"Fito" Galli. "Todavía me sorprendo cuando le gusto a la gente"

"En mi programa trato de ser sincero y directo"

Extrovertido y expresivo, el multifacético Marcelo «Fito» Galli demostró en la Sobremesa del Domingo que, más allá de manejar a la perfección un estilo de humor particular, posee un conocimiento cabal de la realidad social y política del país.

Galli se siente como pez en el agua en distintos ámbitos, trabaja en el Parlamento, conduce un magazine matutino, es un reconocido actor de teatro y ha sido protagonista de publicidades recordadísimas. Al presentarse destacó de sí mismo: «Soy un atrevido, un trabajador de lo que venga; me siento cómodo en muchos lados. Adonde hay que trabajar ¡allá voy!».

–¿Qué querés decir con que trabajas en lo que venga?

–Empecé a trabajar como educador. Mi vocación es la de educador y la vida me fue llevando a ser el coordinador del Area de Recreación del Iname (hoy INAU) de todo el país, después fui asesor de la directora en la parte de prensa, luego fui secretario de una diputada en el Parlamento.

Jamás pensé poder ser eficiente en eso y hoy sigo haciendo lo mismo. Me encargo de la imagen, de la prensa, de las leyes, de pelear, cosas muy divertidas. Después terminé siendo secretario en la bancada bicameral femenina, de todas las diputadas y senadoras en el Parlamento.

–¿Y tu faceta de artista?

–Es paralela.

–¿Sos egresado de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD)?

–Sí, hice todo el EMAD siendo educador del Iname.

La vida siempre ha superado mis sueños, por eso yo siempre digo que no tengo mucho pasado, ni mucho futuro porque tengo mucho presente.

Siendo educador, mi sueño era poder influir en la vida de un niño, y hoy estoy influyendo en la vida de todos los ciudadanos del país peleando una ley. Es algo que nunca imaginé.

–¿Pero es la suerte o sos vos que insistís?

–Son ambas cosas. Porque la suerte pesa muchísimo y reconozco que también fui muy perseverante y cuando tengo un laburo me rompo el alma para hacerlo.

En la compañía Italia Fausta empecé a trabajar porque iba a ver un espectáculo todos los fines de semana y siempre llevaba a alguien. Entonces, arranqué de vestidor de actores, después pasé a ser utilero, después a actor suplente y por último actor protagónico. Todos los trabajos que hice los podría volver a hacer porque me fascinan.

–Por lo que contás, en todas las cosas que hiciste siempre has ido de menos a más.

–Sí, hoy en día sigo aprendiendo, sobre todo de los gurises del INAU con los cuales me sigo reuniendo después de haber trabajado 20 años allí.

 

La popularidad

–¿En qué medio te hiciste más popular?

–En este país la única forma de hacerte popular es aparecer en televisión. Cuando hice el comercial de la rifa de Arquitectura nunca me imaginé que iba a tener esa repercusión. Yo fui a hacer el casting y vi que había travestis, actrices y actores, nunca me imaginé quedar, firmé el papel y me fui. Al otro día estaban desesperados buscándome para filmar.

 

–La publicidad de «Julia» (el hombre que se lamentaba por no haber comprado la rifa de Arquitectura), fue una de las piezas más premiadas.

–Sí, hace como 10 años fue «Campana de Oro» de la década. Fueron 14 segundos de mi imagen frente a la pantalla, incluso el comercial se sacó del aire antes de lo planeado porque la rifa se agotó.

En ese momento yo ya tenía 10 o 12 años de vivir del teatro y estaba haciendo 8 obras para niños, sin embargo la gente no tenía la menor idea de quién era yo. Después de ese comercial, en la calle me reconocían hasta por la voz. A los taxistas les hablaba desde atrás y me decían: «¿Julia, sos vos?».

 

–¿La popularidad en la televisión te lleva a ser más popular en el teatro?

–Es todo una cadena. Tengo la suerte de trabajar con gente como la que está en Italia Fausta. Petru Valensky es el actor más taquillero de este país y además una divina persona. Cuando la gente todavía no sabía mi nombre me decían: «el flaquito que trabaja con Petru». En la calle todavía me dicen «Petru» y yo ya se que me hablan, pero saben que no soy Petru, pero es la forma que tienen de llamarme. Ahora me dicen «Victoria Magazine» (Risas).

