"Lo más importante es reírme de mí"
La Sobremesa de este domingo se cocinó en un rinconcito de la Intendencia Municipal de Montevideo. La protagonista, Graciela Rodríguez, le puso los condimentos a una entrevista que también tuvo un dejo amargo.
Para definirme debería decir que soy la actriz Graciela Rodríguez.
Pero no voy a olvidar que en los comienzos de «Decalegrón» yo era conocida como «la feíta» del elenco.
¿Tiene mucho peso lo estético en la televisión?
-Siempre. Cuando una mujer entra a la televisión, se requiere un poco de belleza. Por más que digan que no, se siguen fijando en eso. Incluso en un programa machista, la mujer tiene que tener cola y lolas, y es un poco objeto de ese acoso.
¿Te sentiste acosada alguna vez?
No, por suerte no. Soy una privilegiada, entré a la televisión como la feíta o como la chiquita de Decalegrón.
¿Cuál fue la aceptación por parte del público? Porque muchas veces las mujeres son muy criticadas por otras mujeres…
-Siempre fue buena. Hace muchos años Cacho de la Cruz me dijo: «Tú no sos competencia de la mujer que está en su casa. Vos entraste a la televisión porque la mujer de la casa te dejó entrar y eso corre a tu favor».
La mujer es muy celosa, si está viendo la tele con su pareja y ve a una mujer espectacular, dice «ésta está toda hecha». Ese no era mi perfil, al contrario, «que macanuda es».
Cuando estuve en el teatro, en la revista Boom (Magic Glamour) no sabía si la gente lo iba a tomar bien, porque yo bajaba a la platea y me sentaba a upa de los hombres, fui muy bien recibida por la gente. Ven más allá de la mujer.
Es que el público te aprecia por tu trabajo…
Sí. Quizá por eso en el diario vivir veo que la gente tiene otra imagen y cuando te ve en la calle el público uruguayo te dice todo: «sos más linda personalmente», «que chiquita que sos» o «yo te hacía más gorda».
Humor nacional
¿Cómo ves el humor en la televisión? ¿Hay carencia de humor?
Hay gran carencia y no sé porqué, no entiendo.
¿Hay talento?
Sí, talento hay. Pero no sé porqué no se está produciendo.
Considero que ahora hay una mala interpretación del humor; hacen un programa periodístico y hay alguien en el elenco que creen que tiene humor y es el humorista del equipo, y a partir de ahí hacen cosas para teatro y para todos lados, pero no es eso el humor.
Y ahí también se ve el papel que juega la mujer.
¿Cuál es el lugar que ocupa la mujer?
La mujer en el único lugar en el que está es en el periodismo.
¿Hay mujeres que hacen humor?
-Sí, hay, porque de mi generación hay muchas y siguen enteras: Laura Sánchez, Silvia Novarese, Emilce Viñas, Pelusa Vera, y también chicas más jóvenes como Vicky Rodríguez.
¿Será que es el tiempo del periodismo?
Si me rpeguntás tiempo de qué es, no lo puedo definir.
Y en el futuro, ¿tampoco te imaginás qué tiempo va a ser?
Tampoco. Y eso me pone triste porque después de tantos años no te dan un lugar en la televisión de tu país. Es muy triste.
Ahora tengo una edad media y creo que tengo cosas para volcar en un programa y cosas para seguir aprendiendo, y sin embargo te quedás con todo ese deseo y esa energía adentro.
Temporada sobre las tablas
¿Cómo ves al teatro actualmente?
El teatro está en momentos muy difíciles. Las temporadas se están acortando mucho. Yo pertenezco a una época en donde estrenabas una obra en mayo y la bajabas en octubre.
Ahora después de las vacaciones de julio los espectáculos para niños no funcionan y las obras para adultos son hasta octubre.
¿Todo eso es lo que hace que no puedas vivir del teatro?
Claro. Yo soy municipal desde hace 30 años. Quizás en algún momento hubiera podido vivir del teatro, pero ahora ya no.
No tomé la decisión cuando medianamente me iba mejor; ahora es un momento muy difícil, no veo puertas abiertas, no veo que nos valoren.
¿La gente te estimula?
Yo sería muy ingrata si dijera que el público no me valora. A mí lo que me hace pensar en los proyectos que puedo tener es la gente, nada más que la gente.
¿Cuántos años tenés de trayectoria?
Empecé cuando salí de la Escuela de Arte Dramático; a los 29 empecé en Decalegrón y tengo 51.
Fueron muchos años de mucho laburo. Trabajé con mucha felicidad y con mucha ingenuidad.
¿Qué personaje hiciste recientemente?
En «Carballos Inn» tenía un personaje que se llama «Coco». Era un varón que pensé que iba a ser mal recibido, pero no fue así. Porque muchas veces cuando se ve a una mujer vestida de hombre, se dice: «Ay, no me cabe», pero fue bien aceptado.
¿Tomaste alguna referencia para hacer ese personaje?
Este personaje es de otra obra de teatro de años atrás. A «Coco» no lo saqué de ningún lado. Nunca me inspiré en ninguna actriz, ni cuando era chica. Queda feo decirlo pero no. Sí admiro profundamente a Liza Minelli, pero no tiene nada que ver con lo que yo hago.
Creo que parte de mi trabajo es muy espontánea y la espontaneidad no la aprendés, ya viene contigo y ni cuenta te das.
Luego con el tiempo te das cuenta de que tenés esa condición natural de improvisar.
Me doy cuenta cuando hago espectáculos de personajes en despedidas de solteras, casamientos, lanzamientos de productos o, como ahora, que vienen las fiestas de empresas de fin de año.
¿Te gusta hacer eso?
-Sí, lo hago desde hace 20 años. Es difícil. No existe labor más difícil.
¿Por qué?
Porque en el teatro la gente saca la entrada para verte; en la televisión la gente deja el canal porque le gustás; en la radio sintoniza porque le gustás, pero en una fiesta de diez o de diez mil personas no le gustás a todo el mundo.
En esas fiestas tenés los primeros minutos para demostrarle a la gente que estás ahí y para llamar la atención, sino perdiste. Es una adrenalina impresionante.
¿Cómo son los shows?
Mis espectáculos son interactivos, yo también me río, pero siempre les aclaro que no es para reírme de ellos sino para reírnos todos juntos.
Lo más importante es reírme de mí y ser muy observadora; acaparar la atención de la gente es muy difícil porque se puede lograr o no.
Realidad
Por momentos se te escucha hablar y queda como un dejo amargo después de tantos años de laburo. ¿Qué queda de bueno?
Lo que queda es la gente y trabajar en esto que es hermoso.
Y las ganas de buscar otros lugares para irte. Oportunidades que perdí en su momento.
-Y ¿hoy sí te irías?
-Sí.
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