De la emergencia a la equidad. Ciudadanos como sujetos de derechos

Mirza: "¿Quién dijo que los pobres no tienen derecho a tener celular?"

Apesar de la humedad calurosa de la tarde, los ventanales de la oficina de Mirza permitían disfrutar una buena vista del magnífico monumento El Gaucho.

Aunque a nadie debería sorprender ya, son escasos los acondicionadores de aire. Y muy pocos son los despachos y los muebles de oficina. La austeridad es el distintivo.

Mirza es asistente social, egresado de la Universidad de la República en 1986, y desde 1998 ha sido profesor e investigador en el Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales.

En el Mides ocupa la Dirección Nacional de Políticas Sociales. Su tarea básica consiste en coordinar. Ejecutar no es su tarea.

En mangas de camisa, pero con corbata, recibió a LA REPUBLICA con sencillez y espontánea sinceridad. «¿Quién dijo que los pobres no tienen derecho a celular?», se pregunta, y se repregunta: «¿Alguien critica cuánto whisky toma la clase alta?». Convencido del poder simbólico y cultural de los bienes de consumo, defiende la libertad de compra de los beneficiarios y rechaza ser calificado de asistencialista.

 

La misión del Mides

­Mucha gente ignora lo que se hace en este edificio enorme. Qué tal comenzar por una definición: ¿para qué sirve el Mides?

­A veces es más fácil definir por la negativa; decir lo que no es. Podríamos decir, por ejemplo, que el Mides no es un almacén de ramos generales en donde uno va y encuentra de todo, y menos un almacén al que uno va y encuentro de todo y por eso sigue yendo y pidiendo de todo. No. Tampoco es el ministerio de los pobres. No es un ministerio que trabaje exclusivamente con los pobres, ni sólo con sectores de extrema pobreza y vulnerabilidad, sino que es un ministerio que está pensado y fue diseñado para articular y coordinar las políticas públicas que tengan incidencia social. Esa es su misión clave; nada más… ni nada menos.

 

­¿El Mides tiene una visión, digamos, policlasista?

­Las políticas sociales abarcan y están dirigidas a toda la sociedad.

No pueden limitarse a cubrir a un único sector. Abocarse a un solo sector es una visión falsa o equivocada: no hay distinción de clases cuando hablamos de las necesidades de los niños, los ancianos o las mujeres. Claro que además hay políticas específicas para ciertos sectores que están en un contexto social de extrema vulnerabilidad.

 

­¿Hay una visión estratégica integral de toda la sociedad?

­Hay políticas sociales que son sustantivas: salud, vivienda, educación, seguridad social y trabajo. Pero también hay otras políticas para facilitar el ejercicio de los derechos ciudadanos. Un ejemplo: una niña de un hogar en situación extrema de vulnerabilidad no está en condiciones de aprovechar todo lo que ofrece la escuela pública. Puede ser, sin ir más lejos, que sus compañeros estén mejor alimentados. Para casos como ese hay un programa, los llamados Maestros Comunitarios, que apoyan a niñas y niños de escuelas de contexto sociocultural crítico para evitar la deserción temprana, en primer lugar, para luego mejor su rendimiento curricular en clase, y por último frenar y abatir los índices de repetición escolar en estos niños. Así es la aplicación de una política focalizada, desde un enfoque de subsidiaridad; es decir, es una política focalizada, complementaria de una política universalizada. Luego se profundiza con la familia de los niños y con los maestros y educadores.

 

­¿Por qué se piensa que el Mides es un almacén de ramos generales? ¿Es sólo un problema comunicacional? ¿O falencia en la información de lo que se hace?

­Creo que se debe a que el Ministerio tuvo como primera misión la tarea de aplicar el Panes, el Plan de Atención Nacional de Emergencia Social. Fue una asociación muy fuerte de ideas: Panes es igual a Mides, y Mides es igual a asistencia social. Además se confundía el Panes con el Ingreso Ciudadano, olvidando que el Plan de emergencia estaba conformado por un conjunto de componentes. Es más: hay gente que no sabe que el Panes terminó en 2007, antes de comenzar la aplicación del Plan de Equidad. Y hay quienes piensan que lo único que hace el Mides es dar dinero a los pobres sin ocuparse de ninguna de las políticas sociales universales.

 

­Recién sesionó el Consejo Nacional Coordinador de Políticas Sociales. ¿Fue un día de balance de la aplicación del Plan de Equidad?

­No. La evaluación y el seguimiento continúan. El Plan de Equidad es de todo el gobierno; no sólo del Mides. Lo que cambió es que antes se trataba de un plan de emergencia para atender la vulnerabilidad social extrema, y ahora podemos trazar políticas para toda la población, aunque seguimos priorizando a los sectores con una situación de pobreza mayor. La diferencia es que el Panes sólo cubría a los más pobres; ahora ya podemos aplicar las políticas más amplias y abarcadoras.

 

­¿Qué dice a los que critican que el Mides da dinero a los que no quieren trabajar?

­Es una idea forjada por sectores sociales interesados en perpetuar ese prejuicio, y también es idea de quienes desconocen lo que se hace en el Mides. Pero creo que hay concepciones de clase muy claras: algunos dirigentes como Larrañaga o Lacalle expresan su punto de vista de clase. Hay intencionalidad y menosprecio de clase. La prueba en contrario es que la gente siempre busca y exige trabajo.

 

­¿Esa perspectiva de clase es la que considera inútil alimentar a los pobres?

­Sí. Pero además, son puntos de vista de clase a los que les interesa mantener la aplicación de las políticas clientelísticas y paternalistas de las décadas pasadas; en definitiva, políticas que miraban a los ciudadanos como objeto de la compasión y la asistencia pública, y nunca como sujetos de derechos. Ese es el cambio más fundamental de concepción que está en el país, desde el 1º de marzo de 2005, en toda materia respecto a la aplicación de políticas sociales en el Uruguay presente. Es que un sujeto de derechos no puede ser manipulado en su voluntad ni menos ser adormecido en su conciencia. La promoción humana no es asistencialismo. Y cuando dicen que nuestras políticas hacen que la gente termine reclamando y exigiendo más, nosotros les decimos: qué bueno, qué suerte, ¡eso queríamos! Eso es construcción de ciudadanía. Esa crítica confirma que estamos en buen camino.

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