TIENE LA PALABRA

Aclaración  a Juan Pueblo

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

En una nota sobre el triunfo de Relento en el José Pedro Ramírez, me refiero a Zelmar y la fundación del Frente Amplio, con el ánimo de ilustrar a los lectores de LA REPUBLICA de una anécdota política a pretexto de las carreras de caballos en Maroñas, la cual refiere al primitivismo político de ciertas «bases» del partido en que me encuadraba en aquel entonces. El PC, del cual era integrante del Comité Central y del Comité Departamental de Montevideo. Y eran las resistencias, los prejuicios invocados para aceptar alianzas por parte del partido con sectores y personalidades políticas de otros partidos, y en el caso de Seregni, por ser militar y haber tenido mando de tropa en el difícil y complejo año 1968. No me referí por razones de espacio a lo duro que fue explicar que había que votar bajo el lema ¡Partido Demócrata Cristiano! Expliqué que pese a todas las resistencias habidas y por haber, prevaleció el factor unidad, gestado en las calles, en las barricadas, en las innumerables censuras y clausuras de prensa, en el debate parlamentario, en los paros, huelgas en las empresas, en las muertes estudiantiles, y el impacto de fenómenos nuevos como el MLN y sus acciones con sus pro y contras; todo ello generó la necesidad de unirse más allá de matices y diferencias que existían ¡y de qué manera! Sólo una imagen: en el Partido Comunista Italiano, con 12 millones de votantes, no podían creer que en Uruguay votásemos juntos en aquel entonces comunistas y Demócratas Cristianos.

Lo inédito se daba en el Uruguay, una sola central obrera, una unidad obrero estudiantil solidaria, arraigada, una intelectualidad de izquierda lúcida, y una fuerte capa media que quería cambios, y sus aliados naturales aparecían: los obreros en la ciudad y los asalariados en el campo.

En ese cuadro está mencionado Seregni, y algunos «sarpullidos» existentes, digamos en sectores prejuiciados o mal informados para abreviar. El mencionar que Seregni «militarizó» la universidad y los bancos, lleva a Juan Pueblo (en una buena) a precisar hechos históricos, y de paso descarga una ácida crítica al autor del artículo. En primer lugar, debo admitir un error gramatical; debería haber, en la misma dirección que menciono los cuestionamientos a Alba Roballo (de cuya grandeza histórica omito escribir) ya que entrecomillé la referencia a esa gran mujer, forjadora del Frente Amplio, debería haber entrecomillado la referencia del general Seregni, a cuyo rol y bondades no me referiré ya que no es el sentido de esta aclaración.

Escribimos lo que alguna gente atrasada, primitiva, especulaba; es cierto, la calumnia de los grandes medios inducía a falsas conclusiones, recuerdo el artículo del inefable diario El País, acusando a Seregni de ser empresario.

De todas maneras cabe aclarar que en el año 1968, el general Seregni ocupó la comandancia del Ejército en lugar del general Borba, ocasionalmente.

Dejamos hablar al general Seregni (Seregni – Rosencof, pág. 120):

«…Cuando… la movilización de los bancarios… intervinimos las tres fuerzas. Yo estaba un poco a cargo del Ejército (eso es comandancia) y se dividieron las armas de acuerdo a la jurisdicción geográfica… el Ejército que tomó el resto hacia el Centro…»

Más adelante Seregni continúa:

«Yo dispuse que la unidad en la cual fundamentalmente se concentrara a los bancarios movilizados (militarmente) fuera el 9º de Caballería».

En este libro escrito por Fernando Butazzoni hay reflejos reales contados en un «mano a mano» por Seregni y Mauricio Rosencof de ese período tan complejo que nos tocó vivir a todos en la década del 60.

Para que compruebe Juan Pueblo las confesiones persisten consultando en Wikipedia la biografía sobre Líber Seregni (//es.wikipedia.org/wiki/Liber_Seregni): «Llegando a ser jefe de la Región Militar Nº 2, con asiento en San José, y luego de la Región Militar Nº 1, con asiento en Montevideo. En esta función debió reprimir protestas gremiales que crecían ante la escalada represiva del gobierno de Jorge Pacheco Areco (Partido Colorado) en un marco de descontento y protesta social». Sobre la universidad, si bien es cierto lo que escribe sobre el acta firmada con las autoridades universitarias, en torno a estos operativos, incluidos allanamientos (no encontrándose nada comprometedor), se refiere Seregni en el aludido libro (Seregni­Rosencof), inclusive incorpora la anécdota de un fusil olvidado por un soldado dentro de la universidad, a la vez Rosencof dialoga sobre ese hecho con Seregni y recuerda el despliegue militar sobre la universidad.

