Biotecnología contra la fiebre aftosa
El doctor Alejandro Chabalgoity es profesor titular del Departamento de Desarrollo Biotecnológico del Instituto de Higiene de la Facultad de Medicina y coordinador del proyecto. Estuvo en Buenos Aires en el acto oficial de entrega y conversó con LA REPUBLICA.
¿En qué consiste este proyecto, financiado por la Unión Europea?
La idea de este proyecto es poner en conjunto a un grupo de académicos de los cuatro países del Mercosur junto con empresas productoras de vacunas veterinarias de la región, más las llamadas empresas de investigación y desarrollo. Empresas de biotecnología que están comenzando con algún tipo de plataforma.
La idea es lograr aplicar las herramientas más modernas de biotecnología para reposicionar a la industria productora de vacunas veterinarias del Mercosur a nivel mundial.
Este tipo de vacunas tiene una gran tradición en Latinoamérica, pero sobre todo en la región, con un desarrollo y penetración a nivel mundial muy importante. Es una de las industrias generadoras de exportación en nuestro país.
Entendemos que la incorporación de todas estas nuevas tecnologías permitirá reposicionar a la industria con nuevos estatus en cuanto a importancia mundial.
Para ello la estrategia que usamos es generar un proyecto de investigación donde se mezclen todas las nuevas tecnologías, en particular las de genómica funcional, que nos permiten evaluar en forma global la respuesta inmune.
¿Qué diferencia tiene este tipo de vacuna con las anteriores?
En general las vacunas sólo se evaluaban por producción de anticuerpos y esto evalua una parte muy pequeña de lo que una vacuna debe hacer.
Esta nueva tecnología nos permite analizar de forma global la respuesta inmune. Son tecnologías que permiten evaluar la expresión de miles de genes al mismo tiempo en los bovinos que están siendo vacunados.
Muchas de estas tecnologías se aplican a nivel de animales de laboratorio. Pero lo novedoso es que lo vamos a realizar directamente en animales de producción.
Aspiramos a recabar información que nos permita por un lado generar vacunas de nueva generación que tengan ventajas sobre las tradicionales y por otro lado queremos generar nuevos sistemas de control.
Dentro de su proyecto figura un nuevo equipamiento único en la región. ¿En qué consiste el mismo?
En particular nuestro grupo en Uruguay solicitó dinero en este proyecto para aportar al nuevo equipo que no existe en la región. Va a estar instalado en el Instituto de Higiene de la Facultad de Medicina y tiene una capacidad de trabajo muy superior a la que vamos a usar en este proyecto. Por lo tanto lo que aprendamos en el manejo de este equipamiento lo vamos a poder trasladar a otras áreas de la medicina veterinaria y humana.
¿Cuánto es el dinero que se va a invertir en este proyecto?
El proyecto total ronda los 500.000 euros. La Unión Europea aportará 415.000 euros, el resto va por cuenta de las instituciones como contrapartida.
Quiero agregar algo que me parece importante destacar. El equipo del que hablamos cuesta alrededor de 120.000 dólares, lo cotizamos para que lo pagara en euros la Unión Europea pero debido a que el equipamiento estaba en dólares debido a la relación dolar-euro, perdimos una parte importante de dinero, hasta tal punto que quedó en riesgo la posibilidad de comprarlo.
En un momento pensamos que no lo ibamos a poder comprar. En ese sentido el Instituto de Higiene logró conseguir los fondos para implementar la parte que nos faltaba y por lo tanto estamos logrando comprar el equipo gracias al aporte de la Facultad de Medicina.
¿Cuál va a ser la participación del Estado en este tema, sobre todo en lo relacionado con las nuevas vacunas?
Si esto funciona, nos va a permitir desarrollar un montón de cosas, pero para pasar a las siguientes etapas de implementación vamos a tener que golpear las puertas del Estado.
Creo que un tema central que van a tener nuestros estados del Mercosur es estar con la cabeza abierta para que las nuevas tecnologías que podamos desarrollar puedan ser incorporadas a su uso masivo. O sea, tener la posibilidad de diálogo y discusión con las organizaciones reguladoras, para que realmente si lo que desarrollamos tiene valor, se pueda incorporar y podamos hacer punta.
Vamos a estar generando tecnología nueva que no tiene aplicación por ahora en el mundo. Vamos a poder generar escuela en ese sentido. Esto implica un grado de capacidad de asumir riesgos que el Estado va a tener que tenerlo.
No existe liderazgo sin riesgo. Si nuestros países quieren liderar este tema van a tener que asumir esa capacidad de incorporar tecnologías nuevas.
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