron aplicando como forma de empobrecer a nuestros pueblos, llevadas a la práctica una y otra vez.
Dr. Lacalle, no va a existir paz social, ni seguridad, mientras no se logre «justicia social» que haga que en todas las mesas haya el pan necesario para vivir con dignidad. Saludo a usted muy atentamente.
JUAN RAMON SUAREZ C.I. 3.693.574-0
Un saludo sostenible desde España
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
De mi mayor consideración:
Me es grato contactar con usted desde España, esta vez, preocupada por la conservación del medio ambiente en Uruguay.
Constatamos que en la ciudad de Minas y aledaños, se quema la basura municipal sin que nadie penalice a los responsables.
Es así que decidí escribirle para que usted colabore con la campaña que desde aquí estoy promoviendo para que autoridades y ciudadanos en general tomen este tema con la seriedad que merece y empiecen a trabajar juntos en la creación de sistemas sustentables del manejo de residuos.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué en Lavalleja no se utiliza el procedimiento de «relleno sanitario» que consiste en compactar y enterrar los residuos? Tengo entendido que en Montevideo es el método que se aplica.
También soy consciente de que para este departamento se han estudiado medidas que se han puesto en práctica sin ningún resultado positivo.
De nada sirven las leyes, decretos u ordenanzas si nadie las hace cumplir.
No hemos tomado conciencia de las consecuencias que ya estamos padeciendo en relación al cambio climático.
Creo que las autoridades deberían tomar medidas al respecto. Minas es una ciudad turística, la cual debemos proteger y conservar limpia de olores y humaredas contaminantes.
Y por último quiero agradecerle lo que dentro de sus posibilidades pueda hacer y felicitarle por su diario, el cual leo a través de Internet.
Atentamente,
GABRIELA GONZALEZ PARODI C.I. 3.822.597-7
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