CAMPANAS DE MAR DE FONDO
Se habían reunido un 25 de agosto del 34 en un rancho de pescadores y entre alegres cantos y un «chupín» nació la leyenda del bravo Mar de Fondo. Típico exponente de la peliaguda Liga Palermo, sus hinchas se nutrieron del palo y tamboril, meter pechera y fraternidad barrial.
Cuando uno de sus jugadores más queridos como lo era el pintún Bianchini, fue transferido a Peñarol, la sede de la calle Durazno brilló de alegría. Tremendo festejo con cientos de hinchas y vecinos muy orgullosos que un jugador al que consideraban un hermano hubiera mejorado su vida personal y deportiva.
En sus años de gloria, la cantina de la sede fue punto obligado para la camaradería del barrio y le sacaba clientes a los míticos boliches del Sur y Palermo. Muchos parroquianos de «El Casupá» de Isla de Flores y Minas, y del «Café Palermo» de Maldonado y Ejido se podían ver en aquella cantina del Mar de Fondo muy propicia para el brindis fraterno. En los carnavales de antaño, el club marcó su presencia con un clásico tablado que levantaban en la calle Yaro. El dinero para ese tradicional escenario con sus muñecos alegóricos salía de lo recaudado por una ruleta clandestina que funcionaba medio a la sordina en la sede. A esa timba llegaron a venir fuertes jugadores del Parque Hotel atraidos por los porcentajes que pagaban los capitalistas que bancaban el juego.
El tablado fue un orgullo para el Sur y Palermo. Por sus tablas subió una noche un joven, medio gordito, vestido de charro mexicano llamado Roberto Barry mucho antes de convertirse en El Comisario de Cerro Mocho en la fonoplatea de El Espectador. Por la década del 50 en ese escenario no sólo actuaban los mejores conjuntos carnavalescos sino que también presentaban grandes luminarias internacionales que siempre nos visitaban en los calientes febreros del ayer. Así fue que una noche en ese lindazo tablado se presentó el gran Xavier Cugat con su orquesta de mambos y congas. Unos veteranos que estaban en la cantina hicieron una picaresca apuesta y una barrita de muchachos entre los que estaban los habitués Páez Vilaró y Juan Angel Silva aceptaron el reto. El asunto fue que cuando terminó su actuación y mientras se dirigía a la bañadera, el músico Xavier Cugat recibió «un manotazo» en su blonda cabellera y de golpe quedó mostrando una lustrosa calvicie. La apuesta era ver quien le sacaba su peluquín y los alegres muchachos lo hicieron creando una divertida anécdota que por años se contaba en las fiestas y comilonas de Navidad y Año Nuevo. Otro orgullo del club fue su gran «coral» que amenizaba las reuniones en al sede y también en otros emblemáticos sitios del barrio. Esa coral llegó a presentarse en el patio del conventillo Medio Mundo para festejar un 6 de Enero el día de San Balthazar, el protector de la hermosa raza negra. La Coral del Mar de Fondo rivalizaba en aquellos tiempos con otra agrupación similar pero del barrio La Comercial. Se trataba de «Guarda e Passa» dirigida por el gran maestro Julio de María que también dirigió los coros de Los Zorros Negros, Palán Palán y Morenada. Pero los vecinos amaban a ese coro del club y cuando sus hermosas voces retumbaban en la calle Durazno no volaba una mosca.
Entre los personajes que visitaban habitualmente al Mar de Fondo estuvieron Peduto un gran arquero que llegó a jugar en Peñarol, el movedizo Rodríguez Andrade, Pocholo Burgues y el Ñato Pedreira con sus reideras historias. Por los años 70 anduvo muy seguido el músico Eduardo Mateo que le dedicó un candombe titulado «Campanas del Mar de Fondo». Cuentan los viejos vecinos que cuando sopla la sudestada ese ritmo de Mateo se vuelve a escuchar repiqueteando al compás de las olas. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.
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