LOS HOMBRES DE LA CLASE
Daniel
En el centro, entre las mujeres, Daniel ocupa el segundo lugar después de Rosa. Antes había cargado el televisor con el cual la maestra apoya sus clases emitiendo el video de la clase pregrabada del programa Yo sí puedo. A falta de unas pocas clases para terminar el curso, Daniel escribe su nombre. Puede más que eso y la maestra parece exigirle como a Rosa. Daniel dice estar «muy contento», algo que se nota desde su concentración silenciosa, su precisión milimétrica para escribir cada letra.
Mario
Al Plan de Alfabetización en la Escuela 110 concurren más alumnos, que por una razón u otra, el día de la visita de LA REPUBLICA no pudieron estar presentes. Sí lo hizo Mario, un albañil, que llegó unos veinte minutos después de la hora indicada para comenzar la clase. Mario quedó relegado en el salón detrás de Daniel, pero se puso a ritmo con lo que había indicado a sus compañeros la maestra Nair. «Había querido estudiar y nunca pude», explica casi en silencio, ahorrando cada palabra. Si de palabras hablamos, su cuaderno estaba lleno de ellas. «Creo que es algo muy bueno para todo, para poder seguir adelante en la vida», dice golpeando su lápiz suavemente en el borde de la mesa. Mario, luego de la breve charla que tuvo con LA REPUBLICA, siguió en lo suyo, escribiendo y leyendo, una causa común de estos estudiantes.
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