En síntesis, agradezco la firmeza de Juan Pueblo al batirse por su versión de la historia objetiva. Quisimos reflejar lo que se decía, las trabas que tuvimos que vencer para forjar el viento que nos diera una auténtica primavera.

DARI MENDIONDO BIDART

 

¿Quién no se da cuenta?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

El poder adquisitivo de los uruguayos aumenta día a día.

Y cuando los paupérrimos bolsillos de otrora comienzan a adquirir su status perdido, esos mismos uruguayos consumen. La mejora de la calidad de vida, en este sistema capitalista implica que se deban adquirir bienes y servicios con los ingresos de cada uno.

Todas las encuestas y estadísticas, oficiales o privadas, confirman esta tendencia. Se superan año a año las ventas en las fiestas tradicionales, cada vez se venden más pasajes, etcétera, etcétera.

No ha habido aumentos en los costos de muchos productos de la canasta básica, salvo las frutas y verduras por la sequía pasada. No obstante, apareció un importante brote inflacionario, con el agregado que han caído los precios internacionales de todos los commodities.

EL gobierno ha advertido que esto se debe a la más pura y dura ley de oferta y demanda. La consecuencia es un traslado del excedente de una sociedad a las empresas que son formadoras de precios. Como ocurre históricamente, estos sectores son entusiastas defensores del liberalismo, cuando las cosas les van bien, pero, a la primera de cambio, hacen cola para pedirle al Estado que atenúe sus «pérdidas».

Cuando ellos ganan, no distribuyen nada, por cierto. Y esta es una de las tantas coas por las que renegamos de tan injusto sistema. Para evitar ese arbitrario aumento de precios, el gobierno acordó con las principales empresas de la alimentación, una larga lista de precios más accesibles a la población.

No lo sabemos, pero es de suponer que en ese acuerdo, se ofrece por parte del gobierno una quita en algunos impuestos, o un estiramiento de plazos para hacerlos efectivos, u otras medias por el estilo. Es decir que el Estado a través de nuestro gobierno sustituye parte de esos aumentos con dinero de todos nosotros. De esta forma a la población llegarían una serie de productos básicos con precios accesibles. Consideramos que las empresas que acuerdan con el gobierno deben cumplir con lo pactado, incluso por el hecho que no pierden ni un céntimo en esa operación. Pero luego existe toda una gama de intermediarios, desde mayoristas, distribuidores, grandes superficies y otras no tan grandes, como supermercados y autoservicios. Lo primero que se debe tener en cuenta es que todos estos comerciantes se han visto beneficiados por la política económica, pues al aumentar los ingresos netos de la población, ellos han podido, a su vez, aumentar sus ventas en cantidad y con mejores utilidades por unidad.

Lo segundo a destacar es que esos beneficios a la población casi no se aprecian. En las grandes superficies, aparecen algunas «ofertas», en el sentido de lo acordado con el gobierno, pero sospechamos que no se cumple a cabalidad.

En los otros establecimientos brillan por su ausencia los precios bajos.

Y no digamos nada sobre lo que ocurre en el Interior, donde
parece que esas noticias directamente no llegan.

Y lo tercero a consignar es que por estos ámbitos no rige la ley de libre competencia, pues los supermercados pequeños, autoservicios, etcétera, son tomadores de precios.

Y la pregunta surge sola. ¿Adónde fue a parar lo invertido por el Ejecutivo?

Acá hay gente que está ganando por ambos bolsillos. Y la población sigue de rehén de esa maldita ley de oferta y demanda. Tal vez halla que pensar en un resurgimiento de algo parecido a la Coprin, pero con otras pautas. Prefiero invertir en un plantel idóneo de inspectores y empleados que están sobrando en otras reparticiones, que gastar dinero sin recibir nada a cambio, como ocurre ahora. Pero esto debe ir respaldado por ciertas leyes si fuera necesario. Esos inspectores serían contratados, a su vez fiscalizados por inspectores de la DGI. Y si se comprueba alguna situación irregular deberían ir presos, además de devolver lo que no le corresponde.

No queremos volver a la vieja Coprin, en la que las hormigas, como en la vieja IMM, se llevaban el azúcar. Entendemos que el Estado no debe asumir la venta total de comestibles, pero bien pudiera manejar algún ente testigo.

Ese ente debería ser bien administrado, de modo que no fuera necesario acudir a las 6 de la mañana a hacer cola, porque a las 8 ya se terminó el stock, por ejemplo.

Esta es apenas una muy modesta idea, pero algo habrá que hacer.

Y nos gustaría oír a los precandidatos de todos los partidos sus propuestas en este sentido.

Lo que no es posible hacer es el «control de precios» como lo piden algunos ortodoxos. Pues para eso se debiera hacer una revolución mundial, la que, por el momento, no se vislumbra.

 

LUIS FERNANDEZ[email protected]

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