AQUELLAS VIEJAS MURGAS
Así fue cuando apareció «La Milonga Nacional». Junto a ellos estuvieron Luis Bermejo y Rodríguez Vargas porque volvimos a la época en que la murga era presentada por El Rey de los Aperitivos, el vermouth amaro Pagliotti. Su letrista, por esos años 50, fue Mario Rivero y ensayaban en un boliche de Gral. Flores y Concepción Arenal. Ahí los vio Dalton Rosas Riolfo que, con el paso del tiempo, sería su figura más emblemática. Y La Milonga Nacional trae también el recuerdo de otras murgas que dejaron su huella en los tablados esquineros hechos de tablones sobre los tanques de querosén. «Los Patos Cabreros» que tuvieron, mucho antes que apareciera el gran Pepino, un director importante llamado José Luis Breijo. Cuando ensayaban en la sede del Club Fénix, entre la gente que escuchaba se confundía, muy peinado a la gomina y de bigotito, su genial letrista El Tornillo Eduardo Gamero. Una noche el ensayo de «Los Patos Cabreros» se conmovió por la presencia del Sr. Pisano y su perro acróbata de nombre Arapey. Todos los vecinos conocían al entrenador y su animal por unas espectaculares presentaciones en la Rural de El Prado y también en el Estado Centenario, siempre con la propaganda del famoso Pomelo Vital. «Los Patos» mencionaban a ese excepcional perro en su cuplé y su entrenador lo llevó al local de ensayo en una recordada visita. Desde Comercio y Avda. Italia, donde ensayaban en la esquina, se arriman las coloridas y murgueras sombras de los que una vez se llamaron «Los Nuevos Saltimbanquis». Los dirigía Pocho Breccia y las letras eran de Homero Martínez y del Coco D’ Andraya que también se trepaba al tablado para hacer de locuaz y pícaro animador. Unos años después, esos mismos letristas, es decir Martínez que firmaba con el seudónimo de «Abrahm-Visto» y el Coco, se unieron a «La Nueva Milonga» de Angel Pirri conocido como Tito Pastrana. Se podía ver a esos tres personajes populares en el Bar Hércules, de 8 de Octubre y Comercio, jugando al billar y comentando jocosamente con los otros parroquianos la increíble pasión de Coco D’ Andraya con su querido Club Nacional. Otros que cuando subieron al Teatro de Verano nos conmovieron de añoranzas fueron los muchachos de «La Gran Muñeca». Al escucharlos fue como verlos cuando se reunían en el «Café El Refugio» de la calle Larravide. Su director, en aquella lejana época, era Pepinito y las letras del experiente Nicasio Pérez, al lado de un pibe muy joven de apellido Anadón. Por la mitad del viejo siglo ya era muy antigua una murga de nombre «Los Pichones de este Año». Los dirigía Antonio Pasanante y sus críticas tenían mucho de lo que «El Hachero» hacía en la prensa escrita, o sea, sabor agridulce del viejo Montevideo. El gran personaje que fue Hugo Arturaola dirigía el potente coro de la murga llamada «7 a 7 es un Empate» con la conducción escénica de Roberto Vidal. Muchos de sus integrantes se reunían en el «Café Alonso», de Isla de Flores y Yaguarón, donde brindaban a la salud de Momo. «La Línea Maginot» como se estilaba en aquellos años tuvo una Comisión de Honor cuyo presidente era nada menos que «El Mariscal» don José Nazzasi secundado por el legendario Zapirain. «Los Adoquines Orientales» fuero dirigidos por el popular «El Cuarenta», Ernesto Vilches, que también hacía sus letras. Y desde el corazón de la Unión llegaba «La Ultima Mistonga» siempre respaldada por el decano de los boliches de 8 de Octubre el «Bar Uruguay». Con más recuerdos y música los esperamos en la 40, Radio Fénix todos los sábados a las 18 horas.
ANGEL LUIS GRENE
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