Ciencia. Las horribles ganas de no hacer nada

Por fin se podrá diagnosticar el mal de la depresión como cualquier enfermedad

Lo anunció la propia doctora Montejo esta mañana en una rueda de prensa realizada en el marco de la presentación del XIV Symposium Internacional Avances en Psiquiatría, que se celebra entre hoy y mañana en Madrid, con la colaboración de la Universidad de Alcalá, la Autónoma de Madrid (UAM) y los laboratorios GlaxoSmithKline (GSK).

La experta informó que este hallazgo es fruto de una investigación desarrollada a través de análisis ‘in vivo’ de sangre donada por mujeres con edades comprendidas entre los 25 y los 50 años, algunas con buena salud mental y otras con depresión, cuyos resultados validará definitivamente «en los próximos meses», realizando las pruebas a una muestra de al menos 100 pacientes.

«Se trata de un proyecto que inicié en Estados Unidos, que he retomado en España con la empresa Vivia Biotech y que hace unos dos meses dio sus primeros frutos, ya que encontramos lo que podría ser el primer biomarcador de la depresión», señaló en declaraciones a Europa Press la experta, quien destacó que el objetivo de la segunda parte de este estudio será, además de confirmar su hallazgo, definir a qué tipo de depresión hace referencia este biomarcador.

Según la investigadora, hasta ahora ningún avance científico permitía detectar la depresión, para lo que sólo se cuenta, en estos momentos, con «hallazgos inespecíficos en neuroimagen».

«Si se demuestra que este biomarcador es efectivo, se podría medicalizar esta enfermedad y mejorar su diagnóstico y tratamiento», aseveró.

La depresión es una enfermedad sistémica, heterogénea y muy prevalente entre la población general ­afectando a entre un 10 y un 20 por ciento­ que puede aparecer en cualquier ciclo de la vida, incluida la infancia, y que afecta el doble a mujeres que a hombres.

El riesgo de muerte entre pacientes deprimidos con enfermedades cardiovasculares es cuatro veces mayor después de sufrir un infarto agudo de miocardio y entre tres y cuatro veces mayor tras sufrir un accidente cerebrovascular.

Asimismo, el riesgo de suicidio entre enfermos con epilepsia con depresión grave se multiplica por diez.

Se trata de una enfermedad heterogénea, por lo que debería hablarse, según la psiquiatra, «de enfermedades depresivas, como se habla de las poliartritis, por ejemplo», y condicionada por diversos factores, tanto biológicos, como psicológicos y sociales.

En términos generales, la genética representaría un 40 por ciento del riesgo de padecer esta enfermedad y el 60 por ciento al resto de factores.

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