TIENE LA PALABRA
Pepe, El Auténtico
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Perdona, si cruzado el umbral de los 70, me atrevo a «chechearte». ¡Che Pepe! eres humilde y tu humildad es grandeza pura, auténtica; por eso tantos te admiran tanto.
¡Dejáme apretar esos cinco! Tal vez la dura realidad vivida sembró callos, pero esto vale un Perú (como decían antes). Te saludo desde el alma con un abrazo que se traduce, al lenguaje del corazón, como un ¡Salud amigo!
Deja que los doctores de traje fino, guantes de seda (en las manos, y las mismas vanidades decoradas en el corazón) de coches cargados de lujo superfluo, se muestren en la TV. Y que digan: «Yo hice, yo hago», como si fueran magos. Te admiro porque al pan le dices pan, y a la caña la llamas caña.
El pueblo te rodea, y cada aplauso es un aplauso verdadero, no una farsa ni un ruido hueco para trampearte. No creo que puedan, conoces muy bien el idioma de la honestidad, de la justicia (por la cual te jugaste la vida). Te dieron cartas marcadas, pero además de justo eres inteligente. A cada «flor y truco» los hiciste «irse al mazo». Las manos mentirosas tiemblan ante la verdad.
¿Cómo saliste del pozo a la cuchilla? Claro, tu mirada penetrante se encontró con los banderilleros que matan al toro, besándolo. El aplauso y la elegancia vestidos de trajes bonitos, los traidores (como las tunas, vendedoras de un verde lleno de espinas, casi imperceptibles) y tanta basura vestida de terciopelo. Basura que va y viene, viene y va… te golpea y luego te besa la herida, y la miseria humana aplaude.
Pepe, lo hiciste por idealismo, porque sabías que se hace camino al andar. Pero tu lucidez criolla te enseñó a mirar atrás y en ese camino, habían crecido venenosas y engañosas enredaderas. Te entiendo, amigo (la palabra amigo no se regala, es tan escasa); te agradezco si integro tu diccionario de vida y lucha.
No eres el «Sancho» que engorda con la fuerza de la vanidad, ni el Quijote, tan elegante soñador. La bronca reventó y como un toro embravecido, saltaste alambrados (que limitan, separan y distinguen bienestar y miseria). Y blandiendo el arma filosa de la verdad y la justicia, galopaste por caminos cruzados para iluminar de sol la sombra y descifrar el engaño y la falacia.
¡La pucha, Pepe! Los trajes finos y las billeteras llenas te llaman «rebelión», guerrilla, pecado. Los dioses del Olimpo te acompañan a conquistar dignidad y justicia. Ningún ciclón logra apagar tu farol, que descubre las trampas y mentiras.
¡Ministro! Suena a Palacio, a Montaña, a Vanidad. No me acerco a ti para alabarte. Me gusta «Amigo». He compartido el frío, los pies descalzos y las hortigas, las cachetadas del viento norte; y en alguna reunión nocturna, nos contaron de las «luces malas» y los «lobizones».
Las palabras sobran. ¡Qué viaje pesado, hombre entero, sin pedazos! De alegría y de tristeza, de fuerza y de temor, de ambiciones y desengaños.
¡Ministro! (tal vez presidente); suena a milagrero, al que soluciona todo, como el manosanta o el curandero. «Yo quiero» (si no me das, te pico); «Yo necesito» (si no me das, te quemaré el rancho). Yo, yo, yo.
Seguramente, habrá muchos señores que querrán tenerlo todo. Muchos, como el gallo compadrón, largarán víboras por su boca. Cuidado con las trampas, con las lenguas de víboras que escupen veneno. Difícilmente te venderá mentiras, ya que tú conoces todas las trampas para cazar las nutrias, y con el rebenque de la justicia sabes como suena el chicotazo.
Hace unas noches contestaste a un preguntón, ansioso de primicia, que en el campo no hay soledad. Un mundo de seres te pían, te cantan, te chichean, te ladran, te miran con ojos curiosos. Aquellos búhos, aquellas palomas, aquel viajante que te grita. No hay soledad, hay periodistas del viento y la luna. Yo sé que no te chupás el dedo, y a veces te hacés el sordo. Sí te duele saber en lo hondo, cuántas barrigas vacías, cuántos pies descalzos, cuántos mocos sin pañuelos, cuántos goles del frío en cuerpos helados. Tenés que empezar de abajo. Pero, ¡ojo! muchos tienen el facón bajo el poncho.
