Distancia entre plantaciones. "La normativa no se respeta y tampoco es efectiva"

Constatan contaminación transgénica en cultivos de maíz

En el marco del simposio «Organismos modificados genéticamente, su impacto en la producción y en el medio ambiente», realizado el 2 y 3 de marzo en la Facultad de Ciencias, fueron presentadas las pruebas que ponen en tela de juicio la política de coexistencia de cultivos genéticamente modificados, que comenzó a regir a partir de julio de 2008.

Para las pruebas se tomaron muestras de maíz de chacras con plantaciones transgénicas y no transgénicas, que por su cercanía y por la coincidencia de las fechas de siembra presentaban situaciones de potencial riesgo. De cinco casos se constató la contaminación en tres.

En comunicación con LA REPUBLICA, Pablo Galeano, responsable de la investigación, explicó las características del estudio y los resultados.

«En dos de los tres casos en los que se constató contaminación, no se respetaban los metros de distancia entre los cultivos trans y los no trans, lo que significa que en los pocos casos que es acatada, no resulta efectiva», afirmó.

La reglamentación existente establece que debe existir un mínimo de 250 metros entre las plantaciones de maíz transgénico y las tradicionales. En el estudio de campo se verificó contaminación en chacras con 330 metros de separación. En las otras dos situaciones no se respetaba la normativa: la distancia era de 20 y de 100 metros, respectivamente.

Galeano explicó que si bien no hay evidencias que demuestren que el maíz transgénico cause riesgos para la salud, es un producto que contiene una bacteria en el genoma que produce enfermedades en las plagas y por tanto las combate, lo que puede provocar alergia en el consumidor.

El investigador señaló que la principal preocupación es el riego que corren los recursos genéticos locales, ya que no hay evidencia de peligro sanitario. «Lo que está en juego es la soberanía como país. De continuar la contaminación nos quedaríamos sin especies de maíz locales, lo que impediría el perfeccionamiento de las semillas. Detrás de los transgénicos hay grandes compañías que cobran regalías. Además no hay criterios de regulación de riesgos: las toxinas de los trans afectan la microflora del suelo; de eso no hay estudios realizados en Uruguay», agregó Galeano.

Al respecto Karin Nansen, integrante de Redes Amigos de la Tierra, aseguró: «Este tipo de productos, al contaminar las variedades locales, afecta la biodiversidad agrícola. El efecto social, que es más grave en el caso de la soja, es el desplazamiento de los pequeños productores y de la lechería».

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