LOS CARNAVALES DEL 50
Hasta apareció una nueva agrupación de parodistas llamados «El Bombón de Maracaná», dirigidos por el experiente Carlos Barbisán. Sus éxitos más grandes fueron en los muchos tablados que existieron en el barrio Sayago donde eran locatarios. Esos parodistas también se presentaron en el escenario del Club La Cabaña, de la calle Pedro Vizca en Belvedere, donde alternaban comparsas carnavalescas y todos los sábados al cierre había un gran baile. El creativo Luis Alberto Carballo presentó en sus humoristas Los Charoles, varios cuadros dedicados a satirizar a los jugadores brasileños derrotados en Maracaná. De la pluma de Carballo y en la voz de Los Charoles se estrenó por esos días un mítico candombe que decía: «Hay que poner atención, candombe va a comenzar, hay que ser de mi color, para poderlo bailar…». Fue muy famoso, y el llamado cantante de «los 100 barrios porteños» Alberto Castillo lo llevó al disco luego de imponerlo en las salas de baile de Buenos Aires. Aquellos queridos Charoles se reunían en el Bar Coloso, de Soriano y Convención, donde su dueño José Lorenzo los apoyaba en la parte económica. Ese bar tuvo muchas historias como aquella que hablaba de las parejitas que en horas de la tarde se encontraban en sus discretas mesas. Salían a la sordina y entraban a una «casa de huéspedes» o «mueble» recién inaugurado a pocos metros de aquel Bar Coloso. El talentoso Basilio Alvez con sus Jardineros de Harlem fue otro conjunto que frecuentaba el centro de Montevideo pues ensayaban en la calle Galicia. También se los veía por el Cordón y su bar La Cumparsita, de Paysandú y Tristán Narvaja. Su dueño Lorenzo Boragno apoyaba mucho el Carnaval, en especial a los populares Jardineros. En su mesas, rodeadas de billares, fue donde el letrista José Silva elaboró los muy agudos y reideros versos de esa recordada agrupación. Carlitos Céspedes, con su murga Los Curtidores de Hongos, eran un jolgorio y abundaban las chanzas a los jugadores de Maracaná. El pionero de la radiotelefonía y amante del Carnaval, don Agustín Pucciano que también organizaba concursos en el Bar Ateneo de la Plaza Cagancha, nunca se olvidó de dar una mano a Carlitos Céspedes. Aquellos inolvidables Curtidores de Hongos tenían muchos comercios que los ayudaban y eso fue gracias a Pucciano y sus conocimientos del ambiente montevideano. La murga Araca la Cana, dirigida por Cipriano «Pianito» Castro también le cantó al Mundial del 50. Aunque en su cuplé, aquellos murguistas donde abundaban los morenos canillitas y lustrabotas, no dejaron de darle mucho palo al gobierno por la carestía de la vida. El conjunto humorístico Los Chichipíos, de Leopoldo Figueroa, hacía reír a todo Montevideo con sus chistes muy originales y cultos. Con la música del Barbero de Sevilla, presentaban un cuadro con tres peluqueros muy graciosos que criticaban y hacían sonreír al tablado. Don Gilberto Machado fue el otro director de aquellos humoristas. Los Chichipíos que por los años 50 recorrían los barrios en un destartalado camión muy popular en las noches de febrero. Con más recuerdos y música los esperamos en la 40, Radio Fénix todos los sábados a las 18 horas.
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