Los Reyes Magos
Caso:
Tito ha puesto el pasto y el agua como le dijeron, espera a los «Reyes Magos». Está seguro que recibirá toda la lista de su cartita. Nada del otro mundo: una bici, una pelota de fútbol y unos patines.
En realidad son lo padres quienes están preocupados, ya que no les será posible cumplir a cabalidad ese esperado rol. Este año Juan se ha quedado sin empleo y lo que gana Silvia no da para ese despliegue.
Siempre han hecho todo lo que han podido por ese hijo y muchas veces más aun. Con tal de no decirle que «no» a alguno de sus pedidos han incluso resignado otras necesidades de la casa y más de una vez han debido recurrir a algún préstamo.
Todo con tal de ver a Tito contento. Nada se le niega, es todo un príncipe. Muchas veces este ha sido un motivo de discusión. Silvia no quiere por nada del mundo que el pequeño llore y no duda en «bajar las estrellas del cielo», si fuera necesario.
Tantas veces a fin de evitar un berrinche Silvia ha comprado golosinas que ya sabía que iban a terminar en la basura. Tito se ha acostumbrado a pedir sin límite y luego de un mordisco tirar aquello por lo que hace unos instantes clamaba.
Con los juguetes la rutina es similar, unos instantes y aquel juguete de tanto precio, pasa a quedar arrinconado o roto, motivo suficiente para pedir otro y así sucesivamente.
Carlos ha intentado poner algún límite a esta demanda permanente, pero Silvia se ha opuesto con vehemencia. No va a dejar que su pequeño sufra, cualquier sacrificio es poco para demostrarle su amor.
Esta noche es diferente, los «reyes» saben que no podrán cumplir con la cartita de Tito. Y el temor a los berrinches y la frustración se convierten en una noche de torturante insomnio. Es la primera vez que Tito recibirá unos insignificantes regalos que no cubrirán sus anhelos. La frustración es segura y la culpa por no haber podido cumplir se convertirá en promesas de otros regalos más y más caros.
Comentarios:
La peripecia de vivir expone inevitablemente a situaciones de satisfacción y frustración. Ambas forman parte de la vida de un ser humano. Es una fantasía frecuente en algunos padres suponer que es posible evitarles a sus hijos frustraciones durante su proceso de crecimiento, con la idea de que «ya tendrán tiempo de sufrir cuando sean grandes».
Esos niños en algún momento de sus vidas y más rápidamente de lo que los padres suponen se enfrentarán a frustraciones diversas: desde un compañero que no desea compartir un juguete, la maestra que no le permite hacer algo deseado, una comida que no agrada, un caramelo que se le niega o se difiere en el tiempo, etc.
Desde la cuna empieza un aprendizaje que se torna un recurso de la personalidad en el futuro: aprender a superar las frustraciones. Es algo similar a tener un paraguas a mano si se vive en un lugar de clima lluvioso. Es mejor tener el paraguas y no necesitarlo porque no llueve, a la situación inversa: que llueva torrencialmente y no se cuente con el resguardo correspondiente.
Este sencillo ejemplo comprendido por todos no es tomado así a la hora de procurar, como padres, integrar como parte de la educación la capacidad para superar las frustraciones. Cada obstáculo superado lejos de dejar el sabor amargo de la impotencia frente a la frustración nutre la autoestima con la conciencia de haber logrado enfrentarse a ella o haber encontrado una solución frente a un problema.
Se fortalece así la personalidad y la confianza en «sí mismo». De esta forma la vida es una carrera en la que los obstáculos son sorteados sin mayores consecuencias. De lo contrario la vida en algún momento colocará barreras que los padres no podrán levantar y la frustración será inevitable. Entonces el mínimo obstáculo se vivirá en tonos de drama y la respuesta no entrenada agregará una dificultad más.
En el caso de hoy Silvia se ha encargado de evitarle a Tito todo el displacer de cualquier contrariedad. Esta noche de «Reyes» ella también se enfrentará a su propia frustración y deberá además apoyar su hijo iniciando un aprendizaje que se le ha postergado.
Cuanto más tardío es este proceso es mayor el displacer o el dolor de la frustración ya que son mayores los obstáculos a sortear. En otras palabras, cuanto más grande es un niño hay mayores posibilidades de frustración que exceden el control de los padres, y frente a las cuales no está preparado.
Los adultos suelen vivir esta pérdida del control de la «felicidad» de sus hijos con mucha culpa y suelen recurrir a intentar compensarlos de alguna manera. Esta es otra fantasía como la de los «Reyes Magos» que está destinada a mayores frustraciones de ambas partes.
A no desesperar por aquello que no se ha podido lograr. Siempre es tiempo de iniciar un aprendizaje saludable en el que los obstáculos son desafíos a vencer y en los que la lucha por buscar las posibles soluciones son una forma de crecimiento. Como aditamento se obtendrá la satisfacción por haber podido enfrentarse el problema independientemente de su resultado. Si el resultado no es favorable es posible valorar la capacidad de lucha, en caso favorable la satisfacción será por el «logro» del resultado concreto y el aumento de confianza y seguridad en la propia valía.
Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983
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