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LAS TARDES DE MATINE

Aparecían las carcajadas con Buster Keaton y Chaplin, las aventuras del vaquero Tom Mix y el miedo con Bela Lugosi. Con el paso de los años esas «tardes de matiné», como empezaron a llamarlas los vecinos, llegaron a todos los barrios. Con el espectacular nacimiento del cine sonoro aparecieron los biógrafos. Y la muchachada acompañada por tíos y abuelas hicieron un rito dominguero del hábito cinematográfico. La sala colmada de bullangueros espectadores que zapateaban y gritaban: «¡Cuadro, cuadro!» cuando saltaban los rollos en una cabina donde estaba un señor al que le decían «el operador». Tardes de masticar maníes y pisar las cáscaras que crujían contra el piso. Ruidos típicos del papel de la panadería donde se traían envuelto los bizcochos. Por la calle Sierra había tres salas, El Miami, y casi pegados, El Victoria y El American. Los vecinos de ese viejo Cordón antes de entrar compraban los «corazanes» y los «ojitos», también medialunas en la panadería de Don Bottarini, pegada al puente de Galicia y también La Camelia, con sus ricos «polvorones», en Sierra y Miguelete. Por la calle Garibaldi, los vecinos de Jacinto Vera eran locatarios en El Ateneo y El Edinson, lo mismo en el enorme Roi de Bvar. y Garibaldi. Cuando se inauguró la panadería El Pinar, los espectadores que concurrían al Edinson que estaba al lado hacían grandes colas y entraban al biógrafo con ricas «tortuguitas» de fiambre. Masticaban muy nerviosos mientras en la pantalla Peter Lorre hacía de las suyas. Esas matinés barriales siempre empezaban a las 13 horas y si tenían tres películas terminaban a las 18 pero si contenían una cabalgata de 5 filmes, la panzada de biógrafo y bizcochos llegaba hasta pasadas las 8 de la noche. Por la Unión se destacaron El Intermezzo por 8 de Octubre y Comercio con la panadería Lavalleja casi pegadita. En El Glucksman y El Capitol muchas veces llegaron a organizar rifas de postres de La Liguria para ayudar a los viejitos del Piñeyro del Campo. Siguiendo por 8 de Octubre, casi Centenario, estaba El Trafalgar y en la cercanía de la iglesia Tierra Santa, estuvo el popular Metropol. Los vecinos de Goes estaban muy orgullosos de El Lutecia que los domingos de mañana también daba el llamado «Cine Baby» con muchos dibujitos que apenas terminaban y salían los pequeños, empezaba la matiné. Aventuras de Roy Rogers y El Llanero con bochincheras barras comiendo bizcochitos de La Platense. Por Gral. Flores casi Lorenzo Fernández estaba El Astral que se hizo famoso por pasar casi siempre películas de Tarzán y de Jim de la Selva. En El Arizona, por Villa Dolores, en una matiné llegaron a dar el polémico filme «La Cortina de Hierro» que en su estreno en el Trocadero se armó bruto escándalo con bombas de alquitrán contra la pantalla y gente presa. Pocitos y Punta Carretas tuvieron su matiné en El Casablanca que en su función nocturna posterior se daba el lujo de pasar siempre un estreno traído de las salas del centro. Por El Mundial, en Millán y Asencio, además de películas se podían disfrutar tremendas guerrillas de pelotitas de papel que el pobre acomodador jamás pudo apaciguar. También el jolgorio de aquellas matinés fue grande por La Teja y el Paso Molino en El Alcázar de Agraciada y Zufriategui y El Copacabana. Fred Astaire zapateando, Angel Mañana le da un beso de novela a Olga Zubarry y aventuras con piratas y corsarios sanguinarios que pelean con «el muchachito» en el recordado biógrafo Maracaná de Malvín. Imborrables tardes de la matiné. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.

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