PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

¡LLEGO EL FIN DE AÑO!

El barrio empezaba a tomar una presión que culminaría en los bochincheros bailes en la calle y las maratónicas comilonas de los festejos findeañeros. Las víctimas de las chanzas estaban en los dos extremos. Los vecinos más seriotes y los más cancheros eran los más elegidos para hacerlos caer en las bromas o «inocentadas» del 28. En el boliche de la esquina y en el almacén baratillo retumbaban las carcajadas por los que habían caído «como angelitos». Bromas políticas, como hacer creer que aquel vecino blanco como hueso de bagual se lo había visto entrar en un baluarte del coloradismo. Tenían como destinatarios a los vecinos que se tomaban la política muy a pecho. Entre las vecinas las inocentadas abarcaban el hacer creer, por ejemplo, que el turco vendedor ambulante de corbatas estaba de novio con la solterona del barrio que se pasaba sus horas en la iglesia. Esas bromas iban caldeando el clima barrial y lo hacían mas propicio para la fiesta colectiva del 31 de diciembre. Unos vecinos se trepaban a los árboles poniendo los parlantes «corneta» y otros preparaban el equipo sonoro, de los que alquilaba el Sr. Cal. Los más entendidos prestaban sus discos de pasta para que se armara el bailongo callejero. Música con tangos de Roberto Firpo y milongas de Panchito Cao, comenzaban a sonar en la calle apenas caía el sol de ese último día del año. Y llegada la noche, las pibas con sus melenitas de oro tan a la moda y los galanes peinados a la gomina se trenzaban bailando en la calle y en las baldosas de la vereda. Los vecinos espectadores le daban al clericó que se ofrecía en una enorme jarra de vidrio. El aire se impregnaba con aroma a corderito asado que una semana antes habíamos comprado a los vendedores ambulantes. En los hornos de barro se hacían los budines caseros elaborados por una abuela que ataba sus cabellos, ahora tan canosos, con una pañoleta traída de su hermosa tierra de Aragón. Por esa época del año todos hacían rifas cuyos resultados se conocían justo el 31. Fue muy famoso el sorteo organizado por el Centro Popular y Recreativo «El Moscón» de Uruguayana y Larrobla. Su premio principal era un espléndido reloj para el chaleco del traje de la cotizada marca Omega. Otro premio era una potente radio de capilla de la fábrica Telefunken. Hasta en los cafetines hacían rifas que entregaban a sus «mareaditos» ganadores un rico lechón asado o un par de botellas de un vinito semillón que se las traía. El sastre judío del barrio no se quedaba atrás y rifaba, por esos finales de diciembre, un excelente casimir inglés. Por esas fechas findeañeras fue tradicional el sacarse una foto todos juntos para el obligatorio álbum familiar. Padres, hijos, abuelos y tíos arrancaban para los estudios de maestros de la fotografía como Toja en Agraciada y San Martín o el Sr. Silva en la calle Rondeau casi Uruguay. Otro hábito de fin de año fue el hacer una excursión con los vecinos de la cuadra hacia sitios cercanos como Santa Lucía o los terrenos del caballero Piria. Se alquilaba un camioncito, muchas bolsas con el morfe y las imprescindibles frutas y el vino para hacer la sangría al estilo madrileño. Y los que se quedaban, al día siguiente del festejo del 31, paseaban por las canteras del Parque Urbano y otros miraban como sus hijas patinaban en la famosa pista del Parque Capurro. Almanaques de ilusiones con las fotos de Gardel, la Dietrich o el gran bailarín Fred Astaire, colgaban en los hogares que retomaban su senda de amor, lucha y trabajo. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.

 

COORDINACION:

ANGEL LUIS GRENE

Ivette Almendras (*)

SANAMENTE

Psiquiatra (*)

El año que viene

 

Caso:

 

Carlos está una vez más diciéndose a sí mismo: «el año que viene, seguro que saco la grande». Está en el bar de al esquina, con una copa más «la última». Porque el año que viene también dejará de tomar. Seguro que entonces podrá conseguir un trabajo como la gente, no estas changas que le dan apenas para comer.

Marta está cansada de sus promesas. Ella también piensa que es hora de cambiar y se ha prometido que el año que viene buscará trabajo. Ya no confía en los juramentos de Carlos y es seguro que si trabaja podrá algún día salir de estos aprietos.

De paso piensa que el año que viene empezará una buena dieta y de una vez por todas adelgazará esos kilitos que la horrorizan cada vez que se mira al espejo.

