LA MURGUITA DE DON TIMOTEO
Fue una de las más recordadas murgas de la Unión. Nacida por la mitad de la década del 40, le decían con cariño «La Murguita de Don Timoteo».
Los boliches de 8 de Octubre siempre le dieron una mano a la hora de conseguir los pesitos necesarios para la ropa y el maquillaje. El gallego Domínguez, dueño del Bar Hércules de 8 de Octubre y Comercio, que también colaboraba con los Asaltantes con Patente, nunca olvidó a la querida Timoteo. También ayudaban los dueños del Café Pedrito, de Industria y Asilo, muy conocido por ser el pionero en la Unión en el reparto de comidas a domicilio. Salía un mozo en bicicleta con la vianda del morfe en un remoto antecedente de los actuales muchachos de los delivery y sus vertiginosas motos. Un gran colaborador en esta primera época de la murguita fue el canilla de 8 de Octubre e Industria conocido como El Peca. Recorría el barrio con su gran atado de diarios bajo el brazo y por el mes de enero les ofrecía a los vecinos los números de rifa de una rica torta. Esa exquisitez que a todos les hacía agua la boca había sido elaborada por los confiteros don González y don Caldas que tenían una pequeña repostería en 8 de Octubre y Gobernador Viana.
Se comentaba en el barrio que el secreto de aquellas tortas y postres era una exclusiva miel que esos caballeros traían en exclusividad de unas colmenas en Paysandú. Otro gran hincha de esa murga fue el vecino don Bernardo Laduche, a quien le decían «El Cirujano de los Primus», pues tenía un local en la calle Larravide donde, con boquillas y agujas, arreglaba aquellos populares calentadores de antes llamados Primus. Así por un tiempito más seguían funcionando para calentar la leche de los botijas y la olla del guiso de la familia laburante.
La murguita de Don Timoteo también supo tener una hinchada muy especial en otro barrio. Se trató de la conocida como «La Barra Brava de la Playa del Buceo», compuesta por bohemios, deportistas, tangueros como Pintín Castellanos autor de la milonga «La Puñalada» y también muchos boxeadores. Una vez por mes hacían grandes comilonas en un rancho de pescadores frente a la playa del Buceo.
Todos compartían la pasión por el Carnaval y con las murgas; tenían un gran metejón con la Timoteo. En esa primera época de la murguita por el año 1945, fue dirigida por Pedro Moriggia y las letras las hacía Oscar Páramo. Ellos también fueron dos personajes muy conocidos en la zona del Centro ya que habitualmente se los encontraba en el popular Café Yo-Yo, de Andes y Colonia, muy frecuentado por los apasionados del turf.
Por esos carnavales la murguita había inventado un personaje que llamaron «Chichilo» quien aparecía sobre el tablado contando sus aventuras amorosas. Luego, el libretista lo hizo casar y ahí el argumento fue más que reidero al punto que se hizo popular ese cuplé que decía: «¡Sonaste Chichilo!» Cuando había una despedida de soltero por muchos años se le repitió entre burlas y risas esa frase al pobre futuro marido. Luego del 40, la murguita tuvo una presencia intermitente en los carnavales. En su etapa más importante, por el año 1966, tuvo la dirección de Miguel Bódola al lado de Fermín Correa. Se dieron el lujo de tener juntos a dos libretistas como Modernel,
«El Dios Verde» y el inolvidable Coco D’Andraya. Entre sus integrantes de esa época estaban haciendo sus primeras armas carnavalescas nuestro cuñado Raúl «Pito» Belardi, el «Negro» Juan Ayusto actualmente en Los 8 de Momo, y nada menos que un jovencito llamado Washington «Canario» Luna.
El recuerdo de Don Timoteo aún recorre los barrios. Y, los más veteranos, cuando se ponen sensibleros, no olvidan a la querida murguita.
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