Salvan a un emblema deteriorado y genial
Piense en un ícono montevideano por excelencia. Seguramente, poco después de comenzar la lista, llegará a su mente La Carreta, el monumento de José Belloni instalado en el Parque Batlle el 14 de octubre de 1934. Decenas de ómnibus con turistas pasan mensualmente por allí, en un encuentro casi obligado. Ese ha sido, justamente, uno de los factores que con los años fueron deteriorando la obra de un modo que de no tomar medidas podría haber sido irremediable.
Al principio, «la gente se llevaba un pedazo del monumento como un ‘souvenir’, debido a su fama y a que era muy querido», contó a LA REPUBLICA José Belloni, nieto del creador de La Carreta. No era para menos: es considerado por los críticos uno de los diez mejores monumentos a nivel mundial.
Luego, el vandalismo y los robos sustituyeron a la admiración. Así, pieza tras pieza, el monumento sufrió una verdadera sangría. La Intendencia de Ehrlich aceptó conseguir los recursos para que la obra readquiriera su esplendor, de la mano de otro Belloni.
Complejo y satisfactorio
El salvataje de La Carreta fue sumamente complejo y requirió varias etapas, que están casi concluidas. En pocos días, las 40 piezas de la obra que habían sido sustraídas, se instalarán en su lugar para que luzca como nueva.
El proceso se inicia con el modelado: a mano y en plasticina, se realizaron las piezas faltantes. Para ello, Belloni se guió por fotografías y dibujos guardados celosamente en el taller que inició su abuelo. Luego se llega a la de los moldes. Como en un negativo, el hueco que deja la plasticina se rellena con yeso. De las piezas confeccionadas con ese material vuelve a extraerse un molde, que esta vez se llena de cera y va a la fundición. Se tapa con tierra refractaria, la cera se derrite y deja un hueco que, al final, se completa con bronce líquido. Misión cumplida.
Las piezas de bronce (que incluyen un yugo de tres metros entre la primera y la segunda yunta de bueyes; cuartas de seis metros entre la segunda y la tercera; arzones, espuelas, estribo, picana y una cabeza de vaca, entre muchas otras) se soldarán a La Carreta en breve. Antes, se les dará una pátina que imitará el color del bronce que actualmente ostenta el monumento, debido al paso de los años.
Ese detalle es complejo, pero lo fue aún más el hecho de que la base del monumento, de tres o cuatro milímetros de espesor, se fue hundiendo paulatinamente a causa de la cantidad de gente que la visita. «Ya no era La Carreta de Belloni; era una obra inconexa», explicó su nieto. Para revertirlo, entre otras cosas, hubo que utilizar palos y gatos hidráulicos, en una maniobra extremadamente delicada.
La investigación fue ardua, pero el restaurador e impulsor de la tarea está satisfecho. El monumento tendrá seguridad las 24 horas, y ya hay instalada una alarma infrarroja, que se activa ni bien una persona ingresa al predio. «Con los turistas de los ómnibus habrá que apelar a la amabilidad», indicó Belloni con humor.
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