Año Nuevo, vida nueva, piensa mientras está preparando una opípara comida para la reunión de esta noche. No puede imaginar una mesa servida sin una abundante cantidad de bebidas alcohólicas y una gran variedad de carnes y postres. En fin por algo tiene esos kilitos demás. Ha debido recurrir a un pequeño préstamo. «Otra mancha más qué le hace al tigre y el año que viene se verá como se sale».

 

Comentario:

 

«El año que viene» es una forma de expresar un propósito que pretende modificar algo con lo cual no se está conforme. Es sin embargo una trampa que tranquiliza la conciencia y deja el esfuerzo del cambio suspendido en el futuro.

El verdadero cambio es únicamente posible en el presente. La proyección al futuro sirve para visualizar en ese tiempo «el mañana» aquello que se desea alcanzar, el sueño, la fantasía, que se construirá con ladrillos de presente.

Las acciones necesarias para conseguir ese objetivo colocado en el futuro, deben empezar ya, hoy, en el instante presente. Ya que éste es el único espacio temporal que existe con posibilidad de cambios.

El pasado solo existe en la memoria y el futuro solo existe en la imaginación Esta visión de la temporalidad es muy práctica y permite entender el fracaso de los más firmes propósitos que no contaron con un asidero de acciones en el presente.

Es en el día de hoy, en el instante presente que se deben producir a los cambios cuyos frutos se verán en el futuro. Es como una sucesión de «presentes» que se van archivando como si fueran fotografías de un álbum que está en la memoria. Es este tiempo en el cual es posible modificar todo aquello que abone el objetivo deseado.

El ser protagonista de un pequeño éxito en el presente habilita a juntar en la memoria una sucesión de fotos de «presentes exitosos» en los que el cambio deseado fue posible y se obtuvieron los cambios soñados. Es entonces fácil imaginar un futuro en el que el objetivo se cumplirá.

En el caso analizado, los personajes expresan una serie de deseos que ocurrirán el «año que viene». Ambos, dejan para mañana cambios de sus respectivos presentes. Carlos podría dejar de tomar y Marta iniciar su dieta hoy.

Esos pequeños éxitos del presente, se acumularían así en sus respectivas memorias, fortaleciendo su autoestima. De esta forma sería más fácil lograr nuevamente lo deseado. La sucesión de presentes modificados construirá fácilmente en la imaginación un futuro en el que los objetivos serán conquistados.

Este es el secreto que facilita el éxito a algunas personas y frustra a otras. Centrar las acciones en el pasado, en lo que pudo hacerse y no se hizo es una trampa que impide modificar las acciones en el presente y solo genera culpas. Se pierden así las oportunidades para generar el cambio deseado. Con cada presente perdido se pierde una nueva oportunidad de acercase al objetivo deseado y se suma una nueva frustración.

Por otra parte centrarse en el futuro, da un alivio momentáneo ya que supone realizar el esfuerzo de cambio mañana. Se «patea para adelante» el problema al que se desea buscar solución. Sin embargo esta actitud también encierra una trampa. Ese mañana no llegará nunca, ya que el espacio temporal del futuro solo existe en la imaginación. Por ello es inaccesible a los cambios reales. Solo serán sueños no realizados. De esta forma el futuro actúa como un refugio protector en el que se evade la responsabilidad de las acciones presentes
.

En ese mundo de sueños Carlos expresa la fantasía de «ganar la lotería». Eso lo eximiría del esfuerzo de buscar trabajo, dejar de tomar y salir de su quejosa comodidad.

El presente es la oportunidad única de realizar los cambios deseados. Por ello la energía del cambio debe ponerse en el «hoy». Esto obliga a modificar la actitud pasiva refugiada en el pasado o en el futuro por una actitud proactiva en la que es posible asumirse como protagonista de una vida personal que se construye día a día con pequeños logros.

Implica asumir también la responsabilidad de los propios actos y sus consecuencias. Es un camino en el que la autoestima se fortalece y se gana paulatinamente mayor autonomía.

Es en esta concepción que les deseo a todos mis lectores un muy feliz año 2009, en el que puedan concretar sus objetivos construyéndolos en presentes muy activos. El disfrute de cada logro obtenido por más pequeño que sea, será entonces un poquito de felicidad ganada para construir así una vida activa, saludable y feliz.

Esta columna y las anteriores están disponibles en www.prosalud.com.uy. Dra. Almendras. Informes y Seminarios 4099983

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