TECNOLOGIA. Adiós al frío con el "biocalefón"

La comunidad de Ozogoche, de los Andes ecuatorianos, por fin tiene agua caliente

Por la mañana, los pobladores de este caserío peregrinan a las orillas de las lagunas, recogen las aves muertas, realizan una fiesta ritual y luego se reparten los pájaros para comerlos. Según la tradición de los indígenas Puruhaes, los cuvivíes hacen este sacrificio masivo a la madre naturaleza como una ofrenda por el alimento que reciben durante el año.

En el ámbito científico todavía no se sabe por qué algunos de estos pájaros vienen a morir en esta zona. Se ha descartado el agotamiento o algún envenenamiento con gases sulfurosos que podrían emanar de estas lagunas de origen volcánico. La teoría que manejan algunas organizaciones no gubernamentales para la conservación de las aves es que los cuvivíes buscan protección en estos páramos en las noches de tormenta y las aves que caen en las heladas aguas mueren instantáneamente porque se produce un choque térmico. Es decir, literalmente se mueren de frío. Esto no es ninguna novedad para los habitantes de Ozogoche Alto. Todos han tenido que acostumbrarse al agua helada desde muy pequeños. «Dos veces por semana». La paja que ya ha sido utilizada y desechada sirve como combustible para el biocalefón. El triste y extraño destino de los cuvivíes provee a la zona de un aire místico y misterioso. No son pocos los que dan crédito a las versiones de que las lagunas estarían «encantadas» e incluso afirman que, en alguna de ellas, estaría sumergido un gran tesoro inca. Pero más allá de las especulaciones fantásticas hay una realidad tangible e indiscutible que ocurre a diario en Ozogoche: hace frío, pero frío de «calarse los huesos» dice David Malán, profesor de la única escuela que existe en este poblado. Aunque el sol ecuatorial quema la piel con fuerza, la temperatura ambiental no pasa de los 9 grados centígrados, pero la sensación térmica es mucho menor gracias a los helados vientos que se cuelan en estas llanuras. Hace tanto frío que, hasta hace pocos meses, tomar un baño con agua caliente era una verdadera odisea, un lujo que sólo ocurría contadas veces en la semana. «Posiblemente uno se baña dos veces o tres veces a la semana, es difícil hacerlo más veces por el frío», afirma Malán a BBC Mundo. Pero esta situación está a punto de cambiar gracias a la llegada del biocalefón, un calentador de agua que funciona con la combustión de desechos orgánicos y que sirve al mismo tiempo como un secador de biomasa. El sistema fue diseñado por la Escuela Politécnica del Ejército de Quito (ESPE) y busca convertirse en una solución para la gran cantidad de comunidades indígenas que viven en similares condiciones en la región andina de Ecuador.

El «biocalefón» es una estructura de metal con varias cámaras por donde circulan aire y agua. Su funcionamiento es simple y la explicación de su eficacia está en el intercambio de calor y la producción mínima de gases contaminantes.

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