VIVIR CON LOS SUEGROS AUMENTA EL RIESGO DE ATAQUE CARDIACO PARA LA PAREJA
Las mujeres japonesas casadas que viven con su marido y con los padres de alguno –en Japón, eso casi siempre significa los padres del esposo, de acuerdo con los investigadores– tuvieron tres veces más probabilidades de sufrir un ataque cardíaco que aquellas que viven solamente con su cónyuge.
Una nota de The New York Times sobre dicho estudio agrega que tener niños en casa también se vinculó con un mayor riesgo de ataques cardíacos entre mujeres japonesas, aunque no en una proporción tan alta. En los casos de mujeres que vivían tanto con padres como con hijos, el riesgo de ataque cardíaco sólo se duplicó en vez de triplicarse.
«Tendemos, en Occidente, a ver las relaciones familiares y el apoyo social como elementos que protegen la salud», indicó Ichiro Kawachi, epidemiólogo de la escuela y uno de los autores del estudio. «Este es el primer estudio epidemiológico que muestra que en Japón estos arreglos tradicionales de convivencia son más bien lesivos para la mujer». En algo sorprendente, la situación no afectó la salud de los hombres. «A los hombres japoneses no les importa la clase de arreglo que se tenga», explicó Kawachi. «Son inmunes al estrés doméstico». Los investigadores estudiaron a 91 mil hombres y mujeres japoneses viviendo bajo distintas condiciones a lo largo de más de 10 años. La edad de los participantes fue entre 40 y 69 años. A ninguno se le diagnosticó antes del estudio alguna enfermedad grave, como problemas cardíacos, embolias o cáncer. Al final del estudio, a 671 participantes se les diagnosticó enfermedad de las arterias coronarias, 339 murieron de padecimiento cardíaco y 6 mil 255 fallecieron por otras causas. Las mujeres que vivían con sus esposos y los padres, normalmente de él, tenían menos probabilidades de fumar o beber intensamente, pero mostraron tres veces más probabilidades de sufrir un ataque cardíaco, señalaron los investigadores. Sin embargo, no registraron más probabilidades de morir de un ataque cardíaco que las mujeres que vivían sólo con sus esposos. Kawachi especuló que, una vez que se enferman, las mujeres empiezan a recibir el apoyo que necesitan, en cuyo caso «contar con los padres es probablemente útil».
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