Bodegas. Lo que más sorprende a los visitantes es que son recibidos por sus dueños

El turismo enológico se consolida lentamente en nuestro país

Para descentralizar el turismo de sol y playa los operadores buscan ofrecerle alternativas a los extranjeros que llegan a nuestro país.

El turismo enológico integra la lista de alternativas disponibles. La recorrida por bodegas fue pensada no sólo como un paseo donde se pueden aprender los distintos misterios que tiene la cosecha y la producción de la vid: también se fomenta la promoción de los vinos nacionales mediante su degustación.

«A esto se suma que la actividad está creciendo a nivel mundial y que el turista busca nuevas experiencias», explicó a LA REPUBLICA Mónica Rossi, de la agencia Cisplatina, que lleva adelante «Los senderos del Tannat».

 

Como en casa

La mayoría de las personas interesadas en este tipo de paseos son extranjeras, provenientes principalmente de Brasil y Estados Unidos. El verano se caracteriza por ser una época con gran afluencia de público interesado en la enología.

Uno de los aspectos que más disfrutan los visitantes es que las bodegas son atendidas por sus propios dueños. «Esto sorprende a los turistas. Además el uruguayo es muy buen anfitrión y eso les gusta mucho», comentó Rossi.

También les llama la atención la calidad de las bodegas y los vinos. Casi siempre, al finalizar la recorrida, los turistas se llevan una o más botellitas para saborear en su hogar.

«El turista acá se sorprende, porque viene con la idea de que Uruguay es chato, y al llegar a la bodega se fascina con la calidad de los vinos, porque son naturales y frescos, y además quedan contentos al ser recibidos por sus propios dueños», explicó Ana Etcheverry, una de las dueñas de la bodega Castillo Viejo, responsable del desarrollo de la actividad turística.

La catación de vinos finos es uno de los principales atractivos que tiene esta actividad. «El turista más que nada viene a degustar, por eso se han creado cavas especiales donde se pasan las horas conversando sobre el sabor, la temperatura ideal y los secretos del vino», reflexionó Etcheverry.

 

Mercado en Uruguay

«Los senderos del Tannat» consiste en una visita a dos bodegas distintas, donde los turistas pueden degustar cuatro vinos finos, acompañados por una tabla de quesos y fiambres. El precio por persona es de 75 dólares e incluye el transporte.

La recorrida se realiza tres veces a la semana.

También se pueden realizar visitas coordinadas a las bodegas. Es por eso que muchas empresas tienen personal específico para el desarrollo de esta actividad, lo que refleja la profesionalización en materia de turismo enológico.

Además, «al tener personal para el área no se altera el proceso de producción del vino», comentó Gustavo Días, encargado de Viñar en la bodega Filgueira.

Los precios varían en función de los servicios que ofrece la bodega. Degustar dos vinos finos en algunas de ellas cuesta entre 150 y 250 pesos, mientras que las visitas que incluyen almuerzo superan los 400 pesos. Algunas bodegas ponen transporte a disposición de los clientes, cuando el grupo supera las 20 personas.

Por otra parte, se ha creado la Asociación de Turismo Enológico del Uruguay, cuya finalidad es que se conozcan la identidad, cultura, técnicas de trabajo y pasión por la vitivinicultura de las principales bodegas de nuestro país. Integran la asociación bodegas del departamento de Montevideo, Canelones, Maldonado, Colonia, Rivera y Salto.

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