Azoteas en Isla de Flores. El alquiler incluye casi siempre una consumición

Desfile de Llamadas: diversión  para unos, negocio para otros

Una vez solucionadas las diferencias entre la comuna capitalina, los Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos Populares del Uruguay (Daecpu) y la Asociación Uruguaya de Candombe (Audeca), se llevará a cabo el desfile Oficial de Llamadas, evento que se desarrolla en la calle Isla de Flores, desde Zelmar Michelini hasta Salto.

La fiesta, que comienza esta noche y continúa mañana, atrae a miles de personas e implica una organización previa de varios días. En la pasada jornada instalaron focos y luminarias especiales para alumbrar el recorrido de las comparsas. También se terminaron de armar las gradas y de desplegar las sillas a lo largo de Isla de Flores.

Las pintadas de mensajes políticos en la calle ­que luego se lucen en las cámaras que hacen paneos aéreos­ en cambio, las realizaron hace días, de modo de no interrumpir la cuadrilla responsable del armado de la infraestructura.

 

Balconeando comparsas

Los vecinos de la cuadra también ultimaban detalles, pero con los clientes que arriendan balcones y azoteas para ambas noches. Muchas personas viven el desfile como un gran negocio, puesto que en una sola noche sacan el sueldo de todo un mes.

Una señora que alquila su azotea con parrillero y baño ­construidos especialmente para brindar más comodidades el día del desfile­ explicó que se toma licencia toda la semana en su trabajo para dedicarse a las Llamadas.

Durante esos días recibe a los interesados, y cuando estos no la convencen, pide precios más caros para que se vayan a otra casa.

Además les hace firmar a los arrendatarios un contrato de respeto «entre sí, con el dueño de la casa y con las personas que van a ver el desfile». Entre el jueves y el viernes recibirá unas 20 o 30 personas. La primera noche el costo del alquiler será de $850 per cápita, mientras que la segunda alcanzará los $1.000.

Durante la recorrida realizada, más de un vecino reconoció que si la persona interesada es un turista, el precio aumenta, promediando los US$ 50 y 60. Flavia vive hace menos de un año en Isla de Flores y Carlos Quijano, y decidió alquilar la azotea de su casa. Aseguró que a si una persona pregunta por el lugar y habla en otro idioma, automáticamente le aplica el «precio turista», pero reconoció que hasta el momento sus amigos y tres pagadores son los únicos espectadores que tiene asegurados.

A pocos metros una vecina anhelaba alquilar su casa a algún extranjero, pero manifestó gran pesimismo al decir: «El turista alquila otra casa, más linda, no ésta», mientras señalaba las paredes despintadas del interior de su hogar.

 

Carnaval en familia

Algunas veces la posibilidad de «plata fácil» pierde ante la desconfianza que sienten los vecinos.

El nieto de María, que vive hacia Aquiles Lanza, puso un cartel en la puerta.

Más allá del negocio y la expectativa económica del nieto, ella prefiere no alquilar por varias razones.

«Primero que nada, no me gusta mezclar a mi familia con desconocidos; les doy prioridad a mi seres queridos.

Y además, ¡quién va a pagar $1.000 para ver el desfile con el hambre que hay!», exclamó la entrevistada.

Por otra parte, ayer de tarde se agotó la venta de localidades para las sillas instaladas a los largo de Isla de Flores.

A última hora del día, quedaban únicamente generales para el desfile de mañana.

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