TIENE LA PALABRA

Gaza-Israel: ¿Sueño o realidad?

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

¿Qué fue de la enorme masacre perpetrada por Israel, hace muy poco tiempo en contra de la población civil de la Franja de Gaza? ¿O fue un sueño lo que vivimos los habitantes del planeta? Israel pretextó que los ataques de Hamas eran continuos sobre su territorio, por ello hizo lo que hizo. Vimos horrorizadas imágenes indescriptibles de mutilaciones, asesinatos de niños, mujeres, ancianos, destrucción de viviendas, escuelas, hospitales, etcétera. ¿Habrá sido realidad o sueño?

Ya no es tapa de diario la noticia, ya no es trasmisión directa de las grandes cadenas internacionales de televisión, ya no tienen esos lugares un enorme andamiaje de periodistas, fotógrafos, camarógrafos apostados en su lugar de trabajo, esperando la metralla, esperando los misiles, esperando los ataques aéreos, que fueron muchos y cruentos, para plasmar esa imagen y ese comentario, para que millones de habitantes del planeta veamos en vivo y en directo la muerte injusta en nuestras pantallas.

¿Qué ha sido de toda esa población que entre la espada y la pared, se vio envuelta en una guerra que no quiso y no quiere? Por un lado los terroristas de Hamas, que usaron y usan a los civiles para sus propósitos, y por el otro el Estado israelí, que contando con un ejército enorme, en lo que respecta a cantidad de soldados, y con una tecnología de primera línea, respaldado por su ‘hermano’ Estados Unidos, que le proporcionó y proporciona en todas sus aventuras bélicas, material de última generación.

Recordemos que a fines del 2008, como para despedir el año (cristiano), Israel invadió, tras varias advertencias a Hamas, el pequeño territorio de la Franja de Gaza (un millón y medio de habitantes). Lo hizo con toda su furia, apoyado como decíamos con aviones caza norteamericanos, y dio muerte en esa primera incursión a 200 ciudadanos civiles. Continuó con saña increíble durante muchos días esa devastación de humanos y edificios. Llegando a más de 3.000 los muertos, con un porcentaje elevadísimo de niños.

Todo transcurrió como si estuviéramos presenciando una aventura de Hollywood. Como meros espectadores en una sala de exhibición. La ONU intervino, cuándo no, tardíamente. Se votó una censura al accionar de Israel, y un alto el fuego, que no fue acatado por las dos partes en pugna. Al cabo de todo el desastre se llegó a un acuerdo parcial. ¿Por qué parcial? Porque sabemos que la palabra definitivo no existe en el idioma de esos dirigentes. No quieren la Paz.

Mientras presenciábamos este horror en Medio Oriente, en la primera potencia del mundo se desarrollaba una transición muy importante: terminaba el mandato del «sheriff» del planeta, Bush hijo, he ingresaba a la Casa Blanca el primer presidente negro en ese país. Bush, con su política nefasta en todos los terrenos, permitiendo llegar a una crisis económica muy profunda en su país, que arrastró y arrastra a los demás países como en caída de dominó. Vertiendo miles de millones de dólares para salvar a empresas que no supieron o no quisieron hacer las cosas debidamente, produciendo una desocupación masiva propia y ajena. Con expectativas ciertas, Obama reunió, previo a su asunción, a los ex presidentes (Bush padre e hijo, Carter, Clinton), en Washington. Esperábamos una declaración, una sugerencia, un pedido a Israel del cese del fuego. Más nos equivocamos, y feo. Su preocupación era otra. La propia. Sus dificultades financieras eran lo primordial, lo demás no existía. Allí acordaron resolver, sí o sí, los inconvenientes que tenían las grandes corporaciones que habían malgastado miles de millones de dólares y que habían logrado que dicha crisis se trasladara muy fuertemente al resto del mundo.

Asumió el nuevo presidente de Estados Unidos como ‘héroe’, como ‘salvador’ de la tragedia que se vivía en Medio Oriente. Esta última frase no me la imagino cierta, para nada. Sabemos que las intenciones de salvaguardar la paz en el mundo de parte de la primera potencia son mínimas, por no decir nulas. El poder que ostentan es muy grande y ello los lleva a desarrollar acciones bélicas en varios focos, para mantener ese poder y seguir siendo lo que son, además para continuar con un nivel de vida elevado y ostentoso, mientras millones de seres humanos en el planeta, a diario, sucumben ante el hambre, la sed, las enfermedades.

El gobierno de Israel, de extrema derecha, apoyado por Estados Unidos, continuará en esta posición de lograr obtener, porque así lo ha manifestado, que la Franja de Gaza vuelva a ser su territorio, en un afán de expansión que siempre lo ha caracterizado a través del tiempo, desde su asentamiento, con justa razón, en ese territorio luego de la Segunda Guerra Mundial, pero desde allí en adelante su hostigamiento a los pueblos linderos ha sido manifiesto a través de años y años de guerra y muerte.

La mayoría del pueblo judío quiere vivir en paz y desarrollarse, como lo ha hecho hasta el momento con gran éxito en todos los campos de la ciencia y la producción; de ellos depende también lograr este objetivo, cuando llegue el momento de votar en las elecciones nacionales y dar un golpe de timón a la política exterior de su país.

De muchos factores depende que finalice esta situación nefasta; uno de ellos, y creo que primordial, es que el resto de los pueblos del mundo se manifiesten en contra de esa política israelí y los actos terroristas de Hamas, y apoye actitudes de paz en la región.

Las secuelas que deja una guerra son enormes, funestas, difíciles de sobrellevar.

He escuchado, he leído, he visto lo que sucede a todos aquellos que logran sobrevivir (sobrevivir es un decir). Quedan familias destrozadas, niños huérfanos, padres sin hijos, esposas sin esposos, y viceversa. Los daños materiales, que se podría decir que pasan a segundo plano, también influyen en el futuro de todos aquellos que pasaron por esa experiencia. Futuro sin techo, sin escuelas, sin hospitales, quizá derivando en familias extrañas, o refugiándose en otras latitudes, con otras costumbres, con otro idioma, con todo lo que ello implica para su desarrollo futuro, fundamentalmente en la niñez.

Las interrogantes no son buenas para la vida de un ser humano. Deberíamos transcurrir por ella con certezas. Con planos limpios, firmes y sólidos. Lamentablemente no es así. Como hijo de la guerra (así fue llamada mi generación, 1946), se instaló en mí aquel horror nazi, que venía precedido de mis ancestros que habían huido de la hambruna que desparramó por el viejo mundo la primera conflagración mundial. Continuó con una ‘guerra fría’ que costó miles de muertos, luego sobrevino Vietnam, donde un pueblo humilde pero muy valiente, con convicciones muy firmes, logró tras años de sufrimiento expulsar de su territorio a la fuerza militar más importante del mundo, y así seguiría en una lista extensa con todo lo que aconteció en Medio Oriente y demás focos de guerra que existen actualmente en el globo.

Parecería que tras más de 6 décadas de mi existencia ¿no lograré ver impresa, en letras de molde gigante, la palabra más preciada que tenemos en todos los idiomas: PAZ?

CARLOS SCOROVICH –  [email protected]

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