CALENDIARIO

1983

La cadena oficial de la dictadura correspondiente al 1º de diciembre casi no tuvo audiencia. Todo el mundo anda en la calle, cacerola en mano, palos para golpearlas y junto a los buenos amigos contando si estuvieron cerca o lejos del estrado en el Obelisco por lo que esa gente, nuestra gente, ruidosa y escandalosa y porque no perversa, triunfadora del «río de libertad» vino a enterarse que el dictador Gregorio Conrado Alvarez había obligado a todos los medios a comunicar su pensamiento sobre lo ocurrido en ese repudio a los golpistas.

El teniente general (r) mostró su verdadera cara. Y su experta capacidad de

comprensión, de análisis, de observación ya no de la enorme cantidad de pueblo que había tenido en contra sino de la enorme cantidad de políticos de los diferentes partidos.

Así sostuvo que todo fue un cambalache porque había dirigentes políticos de todos los partidos y ningún militarote. Y que quiere, puede serle muy repetido, cansino, y muy trillado el recurrir a Discepolín. Pero uno comienza a tararear, casi mentalmente, luego, en voz baja y después, a grito pelado que «vivimos revolcaos en un merengue// y en un mismo lodo todos manoseaos» y «¡Dale nomás! ¡Dale que va! // ¡que allá en el horno se vamo’a encontrar».

La Dinarp rubrica la bronca ordenando, en un ejemplificante uso de la censura, que las radios expliquen por qué trasmitieron el acto del 30 de noviembre. Y además que se publiquen los nombres de todos aquellos que estaban en el estrado. Por supuesto que ellos, además, tenían imágenes con todas las caras de gente sospechosa aunque les debe haber llevado mucho tiempo identificar a todos los que nadaban por ese río gritando «¡Tiranos temblad».

La Real Academia Española define «cambalache» como trueque, con frecuencia malicioso, de objetos de poco valor. Si lo tomó en ese sentido, no eran objetos de poco valor los políticos presentes ya que eran los más representativos, al punto que, luego, en democracia dos ¿o tres? fueron Presidentes de la República, dos o más fueron vicepresidentes y muchos más legisladores.

Con el tiempo, el teniente general hablante, dejó su maquiavélica Presidencia, ni llegó a despedirse, renunció el 15 de febrero de 1984 y por medio mes le dejó a Rafael Addiego, como presidente de la Suprema Corte de Justicia, el fardo del cambio.

De todos modos continuó bravuconeando ante los periodistas muy convencido que nada le pasaría. Finalmente, le llegó lo que nunca esperó. En lugar de recibir un «Doctor Honoris Causa» o una Medalla al Mérito o una estatua con la fusta bajo el brazo, se encontró con una firma. La del juez Luis Charles que ponía al final de una sentencia su valor para juzgarlo como coautor de «desaparición forzada», dentro de los crímenes de lesa humanidad, de una veintena de uruguayos que estuvieron hasta su final en centros de detención argentinos y luego se esfumaron en la tragedia del «nunca más», ese nunca más doloroso de no saber cómo murieron y dónde dejaron sus cuerpos.

 

Feliz diario

*** Nace Sergio Federico Fuica Sejas (60), hombre con mucho dinero en sus manos ya que es el tesorero general de la nación.

*** Nace Juan Ignacio García Peluffo (60), economista con dedicación a la macroeconomía, ex presidente del Banco de la República (BROU).

*** Nace Julio Fernández Santero (58), compositor con tendencias suavetonas en el slow pero agitadores en los shakes.

*** Nace Luis Mosca (56), economista, subsecretario y ministro de Economía y Finanzas en el segundo gobierno de Sanguinetti

*** Nace Patricia Murialdo, periodista, comunicadora que estuvo en «Hola gente», se fue a triunfar a los Estados Unidos, no le fue muy bien, volvió a Uruguay, estuvo en VTV y ya ni se sabe por dónde anda.

 

Pienso, lo digo

» No hay aplazaos// ni escalafón, // los inmorales nos han igualao». Otro fragmento del tango «Cambalache» de Enrique Santos Discépolo.

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