A preparar la comida
«Acá es un gusto trabajar», dice Noelia Corujo, auxiliar de servicio de la enorme cocina de la escuela 371. Allí los niños concurren a desayunar, almorzar y merendar. Unas ocho personas trabajan cada día en ella. Se invierten diariamente unos 120 litros de leche, 400 pancitos y dos kilos y medio de cocoa para que los escolares cuenten con un desayuno y una merienda digna.
«Hoy comimos pasta», dijo Corujo, que consideró que «es de los mejores lugares donde se puede trabajar». La funcionaria contratada expresó: «Yo había trabajado en Secundaria, pero venir acá y estar con los gurises me llena de alegría. Verlos ahí y que te den su amor eso es lo mejor que hay».
La escuela 95 tuvo que utilizar un aparente salón de actos para ubicar su comedor. Ese mismo salón tiene un piano, algunas carteleras y poca luz. En la merienda, dos jarras de plástico con leche y cocoa y una bandeja de pan con dulce de leche aguardan en cada uno de los salones de clase, momento en que los niños dejarán los útiles (incluyendo las computadoras del Plan Ceibal) para comer.
En ambos centros se brinda la copa de leche, con la diferencia de que en la escuela 371, al ser de tiempo completo, los alumnos reciben también el almuerzo.
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