 

–¿Qué es lo malo de ser popular?

–Para el actor y el educador la herramienta más grande que tenemos es la observación, nos sirve para imitar, para reflejar lo que está pensando la gente.

La popularidad o la fama, lo único que hace es hacerme un poco más difícil estar en todos lados; escuchar a la gente sin que se den cuenta, porque mi presencia condiciona su opinión. Aunque igual me las ingenio, a veces salgo de una obra de teatro me cambio de ropa rápidamente y salgo entre el público a escuchar los comentarios.

 

–¿Cómo son los comentarios?

–Cada persona interpreta cosas distintas de un mismo personaje, hay gente que dice que escuchó cosas que en el escenario nunca se dijeron. La juventud se fija mucho en la estructura del espectáculo, la gente más mayor, sobre todo los extremos, la más adinerada y la muy humilde, disfrutan con una felicidad, es como una catarsis.

Van al teatro y salen con un dolor en el cuerpo de reírse.

Me sorprendo cuando les gusto, porque me parece raro que estén hablando de mí cuando no me conocen.

 

–Después de tantos años, ¿te sigue sorprendiendo?

–Sí, es como la taquicardia antes de la función, si se pierde eso se pierde todo.

 

La realidad

— Tus personajes muestran una realidad difícil de una forma amena, ¿cómo ves a la gente en la vida cotidiana?

–Hay que parar un poco la máquina. Yo veo que las personas viven como si hubiera otra vida después y no hay. Hay que disfrutar un poco más y no amargarse tanto. Cuando hay un problema es porque existe una solución, lo que pasa es que no tienen la valentía de enfrentarlos, y si el problema no tiene solución tampoco es un problema, es una realidad. Hay que tomar tiempo para uno, las personas tienen miedo de conocerse porque además de lo mejor descubren lo peor.

Yo puedo respetar a los demás cuando aprendo a respetarme a mí mismo, tengo que aprender a quererme para querer a los demás. Ahí se descubre que hay actitudes y personas que no son tan malas, hay que entender desde qué punto está mirando el otro. Como será de real lo que digo que tenemos un 80% de la población empastillada.

–¿Qué importancia le das a tu papel en los medios?

–Cada vez que uno tiene la posibilidad de estar con la gente, de comunicar cosas, no lo puede desperdiciar.

–¿Es lo que haces ahora en «Victoria Magazine»?

–Sí, nosotros decimos por lo alto lo que la gente grita por lo bajo. Esa es una frase de Petru que siempre me gustó, porque este país es muy pacato.

Trato de ser sincero y directo, por eso no puedo pertenecer a ningún partido político, no puedo dejar de decir si algo está mal, sea del partido que sea, de izquierda o de derecha.

–¿Y en la tele cómo cae eso?

–Yo tengo la suerte de trabajar con una gente muy especial que siempre me dieron posibilidad de decir todo, aun cuando han salido noticias relacionadas con gente de las empresas, tanto de TVT como de Tenfield, a mí nunca se me cortó la libertad de decir lo que pensaba como cualquier hijo de vecino cuando lee el diario.

No son tantos los comentarios que agrego, simplemente recuerdo cosas y les hago mover las neuronas a la gente. Más allá del titular frío, miro entre líneas. Los medios de comunicación a veces son muy sesgados a determinadas cosas.

–¿Te parece que hay un seg
uimiento de las noticias?

–Exacto, porque no hay periodismo realmente de investigación, salvo algunas excepciones.

Siento que los periodistas son más informativistas.

Es extraño que ningún medio de comunicación se preocupe de averiguar por qué Funsa no vende para Uruguay; por qué Funsa presentó una licitación de neumáticos al Estado y el Estado agarró una extranjera porque la uruguaya era de mala calidad y ahora ganamos una licitación con los neumáticos Funsa en otro país.

–¿A qué creés que se debe eso, a la poca profesionalidad de los periodistas, o a los intereses de los dueños de medios?

–Creo que se debe a todo el sistema en que vivimos.

Yo tengo que pelear para que una empresa de mi país sea la mejor, la más económica y la más grande, pero no me molesta que haya otras.

Soy patriota; me gusta lo mío, lo nacional.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje