Instalaciones. El predio cuenta con más de 15 hectáreas

Rossi: "El museo del transporte es un espacio en construcción permanente"

El predio de 15,6 hectáreas, se encuentra ubicado en la intersección de Camino Carrasco, Camino Gral. Servando Gómez y el arroyo Carrasco.

Las instalaciones están compuestas por el chalet, una casona, una cochera y las caballerizas. Actualmente se encuentran en exposición más de treinta carruajes de época utilizados por la aristocracia en la últimos dos siglos.

El parque fue diseñado por el paisajista Racine de Paría, que también proyectó el Parque Roosevelt. Entre las especies vegetales se pueden encontrar cipreses, pinos, palmeras y árboles de lugares exóticos. Hay piezas ornamentales de mármol y bronce y reproducciones de esculturas clásicas.

El museo fue creado en 1945 gracias a varias donaciones realizadas a la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM).

El convenio, firmado en agosto de 2008, establece el traspaso por parte de la secretería de Estado de un predio de 4 hectáreas en Colón, donde la IMM construirá una terminal de ómnibus.

Luis Alvez, actual coordinador del museo dijo a LA REPUBLICA que, además de custodiar las piezas se fabrican réplicas. «Hicimos una copia del carruaje en el que pasearon a los campeones olímpicos en 1928. Realizamos además trabajos de talabartería porque queremos rescatar viejos oficios».

Para la construcción de la réplica del carruaje de los olímpicos fue necesaria la intervención de cinco artesanos: herreros, tapiceros, carpinteros, pintores y tornero. El vehículo tiene una capacidad para ocho personas sentadas y cuenta con un espacio para guardar víveres a modo de un barcito.

Las construcciones del museo, algunas bastantes deterioradas por el paso del tiempo, aún conservan el esplendor de la época en la que fueron construidas. La casona, en la que se realizaban bailes y reuniones tiene una capacidad para albergar 400 personas sentadas. Los arquitectos del ministerio aseguraron a LA REPUBLICA que a pesar del paso del tiempo, la estructura está en buenas condiciones.

Lo llamativo es el mobiliario del lugar, en estado de semi abandono se encuentran las camas con dosel que pertenecieron a Máximo Santos y Máximo Tajes.

 

Museo vivo

El secretario de Estado aseguró a LA REPUBLICA que se trata de un emprendimiento muy importante.

«El Uruguay necesita un museo del transporte, acá hay una reserva que tiene ese fin. Las instalaciones necesitan mantenimiento y reparación, pero perfectamente pueden ser el punto de partida de ese esfuerzo para crear un lugar de memoria de la actividad económica y social a través del transporte».

Rossi aseguró que será un espacio en permanentemente construcción.

Consultado sobre la inversión, dijo que aún no han estudiado las cifras, pero reveló que tendrán que ser aportes permanentes.

«La idea es tender a reflejar lo que son todos los medios de transporte, pero museo aeronáutico ya hay, se pueden integrar pero será fruto del trabajo. Si bien el museo ferroviario sería bueno que estuviera en Peñarol, no quiere decir que acá no se refleje esa actividad», dijo el ministro.

«Este debe ser un espacio de intercambio y reflexión, de investigación y formación. Queremos construir algo que vaya creciendo día a día», concluyó Rossi.

 

La historia del predio

La quinta pertenecía a Fernando García (1887-1945) un próspero comerciante e importador de whisky que también incursionó en la fabricación de cigarrillos. García integró el directorio de Banco Comercial y fue vicepresidente del Banco Hipotecario.

Era poseedor de una gran biblioteca y una importante colección de arte, dentro de la cual se encontraban obras de Juan Manuel Blanes.

A su muerte más de 400 obras fueron donadas al Ministerio de Educación y Cultura.

El escritor y director de cultura de la IMM, Mario Delago Aparaín, que participó de la recorrida, contó a LA REPUBLICA parte de la rica historia de la finca «Fernando García pertenecía a la barra de Pitamiglio y Piria, era una persona con un gran poder adquisitivo.

A esta casa venían numerosos artistas, entre ellos Gardel, al que nunca pudieron traer fue a Crusso», aseguró Delgado Aparaín.

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