Juan Autchain. Habló con LA REPUBLICA de la realidad del fútbol juvenil

Las íntimas revelaciones de un corazón violeta

Autchain desgranó su pensamiento sobre las cuestiones del fútbol, su experiencia como técnico de la Selección uruguaya, su trabajo con los chiquilines y no tuvo temor en hablar de otros temas, ajenos al ámbito que tan bien conoce.

 

­¿Cual ha sido la experiencia que ha tenido durante tantos años en Defensor?

­La mejor. Llegué a la institución en el año 1987, en un momento difícil de Defensor, ya que en el año 86 había peleado prácticamente el descenso. Tuvimos la suerte de salir campeones, y eso hizo que la relación fuera mucho más fluida en el tiempo. Desde ahí en más, prácticamente he seguido ligado a la institución .

­Recuérdeme quienes integraban el plantel de Defensor que salió campeón cuando usted era jugador…

­Los que integrábamos aquel plantel jugamos prácticamente todos los partidos. Estaban Tuja, Luis Cabrera, yo, Aguirregaray y Eliseo Rivero.

La mitad de la cancha la conformaban Silva Cantera, con Miguel Falero y Gerardo Miranda, Arriba estaban el «Manteca» Martínez, que debutó con 17 años, «El carita» Bescino y Larrañaga. Algún partido jugó el «Tajo» Silva, que arrancó de titular, después se lesionó. Estaban también «el Gallego» Fernández, Dalmao y un montón de muchacho que ayudaron mucho para lograr el campeonato. El técnico era Raúl Moller.

En el 88 fue el último año que jugué en Defensor. Después de eso Ricardo Arsuaga me llamó para trabajar en Tercera División donde quedé vinculado. En el año 91 se va Moller, y Arsuaga me da el equipo de Primera División. Ese año ganamos todo. Ganamos el Campeonato Uruguayo y la Liguilla.

­Antes de llegar a Defensor, ¿en que otros equipos jugó?

­Comencé jugando en Estudiantes de Rosario, Colonia. Después vine a Fénix, de Fénix me fui a México al Monterrey, de ahí al Vasco da Gama y después volví a Uruguay. Jugué en Miramar, Liverpool, en Fénix nuevamente y de ahí pasé a Defensor.

 

­En su historial figura el haber dirigido la Selección uruguaya, ¿qué experiencia le dejó?

­Fue en un momento muy crítico porque era en la mitad de las eliminatorias del Mundial de Francia. Y bueno, no se pudo enderezar el barco en ese momento. Uno mirándolo con el tiempo y con la experiencia de ahora, no agarraría la Selección en un momento como lo hice.

­Usted, creó una frase que quedó en el colectivo de los uruguayos: «Matemáticamente, tenemos chance».

­Sí, sí, esa frase la hizo famosa Petinatti, en un reportaje que me realizó, y bueno, quedó incorporada al fútbol nuestro. Cada vez que una selección, sobre todo cuando entra en la etapa de sufrimiento, sale esa frase a relucir

Normalmente, con las selecciones nuestras siempre estamos mirando la calculadora. Son muy pocas, salvo ahora la Sub 20 que tuvo un muy buen desempeño en Venezuela. A Uruguay ahora le juegan de igual a igual, lo que hace que se mire los puntos con la calculadora en mano.

­ Hablemos ahora de las inferiores de Defensor. El pasado año salieron campeones en tres categorías….

­No recuerdo, si alguna vez se salió campeón en estas tres categorías. Pero los campeonatos juveniles no son el gran objetivo. Lógicamente que si se gana, bienvenido sea, ayuda a que los chiquilines se acostumbren a ganar.

El objetivo es formar un todo, como persona y como futbolista. En Defensor no hay ningún tipo de presión de los dirigentes, simplemente se mira un trabajo global desde las escuelas de fútbol hasta el final, tratando de sacar jugadores de la cantera para tratar de que lleguen a Primera, y vender, que es la manera de poder subsistir.

­Cual es el momento más difícil, que más lo entristece ¿supongo que es cuando debe eliminar jugadores?

­Sí, sin duda, ese es el momento. Cuando se llega a fin de año y se tiene que hacer las listas de retenciones y se debe dejar fuera a excelentes chiquilines como personas, que no han tenido la evolución futbolística que los técnicos, nosotros y los dirigentes pensábamos. Esa es la etapa más difícil, pero es la ley del fútbol. El fútbol es muy duro, Hay gente que no está adentro y le parece que es fácil. El sacrificio que hacen los chiquilines, es enorme. Levantarse a las siete de la mañana, ir a estudiar, venir corriendo, comer, salir a entrenar, llegar cansados a las siete u ocho de la noche, tratar de agarrar un libro, no es fácil. Todavía no tenemos infraestructuras armadas para los deportistas en este país. En Uruguay hay muchas cosas para hacer respecto a eso. Se está estudiando el tomar alguna medida, intentar algunas cosas, y no hablo sólo del fútbol, estoy hablando del deporte en general.

­Se estudia un proyecto donde se establece que quien no estudia, no juega..

­Se está intentando hacer algo así, pero por ahora no hay nada

­¿Eso perjudicaría a las instituciones?

­Creo que no, sino que haría tomar conciencia, sobre todo a muchos padres, de que son muy pocos los que llegan, y son muy pocos lo que hacen dinero. De miles que pasan o que arrancan jugando al fútbol, son muy pocos los que logran tener un buen pasar. Es decir que si no están preparados para lo que es la vida, ésta después les pasa factura.

­Eduardo Galeano en «El fútbol a sol y sombra», expresa, que el fútbol de hoy está muy comercializado, y el jugador ha perdido esa identidad del placer, de la diversión por la diversión misma.

­En esto no tengo ninguna duda. A nivel de baby fútbol, uno ve que lo que importa es ganar. El chiquilín ha perdido esa alegría, todos le gritan, y no se dan cuenta que el fútbol es una impronta. Hay jugadas que hay que resolverlas en décimas de segundos. Entonces cuando se recibe ese tipo de estímulos de afuera, pierde la creatividad el jugador. En Uruguay todos pensamos que sabemos de fútbol y no es fácil. Hay gente que sabe de fútbol, y otra que opina y no tiene idea de lo que es el fútbol.

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