Pienso en tu pasado e imagino el mate, compañero en momentos de soledad e impotencia. El mate, compañero de tantos uruguayos. Para cuántos pobres, solitarios, sin esperanza, es como un talismán; anima a seguir, a no decaer. Es como una medición para la lucha por la vida, un compañero, un agua milagrosa… Una fuerza, un modo de agrandar el coraje para enfrentar el miedo. Te ilumina la mente, te abre el corazón.
Pepe, cuando 20 micrófonos te rodean, ya lo saben, pero quieren que lo repitas, como la campana de la iglesia. No te enojes, no les des ese placer. Ellos compran sus cebollas con su micrófono.
¡Pepe presidente! Virtudes te sobran; tus compañeros de dolor te quieren y valoran y el pueblo te ama porque eres auténtico.
No vas a multiplicar los panes y los peces y no vas a poder llamar a los pollitos y darles a todos una buena ración. Ya ni Dios multiplica los panes y los peces. Tu dices y vives como sientes: en el máximo sillón o en el banquito aquel en el rincón.
Ya estuviste en el pozo obligado, sufrido. Pero te creo maduro en tu pensar y duro en el vivir. Tu quinta te enseña más, al crecer, al florecer, al darte frutos, al perfumar el rancho con verdad. Cuidado con las etiquetas, con los pícaros, con los «dotores». Ojo que viene el pedido, la queja, la falacia, los vivos y los avivados. Tienen una fuerza bárbara, los dientes bien afilados y se devoran a los peces pequeños. Vos sabés de todo eso, ¿verdad Pepe? Si sabrás…
Las ventanas de tus sentidos (y tus sentimientos), la computadora de tu cerebro, son naturaleza. ¿Me aceptás como amigo? Esto no es poesía, es una charla humilde pero veraz. Apreté tu derecha con fuerza para que de lo más profundo se unan los sentimientos del deseo unánime de izar la justicia en ese mástil tan auténtico. Tu grandeza es la esencia de tu humildad sabia.
Sentémonos allí, callados. Para oír la sapiencia de la naturaleza, y una luz en el corazón. Consultemos a la sabia. En la naturaleza está todo escrito, y no nos podemos dormir. ¡Chau Pepe, amigo!
ARGUT BC.I. 648.467-4
En tiempos difíciles debemos estar unidos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Me es grato dirigirme a Ud. con el propósito de poder exponer quizás una pregunta que se hacen muchas personas. Soy uruguaya de nacionalidad y corazón; por qué digo de corazón, porque al Uruguay hay que sentirlo más allá de una camiseta o una bandera política cerca de una campaña política. Creo que la bandera política se siente antes, durante y después de la misma. Nuestro compromiso es siempre, y trabajar juntos. Todos más allá de los intereses creados.
Wilson fue el primer político que tuvo la inteligencia y el valor de comprender que pasada la euforia de la Segunda Guerra Mundial y de la de Corea, sólo se podría superar la crisis que empezaba a manifestarse en el país mediante una modernización profunda del conjunto de la sociedad.
Hoy el mundo muestra un vertiginoso tiempo de progreso dinámico de cambio.
En Europa, EEUU y buena parte de Asia es distinto a estos años. En cambio los uruguayos seguimos repitiéndonos en la misma noria. Ni el capitalismo, ni el socialismo permanecieron inmóviles, como tampoco la tecnología, ni la ciencia, ni los medios de producción, ni los mercados, ni las preferencias de los consumidores.
Pero en Uruguay pretendíamos y pretendemos ponernos a rueda de estos fantásticos cambios que registra la Historia, levantando consignas, pintando paredes, o haciendo que nos distraigamos con peleas internas, tercer candidato, etc. cuando tenemos que empezar a trabajar por un año duro que «dicen y dicen» se viene.
Creo que entre todos, más una innovación tecnológica, apertura de la economía al mercado internacional y un mar
co de apoyo gubernamental al sector como se intenta dar con reglas de juego claras, estables y permanentes, consagradas con la garantía de la ley mediante criterios objetivos, generales e impersonales que eviten las arbitrariedades del jerarca y la corte de los favoritos se puede llegar a que triunfe el trabajo y dignidad de todos.
La economía debe estar al servicio del hombre. Tenemos que saber que la nación y este pueblo constituye el objetivo ineludible e inmediato de todos. No nos podemos conformar; tenemos que ir a más.
Gracias, ¡y vamos querido Uruguay!
LISSETTE GALVAN BRUN
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