Luego de una exitosa trayectoria, Cacho Denis vuelve a la murga
Durante el pasado invierno Cacho Denis decidió preparar sus valijas e irse a trabajar a España, con la promesa de retornar para el próximo Carnaval.
En el transcurso de su estadía en la madre patria mantuvo contacto con Montevideo, e incluso recibió ofertas vía telefónica para sumar su aporte a diferentes conjuntos. Previo a su partida, había asumido el compromiso de darle la prioridad al conjunto que contó con él en la última temporada.
«No, no estoy arrepentido de la decisión que tomé nos decía Cacho-. Es como cuando a vos te ofrecen un lápiz y una birome: elegiste el lápiz y después te das cuenta de que la birome habría sido mejor, pero lo que vale es lo que decidiste en el momento. Y después se dan las cosas como Dios quiere».
En la segunda quincena de octubre emprendió el regreso e inmediatamente comenzó con los ensayos junto a Crazy’s, compartiéndolos con el «maestro del parodismo», Miguel «Pendota» Meneses.
«Es un placer trabajar con Pendota, nos hicimos muy compinches. Me gusta mucho hablar con él y le comenté lo que me estaba pasando. No disfrutaba de los ensayos y cuando uno no goza con lo que está haciendo, es que algo no funciona bien», relató.
El primer amor
Después de dos meses de trabajo y tras una serie de discrepancias artísticas, optó por comunicarle a Fernando Couto su decisión de desvincularse del conjunto. Pocas horas después, fue invitado por Colombina Che a incorporarse como cupletero de la murga.
«Es volver al primer amor: la murga. Mi debut en Carnaval había sido con La Gran Clásica. Otros tiempos… Lo que me gustó de Colombina es que mi llegada no significaba quitarle el lugar a nadie. Prácticamente recién acabaron de armarse, empezaron un poco tarde y faltaba un cupletero», explicó.
Pocos se imaginan a Cacho Denis cantando en una murga; habrá que verlo sobre un escenario. «El arreglador, para que a mí me quedé un tono, tiene que dármelo cuatro o cinco días seguidos, pero a partir de ahí lo sacó y me van a tener cantando igual durante todo el Carnaval afirmó. En uno de los primeros tablados que hicimos con La Gran Clásica, durante la presentación se habían ido los tonos allá arriba. Yo veía que el director se arrimaba a cada uno que salía a hacer un solo, le cuchicheaba algo y, la verdad, no entendía nada. Hasta que me tocó a mí. El director prefirió no decirme una palabra. Fui, canté y salió. Me dije: ‘Ahora cuando bajemos me dan tremenda relajada’. ¿Qué pasó? Estaban todos locos de la vida. Después me enteré de que mi entrada sirvió para bajarle los tonos a la murga. Así que ya saben: si la murga desafina, me llaman a mí y asunto arreglado.»
El parodismo pierde a una de sus figuras consulares. Colombina Che, y las murgas en general, ganan a un talento desequilibrante.
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