Descendiente español de Artigas. "Esto no se puede contar, esto hay que vivirlo"

"Estar con el ‘prójer’ fue emocionante"

«Desde siempre supe que tenía parientes Artigas en Uruguay. Yo soy del pueblito Puebla de Albortón, muy pequeño (140 habitantes), a 40 kilómetros de Zaragoza. Recuerdo que cuando estaba en la escuela iba gente de Uruguay, porque tenemos un busto del prócer, allí en el pueblo. Salíamos de la escuela y nos sacábamos fotos con ellos», dijo Sergio Artigas, un hombre de 40 años que habla y gesticula rápido. A su lado está el alcalde Jesús Narval, amigo de su infancia.

«Siempre me dije que algún día estaría en Uruguay y aquí estoy, hombre», manifiesta levantando una copa de cerveza. «Venimos de estar con el ‘prójer’ con esa inmensa figura que tienen ahí» en la Plaza Independencia.

«Lo que se siente es espectacular. Me emociona de más, porque nosotros no estamos acostumbrados a como nos trataron aquí. Esto no se puede contar, esto hay que vivirlo».

Mientras come una buena pulpa ­propia del bar Las Flores­ bien regada con cerveza, asegura que «nunca nos imaginamos, allá en Zaragoza, lo que hemos visto en estos días. No se puede decir con palabras: los uruguayos son un pueblo muy parecido al nuestro, somos hermanos, pero tienen ustedes un corazón tan grande, que nos ha permitido sentirnos mejor que en casa».

Por eso, añade, «tenemos que agradecer al intendente Oscar de los Santos, que cuando vino con el amigo diputado de la 738 Pablo «Yuyo» Pérez y el profesor Gabriel Di Leoni a Puebla de Albortón, hace un tiempo, nos invitaron a estar acá».

Jesús confiesa que de Artigas «sabía prácticamente nada, solo teníamos un busto, allí, donde iba algún uruguayo que se da una vuelta por el pueblo y se va». Allí está el solar donde nació el abuelo de José Gervasio Artigas: «Esperamos que con la ayuda del gobierno de Uruguay, del intendente y de todas las autoridades de Maldonado, del gobierno de Aragón y de España, podamos crear un espacio nuestro que sea de uruguayos y españoles para hacer un centro de encuentro para que nos permita hermanar más las culturas». «Vamos a crear una página web con la figura de José Gervasio Artigas», agrega.

 

Emoción

Dos horas después de un largo almuerzo que se prolongó hasta los primeros momentos de la tardecita, llega el final. Juan Carlos, el propietario de Las Flores, a quien días atrás se le había muerto Genaro, un gallego piola y solidario, se acerca a la mesa y les entrega a los hermanos españoles un artesanía de un vecino que tiene el rostro de José Artigas, que se gana la vida haciendo arte con sus manos.

Artigas, el español, y su amigo, se paran y quedan en silencio. Son segundos, pero parecen horas. Se estrechan la manos. No hay palabras para hacer sentir un momento especial. Las hay: la gente pude llegar a quererse, cuando tiene historias comunes.

Sergio rompe la emoción: «Déjanos tomar un bocado, que son demasiadas emociones». «Así habla un Artigas», dijo alguien. Y todos brindaron.

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