Hasta la cantera del parque gritó, ¡Zi…, Zi…, Zi…, Zíngaros!
C 1080 nos impactó con su «Memorial Negro», en el que se tributa homenaje a grandes figuras de la historia universal, obviamente de raza negra.
Su espectáculo atrapa desde el principio y la historia narrada por Emilio Pigot se hace entretenida, además de enseñar mucho sobre estas figuras.
El ritmo de candombe está presente permanentemente, lo que le permite un gran lucimiento a su cuerpo de baile, el cual es convocado permanentemente a escena como parte también de una puesta muy ingeniosa, obra de Martín Sauchik, Pablo Isasmendi y Adriana Ardoguein.
El coro funcionó en gran forma, los solistas tienen altibajos aunque debemos decir que el sonido en este caso nos jugó una mala pasada, ya que desde donde nos encontrábamos nosotros, en algunos temas no entendíamos lo que se interpretaba.
Buen vestuario, correcta escenografía y un destaque aparte para la cuerda de tambores, la cual nuevamente fue imponente.
Resumiendo, un gran año de C 1080 que se perfila entre las que definirán la categoría y será animadora peleando punto a punto para llegar primera a la meta. Material tiene.
Mucho se hablaba de A Contramano en la previa. Eso le daba «chapa» de favorita y era una gran responsabilidad llegar al Teatro de Verano con ese mote y colmar las expectativas de un público que tenía gran avidez por presenciar su espectáculo.
El grupo dio muestras de madurez y se plantó en el escenario dejando claro que ese día a esa hora se jugaba su reputación y cuando hay convicción no se falla.
La murga cambió el estilo, pasando de ser una murga que te dejaba pensando mucho a jugarse por el humor directo y efectivo, cambio que no objetamos para nada, teniendo en cuenta el reglamento de esta temporada y la apuesta a Gustavo Cabrera y sus muchachos le salió bien.
Diego Bello y Pablo Routín deleitaron a la platea con una complementación excelente, dando muestras de solvencia y calidad artística.
El coro, notablemente dirigido por Rafael Antognazza (creemos, con todo respeto, la mejor incorporación de los últimos años a la murga), sonó afinado y potente, dando muestras de su real valía.
Un aparte para Martín Duarte, sencillamente se comió la cancha. Cuando le tocó salir a cantar los solos, fue notable y agregándole calidad interpretativa, todo esto más el vestuario y la puesta hacen de esta murga un regocijo a la vista.
A Contramano pisó fuerte y sigue siendo una de las favoritas para festejar en marzo.
Ariel Sosa pasó las mil y unas esta temporada. Entre sus dolores de cabeza más grandes estuvo la necesidad de realizar cambios de componentes a diez días de empezar. Esto parecía que lo sacaba de la meta, pero todo se disipó cuando Zíngaros pasó por el Ramón Collazo.
Impresionante, ese sería el titular de su actuación. La verdad, una muestra clara de que «Pinocho» sabe muy bien el producto que maneja.
Desde la presentación con ese homenaje a Montevideo Capital Iberoamericana del Carnaval, el conjunto deslumbra por su vestuario y las interpretaciones de sus solista en el que destacamos a Luís «Canario» Pereyra.
Leonardo Preziosi planteó un espectáculo de alto contenido emocional y creativo, haciendo que el público se divierta y emocione en muchas partes de la actuación.
Las parodias de «El Lazarillo de Tormes» y «La vida de Carlos Páez Vilaró» son muy buenas, con excelente interpretación de Walter «Cucuzú» Brilka y el propio Ariel Sosa.
Sin dudas, un gran trabajo de Zíngaros que viene a defender el primer premio que ostenta y peleará mano a mano con su rival de todas las horas por quedarse por el trofeo más grande, primer round de una lucha a pura calidad y talento donde vemos un final cerrado faltando todavía dos partes más pero este grupo venderá muy cara su derrota (si le toca).
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