Serenata Africana merece verse por su rico contenido. Surge una nueva estrella en el firmamento

Colombina y Caballeros dieron un paso adelante rumbo a la Liguilla

El hecho de estar desde hace 25 años trabajando en el periodismo carnavalero, nos ha permitido descubrir distintas facetas de la fiesta: Una ­que como amantes de la bacanal preferiríamos no haberlo hecho­ que es, llamémoslo así, «el entorno político del concurso» (reglamentos, entorno de los jurados y los mecanismos que se emplean para privilegiar a algunos); otra, el esfuerzo que realizan algunos directores para plasmar sobre un escenario su sueño.

Alejandro Prieto, María Victoria Riñón y Edgardo González son un claro ejemplo de ello. Los dos primeros, tras la desaparición física de José De Lima se han esforzado por mantener enhiesta a su Serenata Africana y el último es el hacedor de «Todavía no se sabe». Son «laburantes», gente capaz de restar un «mango» de sus hogares para invertirlo en su pasión, no siempre con la misma suerte. En el caso de la comparsa, lograron desarrollar una buena idea inspirada en «la contaminación ambiental», con cuadros muy ingeniosos como «El milongón en el fondo del mar», respaldados por una cuerda de tambores contundentes, dos bellezas como vedette y una bailarina de excepción como Cinthya Rodríguez; carecen de oropeles, solistas de peso, pero saben compensarlo con el contenido. Y eso, en definitiva, sería lo que debería primar. La murga pretendió que fuera «Un día muy especial» (su propuesta) y para lograrlo arrimó para esta rueda a José Dorta como maquillador (notable como siempre) y contó con un inspirado Gastón «Ruso» González, un debutante que, por momentos, nos hacía recordar a «Abrojo» Cadenas, con sus movimientos constantes y su mímica, desde un ángulo del escenario, que se convirtió en un imán, ya que las miradas, en forma reiterada, convergían en él; una estrella que empezó a brillar con luz propia, más allá de ser hijo de un famoso. Pero, el libreto poco ayudaba y quedaba en pie lo individual: Carlos Cabral ­muy sólido y efectivo­ y las voces de algunos de sus solistas como Luis Quintana, «Azuquita» Cáceres y Hugo Márquez.

 

La plata como ayuda

Colombina Che apostó este año a «Cacho» Denis, un iluminado, desequilibrante en la categoría en la que esté y también ha demostrado a lo largo de su trayectoria ser un hábil remador, capaz de sacarle jugo a la cáscara de un limón; en el Museo del Carnaval debería haber un monumento con su nombre. También nos sorprendió la soberbia caracterización de Agosto Silveira, otro debutante en estas lides, emulando a la ministra Daisy Tourné. Lo que nos llamó la atención es el poco aprovechamiento de Lidia Chipas, poseedora de una estupenda bis, ¡es increíble que solamente puedan recurrir a su gordura para reírse! Y que quede claro que no es su responsabilidad. La misión que tuvo la murga fue hacer reír y en base a sus figuras, la cumplió.

El cierre fue con Caballeros, un novel grupo de parodistas armado por Raúl Sánchez y Néstor Montelongo, que se preocuparon por rodearse de prestigiosos técnicos y un selecto grupo de componentes. Fue un regalo visual, con un despliegue impresionante de vestuario, ingeniosas coreografías, solistas que rayaron alto (como los hermanos Morgade y Pablo Cocina) y un Albino Almirón que asumió el protagonismo de sus dos parodias, con su versatilidad característica. La misma solidez no la tuvo todo el elenco y el libreto tampoco posee la suficiente contundencia. Pensamos que, con lo apreciado hasta el momento, les sobrará para alcanzar un sitial en las definiciones, porque el sistema de este concurso implica sumar puntos en diferentes rubros y «Caballeros» armó su espectáculo tomando en cuenta el reglamento.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje