TIENE LA PALABRA
Segunda respuesta
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Le comunico a Julio Romero que ya reconocí mi error en respuesta publicada el 5 de marzo a Carmen Fermín, que advirtió lo mismo que usted.
Una parte del mismo (no todo) se debe a la confusión del término billones, que en español significa millón de millones y en inglés (billions) también, mientras en el sistema francés y norteamericano, con esa misma escritura, representa mil millones. Procuraré corregirme en el futuro, porque de estos temas habrá que seguir hablando.
La crisis va para largo, y se acentuará en extensión y profundidad.
NS
Las formas de la violencia
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Hace unos días vi en la prensa declaraciones de dirigentes del Sindicato Médico del Uruguay y posteriormente leí un artículo de prensa que entre muchas cosas decía: «¿Qué nos está pasando cómo sociedad, para tener estas inexplicables reacciones? ¿Será que la violencia está ganándole terreno a la salud? ¡Basta de violencia contra los médicos y los trabajadores de la salud!» haciendo referencia al asesinato del neurólogo en la ciudad de Salto a manos del esposo de una paciente fallecida.
A consecuencia de este episodio y después de varios días de pensarlo me decidí a escribirle para contarle lo que pasó hace 19 meses con mi madre, la cual tenía en ese momento 80 años. A principios de 2007 se le detectaron dos tumores en los ovarios; luego de una reunión que tuvo mi hermana con uno de los médicos especialistas que intervinieron en la operación, este le aseguró que nos quedáramos tranquilos, que él ya había decidido no darle anestesia general ya que mi madre es hipertensa, asmática y tenía 80 años. Después de mucha reflexión y de conversarlo con los familiares, ya que era una operación de riesgo para ella por el tema más que sabido de que la anestesia le podría hacer mal y, a la insistencia de que se quería operar, decidimos finalmente acceder al pedido del médico tratante, que tenía miedo de que se le reventaran y ahí iba a ser peor…según él. Todavía tenemos una foto que le sacamos minutos antes de llevarla a la sala de operaciones; estaba contenta porque al final iba a salir de eso que la tenía tan preocupada que pasaba las noches sin dormir. Hoy hace 19 meses que mi viejita está hemipléjica; no se puede levantar de la cama, no camina, hay que llevarla en peso al baño, hay que higienizarla, hay que darle la comida en la boca. Toma varios medicamentos, antes sólo uno para la presión. Antes vivía sola, ahora tiene que tener quien la asista las 24 horas y todo gracias a que no se cumplió con lo dicho en aquella reunión con mi hermana. Sea dicho de paso, nunca se apareció a dar alguna explicación.
Después de la operación pasó inconsciente, con la pierna izquierda dura como piedra y moviendo continuamente en el aire el brazo derecho toda la noche y nadie nos vino a decir qué le pasaba; recién al otro día, cerca de las 18.00 horas, apareció el tratante con otro que no había estado en la operación, a decirnos que la anestesia no tenía nada que ver, que lo que le pasó le podría haber dado tomando mate en casa (¡¡??). Creen que somos ignorantes, porque no soñamos lo que le dijo el anestesista a mi hermana. ¿Qué tendríamos que haber hecho? ¿Denunciarlo? No, ya que sus colegas ya lo habían «absuelto» de la culpa al otro día del crimen. ¿Denunciar al que la operó? No podemos afrontar los gastos que demandaría un juicio como este.
Pero la historia no termina aquí: al año de la operación (junio de 2008) mi madre pasó cinco días descompuesta del estómago, hasta que decidieron internarla para estudiar qué le pasaba. Durante los tres días que estuvo internada no le dieron la medicación que estaba tomando desde hacía un año; al tercer día le dan el alta y a la hora de estar en casa le vinieron cinco convulsiones, dos en la ambulancia y no sé cuántas en la emergencia. Terminó en el CTI. En la emergencia alguien miró la historia y comentó: «Che, tres días sin medicación, otra más». Lo dijo delante de nosotros, con mi hermana no lo podíamos creer. Debo reconocer que no todos son iguales ya que hay médicos que se preocupan, van y vienen para saber cómo está. Cuando yo era chico igual si no estabas enfermo pasaba el médico por casa sin necesidad de llamarlo. Era el Dr. Ledesma, ese sí médico de cabecera con vocación y al cual se le tenía respeto.
Me da gracia leer que se hizo una «jornada de reflexión» en Salto para alertar sobre los riesgos de los profesionales de la salud (¡¡¡???). Y la gente afectada ¿qué tenemos que hacer? ¿Callarnos la boca y hacer como que no pasó nada? Yo diría, ya que están tan preocupados, que hagan «jornadas de reflexión» al revés, empezar por casa, investigar cómo atienden a los pacientes, si el procedimiento fue correcto y que cuando pase lo que pasó en Salto no salgan a culpar a la gente sin antes investigar, porque tiene que haber pasado algo muy grave para que actuara de esa forma. Con esto no justifico que se haya matado a un médico pero la reflexión debe de hacerse para ambos lados pues evidentemente malas personas o inhumanas, existen de los dos lados.
A mi vieja con 80 años le hicieron una histerectomía con extirpación de ovarios. La «vaciaron», como comúnmente se dice, y no sólo eso, los tumores que tenía no eran malignos ya que los analizaron después de sacarlos. ¿Por qué no le hicieron una biopsia primero? Van a decir que no se podía vaya uno a saber por qué… Ellos son los «especialistas».
Sin más y agradeciéndole la publicación de la misma, lo saludo atentamente,
HUGO UNGO C.I. 3.729.764-6
El equipo Obama
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Por estos días (creo que el 16) se cumplen años de la masacre de «My Lai» en Vietnam. Habitantes de esa aldea en la cual la furia de un batallón de Estados Unidos (drogados) mató a niños, mujeres y ancianos por el puro placer de matar, siguiendo las enseñanzas que recibían en los distintos regimientos en su país.
Un piloto de helicópteros tuvo la osadía de denunciar el hecho, que en Estados Unidos se difundió ampliamente. El sargento responsable de la orden de disparar a diestra y siniestra tuvo una medida ejemplarizante de condena a cadena perpetua (sólo cuatro meses) por la eficaz ayuda de alguien que ya hacía méritos para su futuro. El general Colin Powell fue el defensor. Sí, el mismo que ahora está en el «equipo Obama».
Bueno es recordarlo, mi querido Director, y que los que aspiran a un cambio en las turbias mentes del poder en Estados Unidos vayan sopesando esto; con gente como este halcón, difícil para Sagitario…
Un abrazo,
EDUARDO ANZUELA C.I. 1.508.029-5
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